
Aunque el empleo de la mujer en Africa no ha sido aún suficientemente cuantificado, entre 1970 y 1990 puede observarse una caída del 40 al 38 % en la participación de la mujer respecto al total de la fuerza del trabajo. El deterioro en el empleo de la mujer podría atribuirse a cambios estructurales experimentados en multitud de países que han tenido como resultado un acentuado declive de los sectores de subsistencia - (en los que tiende a concentrarse el componente femenino) - comparado con un aumento en los sectores industriales y a una combinación de políticas de austeridad, una contracción del sector público como mayor fuente de empleo y unos menores resultados en el sector informal de la economía, principalmente el comercio.
Entre 1970 y 1985, el sector moderno creó únicamente alrededor de 3 millones de empleos destinados a la mujer, mientras que la fuerza de trabajo femenina en el sector agrícola descendió en 5,5 millones[216]. A pesar de este hecho el sector agrícola continúa siendo el que más posibilidades laborales ofrece a la mujer en muchos países donde la fuerza femenina del trabajo gestiona la mayor parte de la producción alimentaria, de la que un 60 % se consume en los hogares rurales. Los sectores informales ocupan el segundo lugar en la absorción del trabajo de la mujer, con tasas de empleo que mantienen un crecimiento medio de más de un 6 por ciento anual. Sin embargo, al igual que en los sectores formales, los informales se caracterizan por una segregación sexistas que relega a la mujer al pequeño comercio, a la artesanía y al procesamiento y venta de alimentos en pequeña escala.
Si bien la participación de la mujer en el empleo asalariado ha venido aumentando en una proporción anual del 10 % entre 1970 y 1985, representa todavía una escasa proporción (un 19 %) del empleo total en el sector moderno (un 25 % del total de la fuerza del trabajo)[217]. Aunque existen variaciones entre los distintos países, las mujeres tienden a concentrarse en el sector de servicios tanto comunitarios como sociales o personales. En materia de ocupación, permanecen en los niveles inferiores de la jerarquía ocupacional, siendo una excepción las mujeres que desempeñan puestos de gestión, administración o niveles técnicos superiores. En torno a un 85 % de las mujeres empleadas ocupan trabajos no cualificados.
La disparidad sexista en la educación y en la formación es la que ha contribuido mayormente a una situación de desigualdad en el mercado laboral (por razones que discutiremos posteriormente). A pesar de esto, la educación y formación vocacionales ofrecen suficientes oportunidades para corregir estas desigualdades. A este objetivo deben dirigirse, sin duda, las políticas y programas correspondientes.
[216] ILO, 1961:66
[217] Ibid:72