
El síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) es una enfermedad de larga duración que se manifiesta en debilitamiento físico y que tiene efectos desvastadores a nivel emocional y económico, tanto para la víctima como para su familia. La mayor parte de las personas afectadas por el SIDA son jóvenes o adultos en plena edad laboral[213]. Tanto el SIDA como la completa gama de enfermedades asociadas con la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), han pasado a constituir uno de los mayores problemas de salud en el mundo, tanto a nivel global como nacional. Estimaciones de la OMS señalan que la enfermedad seguirá propagándose y aún incrementándose durante esta década. Las áreas geográficas afectadas se expandirán, alcanzando regiones hasta ahora no infectadas. En los países donde la enfermedad es ya prevalente se extenderá hacia sectores de la población que no habían sido tocados, incluyendo a los niños y a las poblaciones rurales. Como los estudios de esta enfermedad se remontan a pocos años, no se sabe cuantas de las personas infectadas con HIV adquirirán los síntomas del SIDA. Según estimaciones actuales se piensa que estas pueden alcanzar el 50%[214]
En Africa, a fines de la década de los 80, la epidemia de SIDA y HIV azotó con especial saña a Africa del Este y Africa Central, para extenderse luego hacia Africa del Sur y Africa del Oeste. Se ha estimado que el Africa Sub-Sahariana hay 5 millones de adultos que son HIV positivos y un modelo acumulativo utilizado por la OMS señala que a fines de 1990, el número de sidáticos entre los adultos es de 700.000 casos a los que hay que agregar 400.000 casos pediátricos. El modelo estima que en 1992, el total acumulativo alcanzará alrededor de 1.5 millones de muertes por SIDA, de los cuales aproximadamente 1.000.000 corresponde a adultos y 500 000 a niños. Mientras que en los adultos la transmisión del SIDA es sexual, en los niños es perinatal. En 1990, la OMS estimaba que en Africa una mujer sobre 40 estaba infectada con VIH, contra una sobre 500 en América del Sur y 1 sobre 700 en América del Norte. Debido al número creciente de mujeres infectadas, la infección perinatal pasará a ser un problema mayor de salud en el Africa-Sub-Sahariana. Se prevee que de aquí al ao 2000 habrán alrededor de 10 millones de nuevos casos de transmisión perinatal.
El SIDA y HIV presentan una peculiaridad en Africa en lo que a género se refiere: esta consiste en que afecta en la misma proporción a hombres y mujeres sexualmente activos. En el Mundo Occidental, por lo contrario, la infección masculina tiene una gran preponderancia por sobre la femenina, en una proporción que varia entre 15:1 hasta 10:1[215] La explicación a este fenómeno es que en Africa prima la transmisión heterosexual del virus. La edad media de las mujeres infectadas por el SIDA es más baja que la de los hombres. Todos los estudios epidemiológicos realizados muestran una prevalencia de la enfermedad en el grupo de edad que va de los 15 a los 24 años, lo que podría explicarse, al menos en parte, por el hecho que las mujeres se casan a una edad más temprana que los hombres.
Las prostitutas constituyen el grupo más afectado por la epidemia. Un estudio serológico de mujeres prostitutas en las aglomeraciones urbanas más importantes de Africa del Este y Africa del Sur, a mediados y fines de la década de los 80, mostró que entre un 50% y 80% de ellas era HIV positivo. En Nairobi la tasa de infección ha pasado del 4% en 1984 a 61% en 1988. La mayor incidencia de enfermedades transmitidas sexualmente probablemente ha incrementado su vulnerabilidad. Se cree que las ulceraciones genitales y la infección genital produida por una bacteria "chlamydia trachomatis", que produce una alteración epitelial, favorece la penetración del VIH. Asimismo las enfermedades transmitidas sexualmente aumentan el número de glóbulos blancos en el aparato genital; como el VIH infecta estos glóbulos, su incremento numérico aumenta los riesgos de contaminación. Existen evidencias de este tipo de enfermedad en Africa del Este y Africa Central, que se traducen, como es sabido, en elevadas tasas de esterilidad.
Otro estudio, citado por D. Sanders y A. Sambo hace notar la relación que existe entre el estatus social de las prostitutas y las tasas de infección. Señalan que un estudio realizado en Nairobi arrojó cifras de un 66% de infección para prostitutas de nivel socio-económico bajo y sólo de un 85 en las de un estrato más alto. Esto lo han explicado diciendo que las primeras prioritizaban el incentivo económico por sobre la seguridad derivada de la protección por el uso del condón y que probablemente estaban menos capacitadas para exigirlo.
[214] U.N.: Global Outlook 2000, op. cit.
[215] James Chin, 1991: The Epidemiology and Projected Mortality of AIDS,p.203-213, The World Bank, op.cit.