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MUJERES JEFAS DE FAMILIA

Patricia Bifani

Los hogares que cuentan con una mujer como jefe de familia están siendo cada vez más numerosos en Africa Sub-Sahariana. Las causas de este fenómeno pueden encontrarse en la disolución de las familias debido a las guerras o hambrunas; en el éxodo de los hombres empujado por la demanda de mano de obra masculina para trabajar en los cultivos comerciales de exportación y por la emergencia de puestos de trabajo asalariado en las ciudades, que se ha traducido en una corriente migratoria rural-urbana principalmente masculina. A ello se añade la escasez de tierras que impulsa al hombre a buscar nuevas posibilidades de trabajo. Otras causas pueden encontrarse en la disolución de la unión marital: viudez, divorcio, separación o deserción. Las madres solteras constituyen asimismo jefes de familia potenciales. Esta última categoría es muy frecuente en las áreas rurales caracterizadas por una fuerte migración masculina y marginalidad económica. Por ejemplo, en Bostwana el 80% de las mujeres solteras bajo los 25 años tiene hijos. Algunos de estos nacimientos tienen lugar en condiciones de inestabilidad tanto económica como de residencia, situación típica de los trabajadores asalariados migrantes

[175]. Entre un grupo de madres solteras entrevistadas en Gana, Nigeria, Burkina Faso, Camerún, Bostwana, Zambia, Mozambique y Uganda, éstas manifestaron su deseo de mantenerse solteras, a veces para evitar la poligamia, en otros casos para conservar su libertad o porque no pueden confiar en el apoyo económico de sus parejas.[176] Los hogares encabezados por mujeres han sido siempre comunes en sociedades que practican la poligamia y la separación de residencias entre esposas y donde los divorcios han sido frecuentes y fáciles de lograr.

En algunas regiones donde es habitual la migración masculina estacional o por largos períodos, las mujeres jefas de familia alcanzan el 50% de los hogares. En Lesoto, por ejemplo, un 60% de los hombres entre 20 y 44 años están empleados en las minas en Sud-Africa[177]World Bank, Washington D.C. . Africa del Sur es la región que cuenta con la mayor cantidad de mujeres jefe de familia: 40 a 60 % en Lesoto, 43% en Bostwana y 35% en Swazilandia[178]. E. Gordon[179], refiriéndose a Lesoto, cuenta que en este país los hombres cruzan la frontera dejando mujeres e hijos en las aldeas y ciudades de su país natal, ya que no les está permitido hacerse acompañar por la familia. Al cabo de dos años, según la legislación sud-africana, los trabajadores deben regresar a Lesotho, al menos por un período de tiempo. Se ha estimado que un hombre adulto pasa la mitad de su vida laboral hábil trabajando en Sud-Africa, lo que significa que está ausente durante una gran parte de los años críticos de su matrimonio y crecimiento de sus hijos. La naturaleza del impacto de esta migración llamada oscilante sobre la familia no ha sido suficientemente estudiada. Por una parte, se supone que en algunos casos constituye una fuente de emancipación para la mujer, que no sólo se hace cargo de sus hijos sino de los bienes del marido ausente, tomando tanto decisiones cotidianas como de largo plazo, que el marido debe aceptar a su regreso. Otras observaciones muestran a mujer sobrecargada de responsabilidades concernientes a la familia, al ganado y a los campos, pero señalan asimismo que el marido retiene poder sobre las decisiones importantes, dejándole a ella la tarea de implementarlas. Estudios realizados por Gordon en Lesotho indican que las esposas de los trabajadores migrantes enfrentan situaciones difíciles, pero que es poco probable que puedan contar con la ayuda de los hombres de la comunidad, ya que lo de la migración hace que el pueblo está practicamente desprovisto de hombres capacitados para trabajar.

Puede decirse que hay basicamente dos patrones de hogares encabezados por mujeres: la jefatura "de facto", donde el marido está ausente por largos períodos de tiempo y la mujer debe asumir las decisiones concernientes al hogar y al bienestar familiar, aun cuando suele recibir remesas del marido ausente; y la jefatura "de jure", que se da cuando la mujer es divorciada, viuda o madre soltera. Lesotho es un caso típico de jefatura "de facto". Las mujeres al casarse saben que deberán vivir su vida conyugal adaptándose a las migraciones cíclicas de su marido. Las migraciones laborales son tan habituales y generalizadas que se han convertido en un hecho del que no se puede escapar. Se ha señalado con frecuencia la jefa de familia "de facto" recibe una considerable ayuda y consejo por parte de la familia extensa, aunque no siempre los hechos parecen corroborar esta aserción; según observaciones de Due[180], es la mujer quien debe asumir enteramente la responsabilidad del hogar.

