
La decisión de dejar atrás hogar y raíces no constituye, como en el caso de la migración, un esfuerzo más por encontrar mejores condiciones de vida, sino que se presenta como un imperativo frente a una situación que no ofrece alternativas. El camino hacia el exilio está muy frecuentemente plagado de peligros y otro tanto sucede con los capos de refugidos que los acogen. El "Economist" [185], bajo el título de "Horror en los Bosques", ilustra las vejaciones que sufren las mujeres somalies en los campos de refugiados kenyanos tanto por personalde los campos como por bandidos somalies. Algunas son atacadas y violadas cuando van por leña, por agua o cuando salen a pastorear las cabras. Otras son robadas y vejadas en sus propias tiendas durante la noche, extendiéndose la violación aún a niños pequeños. Mujeres infibuladas, según la práctica somali, son cortadas a cuchillo antes de la violación.
Más de la mitad de los refugiados del mundo depende de la ayuda internacional para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, abrigo, agua y cuidados sanitarios. La mayor causa de mortalidad en los campos de refugiados es la desnutrición, que afecta entre un 10 y un 15% de los niños menores de 5 años y en algunos casos llega hasta hasta un 30%.[186]
[184] Susan Forbes Martin, 1991: Refugee Women. ZED Books Ltd. New York & New Jersey
[185] The Economist, Oct 23rd-29th 1993
[186] Susan Forbes Martin, ibid, pag 37.

