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Papel de la formación

Consecuentemente con lo ya expuesto, un número cada vez mayor de alumnos que han abandonado la escuela entran cada año al mercado de trabajo, en busca de un empleo asalariado en los sectores modernos de la economía, para encontrar que, en realidad, estos empleos no existen. El empleo asalariado en el sector moderno, sumamente concentrado en sectores no agrícolas, es privilegio de menos de un 10 % de la población económicamente activa de la región. En algunos países africanos cada año hay más personas que se incorporan a la fuerza de trabajo que el número total de empleos asalariados en los sectores antes citados[230].

Más aún, los problemas del desarrollo africano se caracterizan en muchas ocasiones por la limitada utilización del potencial productivo y basicamente de los recursos humanos. Esto se refleja en un menor rendimiento de las empresas y en benefícios tan escasos como irregularmente distribuidos en el sector agrícola, lo cual obliga a los campesinos (tanto hombres como mujeres) a enrolarse en actividades económicas no directamente relacionadas con la agricultura, en sus intentos de supervivencia. El aumento de los niveles de ingreso y de productividad pasa a convertirse, por lo tanto, en la prioridad fundamental para la mayoría de los gobiernos. Si bien la formación no crea puestos de trabajo, puede al menos contribuir a solucionar el problema del desempleo. Sin embargo, ¿en que medida la formación cumple este papel?

A diferencia de la educación, los sistemas nacionales de formación tienden a ser relativamente descoordinados y hetereogéneos, incluyendo una amplia y compleja gama de actividades - (tanto formales como no formales) - patrocinadas por los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y otras agencias. En principio, preparan a la gente para todo aquello que tiene que ver con la generación de ingresos y de empleo así como, en general con un aumento en su nivel de vida.

Sin embargo, el impacto de los talleres de formación se ve reducido, en gran medida, por su poca efectividad a la hora de encajar con los requerimientos del mercado de trabajo, por su limitada covertura y por su incapacidad para satisfacer las necesidades de grupos específicos, como por ejemplo, las mujeres[231]. Tradicionalmente, la formación ha venido adaptándose a la preparación de egresados para su empleo en los sectores modernos de la economía. A pesar del hecho de que nueve de cada diez jóvenes africanos que entran actualmente al mercado de trabajo deben crear su propio empleo, la formación aún siguen promoviendo aspiraciones por empleos de cuello blanco. La reorientación y reestructuración para que los sistemas de formación se ajusten a las nuevas demandas enfrentan grandes dificultades.

Como consecuencia de ello, son muy pocos quienes tienen acceso a un sistema formal de educación vocacional y formación. El porcentaje promedio de estudiantes técnicos y vocacionales en la escuela secundaria ha sido estimado en un 5 por ciento. Considerando que las tasas de inscripción en la misma se sitúan bajo el 20 % en la mayoría de los países del área, la cobertura final es asímismo extremadamente limitada (menos del 1 por ciento)[232]. Las dificultades de acceso pueden ser atribuídas en parte a una falta de recursos y a los altos costos asociados con el sistema formal de educación y formación vocacionales. Con todo, la formación tiende a tener menos demanda que la educación general, considerada todavía como la más idónea a la hora de encontrar un trabajo seguro y, por qué no, un empleo de cuello blanco.

Observando la brecha sexista característica de estos sistemas educativos, por un lado y el alto porcentaje de mujeres que hacen abandono de sus estudios, por otro, podría afirmarse que la formación representa un medio importante para nivelar las oportunidades laborales entre hombres y mujeres. Desgraciadamente, sin embargo, la provisión de dicha formación suele funcionar, al igual que sucede en el sistema educativo, de forma que perpetúa las desigualdades mencionadas en lugar de reducirlas.

[230] ILO, 1988:6

[231] ILO, 1988:16

[232] ILO, 1988:18



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