Los hogares encabezados por mujeres tienden a ser más pobres que aquellos que tienen un hombre a la cabeza. Entre los hogares rurales, los que están a cargo de una mujer son por lo general más reducidos y cuentan por lo tanto con menos mano de obra para realizar los trabajos agrícolas, en circunstancias que las faenas agrícolas son basicamente intensivas en el uso de mano de obra. Esta carencia se traduce en rendimientos más bajos, con un porcentaje más alto de la producción destinado al consumo interno y menos excedentes para la comercialización. Estos hogares tienen también menos acceso al crédito, con lo que ven limitadas sus posibilidades de contratar trabajadores o adquirir tecnologías ahorradoras de mano de obra[181]. Observaciones llevadas a cabo en Tanzania y Zambia comparando hogares encabezados por mujeres con aquellos donde ambos conyugues se hallaban presentes, evidenciaron claras diferencias en el acceso a los recursos productivos. Por ejemplo, el tamaño de la superficie cultivada, en la misma área variaba según se tratase de una u otra muestra: en Tanzania la superficie promedio cultivada en los hogares encabezados por mujeres era sólo un 54% de la superficie cultivada en hogares compuestos por ambos conyugues. El valor total de los cultivos comerciales era también más bajo, tanto en lo que respecta a las ventas como a los ingresos líquidos netos. La situación en Zambia era muy similar, observándose que la superficie cultivada por el primer grupo era un 43% de la de los segundos (ver cuadro).

Estudios realizados en Liberia, entre los Sabo, señalan que la incidencia de hogares encabezados por mujeres constituye un fenómeno de considerable importancia en la organización de la colectividad. En las aldeas Saboko, este tipo de hogares alcanzan al 20%. Las mujeres que se quedan en la aldea mientras los maridos se van, han cambiado los patrones de cultivo, pasando del arroz a la casava, debido a que este último está menos regido por la estacionalidad. Un cambio similar del plátano a la casava ha sido observado entre las mujeres agricultoras del este de Zaire. En Mauritania las mujeres jefe de familia han reducido los acres cultivados y entre los Sarakolle, los han transformado en áreas de pastoreo para el ganado[182]. En el caso de hogares rurales confinados a reservas, como es por ejemplo el caso de Africa del Sur, la migración de la mano de obra masculina hacia las minas y ciudades se ve agravada por el deterioro ambiental producido por el crecimiento poblacional de personas y ganado en un espacio restringido. Las labores agrícolas, a cargo de mujeres, niños y hombres de edad resultan también en una baja de la productividad.

El perfil de los hogares encabezados por mujeres depende basicamente de los patrones migracionales y de la estructura de la pirámide poblacional. Ello explica que en Africa y América Latina y el Caribe las mujeres jefe de familia tiendan a ser más jóvenes que en otras regiones del mundo: la mayoría de ellas cae en el grupo de edad de 25 a 44 años, es decir en plena edad reproductiva. En los países desarrollados, en cambio, los hogares encabezados por mujeres corresponden, en un gran porcentaje, a mujeres de edad.[183]

La composición de la familia encabezada por mujeres también difiere en los países desarrollados y en desarrollo. Mientras en los primeros los hogares en su mayoría están compuestos de una sola persona, en los últimos consiste en la mujer y sus hijos.

[175] Nadia H. Youssef & Carol B. Hetler, 1984: Rural Household Headed by Women, ILO, Geneva.

[176] Ibid, p.55

[177] Kevin Cleaver & Gotz Schreiber, 1992: The Population, Agriculture and Environmental Nexus in Sub-Saharan Africa. The

[178] Ingrid Palmer, 1985: The Impact of Male Out-Migration on Women in Farming, pp. 18, 26y 35, Kumarian Press, West Harford, USA

[179] Elizabeth Gordon, 1981: An Analysis of the Impact of Labour Migration on th Lives of Women in Lesotho, in African Women in the Development Process. Nici Nelson, Ed. Frank Cass, U.K.

[180] Jean M. Due,1991: Policies to Overcome the Negative Effects of Structural Adjustment Programs on African Female-Headed Households,p. 104, in Structural Adjustment and African Women Farmers,ed C.H. Gladwin, University of Florida Press, USA.

[181] Jean M. Due, p. 105

[182] Akin I. Mabogunje, p. 337, op. cit.

[183] U.N. The World's Women, p 18, op. cit.



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