Previo Siguiente Arriba Título Contenido

Factores Socio-Culturales, Religiosos y Económicos que inciden en la Fertilidad

El papel reproductivo de la mujer es tenido en alta estima en Africa sub-Sahariana, donde la fertilidad cumple un papel fundamental en la preservación de la organización social y económica tradicional, asegurando la continuidad del linaje y de los vínculos tribales. Los sistemas culturales y religiosos legitimizan esta necesidad atribuyendo a la fertilidad un valor de recompensa divina y considerándola como un símbolo de buen comportamiento. Dentro del sistema de creencias tradicionales un concepto esencial es el de sucesión de generaciones. Esta significa basicamente que los ancestros retienen su poder e identidad como miembros activos del linaje y su espíritu individual y el de su linaje sobreviven en sus descendientes. A menudo los niños reciben el nombre del ancestro que se ha encarnado en ellos. Es por esto que una acusación que se hace corrientemente a las familias que tienen pocos hijos es que debido a su escasa fertilidad impiden a algún ancestro su derecho a renacer, condenándolo así a una eventual extinción[143].

La fertilidad de la mujer determina, en gran medida, su posición dentro de la sociedad. Entre algunos grupos pastorales de Etiopía el número de hijos aumenta el prestigio de la mujer y le dá derecho a ser consultada por su espposo en materias económicas. Mientras más hijos tiene mayor es su autoridad sobre la gestión del ganado. Su condición de madre constituye asimismo una garantía para la vejez[144], Así como la fecundidad es símbolo de prestigio, la esterilidad puede ser vista como un castigo de los dioses o de los ancestros o como una maldición, lo que hacía que tradicionalmente la mujer estéril fuese repudiada. En algunas áreas rurales la creencia que la mujer estéril es responsable de su condición hace que ésta sea vista como una bruja, de la que hay que alejarse para que no contamine a otras mujeres o para que no cause la muerte de los niños. En algunas sociedades tradicionales la mujer estéril era enviada de vuelta a su familia de origen, donde también se la mantenía aislada de los niños y de las mujeres embarazadas: a veces era confinada a una casa en las afueras de la aldea. Pese a que esta actitud está cambiando, aún hoy, entre los Yoruba en las áreas rurales, cuando una mujer estéril muere es enterrada secretamente en un lugar aislado, y sólo asisten al entierro los familiares de sexo femenino; el marido no participa en la ceremonia[145]. Como señalan los Cadwell, se supone que la concepción de un hijo ocurre cuando un alma busca reencarnarse; la destrucción del futuro niño, a menudo explicada como un pacto con los espíritus del mal, se relaciona tanto con la esterilidad como con el aborto espontáneo y la mortalidad infantil. Es por esto que estos tres fenómenos son consirados como hechos similares, atribuibles a una maldición o al pecado, y que se diferencian sólo por el momento en que ocurren.

Aparte de la significación social de la fertilidad como mecanismo de continuidad del linaje, ésta tiene una significación económica: en las áreas rurales es muy dificil contratar trabajo asalariado y la mano de obra debe encontrarse en la familia u obtenerse mediante arreglos dentro del grupo de parentesco o la comunidad[146]. Los hombres adultos, cuando están disponibles, sólo cumplen un número limitado y específico de tareas. Por lo tanto la mujer depende mucho de la ayuda que le pueden proporcionar los hijos. Siempre en relación a la función económica de la fertilidad, Cleaver and Schreiber[147] señalan que un aspecto que merece ser investigado son los vínculos entre los sistemas tradicionales de tenencia de la tierra y las decisiones respecto a la fertilidad: la cantidad de tierra asignada a los miembros de la comunidad depende de su habilidad para cultivarla.

Dada la escasez de recursos agrícolas prevalente en Africa Sub-Sahariana, esta habilidad se identifica con la capacidad para movilizar fuerza de trabajo. En la mayoría de los casos se trata de trabajo familiar, y, más especificamente, del trabajo de mujeres y niños, lo que incentiva a la formación de grandes familias. Palmer, citada por FAO[148], siguiendo la misma línea de argumentación, considera que la disponibilidad de un gran número de hijos es la "única solución tecnológica" que poseen las mujeres agricultoras, en ausencia de tiempo, disponibilidad de fuerza de trabajo y de tecnologías ahorradoras de energía, para poder producir alimentos en forma regular. Al mismo tiempo los hijos son vistos como una red de apoyo con la cual los padres pueden contar, tanto en el presente como en el largo plazo. El alto valor económico que se asigna a los hijos se ve reforzado no sólo por la escasez de mano de obra, sino también por el deterioro de las condiciones ambientales, que aumentan la sobrecarga de trabajo agrícola. Esta presión recae sobre el grupo familiar y se refleja en el aumento de las tasas de ausentismo escolar durante los períodos de mayor actividad agrícola, y en general por las mayores tasas de abandono de los estudios. Los hijos, y particularmente las niñas deben dejar el colegio para ayudar a sus madres a cultivar predios cada vez más distantes e improductivos, y para recolectar leña y acareear agua de lugares cada vez más remotos.

[143] Cadwell & Cadwell, p. 416, op. cit

[144] Birgit Negussie, 1988: Traditional Wisdom and Modern Development, p210, op. cit.

[145] John C. Cadwell & Pat Cadwell, 1987: The Cultural Context of High Fertility in sub-Saharan Africa. Population and Development Review 13, Nº3

[146] Cleaver & Screiber, p. 21-22, op.cit.

[147] Claever & Schreiber,p.22, op. cit.

[148] FAO, 1992: Rural Women: The Closing Link Between Population and the Environment, p.2, ESD/P/ICPD.1994/EG.III/DN.1



Previo Siguiente Arriba Título Contenido