
La colonización, al producir una diferenciación del sistema económico, contribuyó a favorecer el involucramiento de las mujeres en actividades comerciales. La llegada de los europeos y de sus empresas y la introducción de la economía monetaria abrió nuevas posibilidades a hombres y mujeres deseosos de adquirir riqueza y prestigio a través del comercio. En el Africa occidental las mujeres ya tenían una larga tradición en el comercio, no sólo dentro de los límites de la aldea y de la comunidad, sino que eran renombradas por el comercio regional y de larga distancia. Esta experiencia facilitó su adaptación a las nuevas condiciones impuesta por el comercio colonial. En el Africa Central y Africa del Este, en cambio, la dedicación de las mujeres al comercio era menos prevalente y también más restringida al comercio local. Sin embargo entre algunos grupos étnicos, tales como los Kikuyo y los Luo de Kenya, las mujeres eran activas en el comercio e intercambio de alimentos y algunas llegaron a acumular grandes riquezas que acumulaban bajo la forma de ganado [137]. Diversos estudios señalan que la actividad empresarial de la mujer africana es muy dispar en lo que respecta al tamaño de la empresa, al volumen de ventas y a los beneficios obtenidos. Mientras que un extremo se agrupan las pequeñas comerciantes que trabajan para obtener un ingreso adicional que les permita subsistir, en el otro se encuentran empresarias poderosas, a veces individualmente mucho más exitosas que su contrapartida masculina. Tal es caso de las famosas "Mammas Benz" o "Reinas del Mercado".
Es habitual que los patrones de división del trabajo por sexos que se dan en la actividad agrícola y en el desempeño de labores domésticas se reproduzcan en la actividad comercial. Esto se observa, por ejemplo en los rubros comerciales adoptados por las mujeres, que en cierta forma constituyen una extensión de sus actividades codidianas de preparación de alimentos y fabricación de utensilios domésticos, utilizando destrezas aprendidas de madre a hija. Esto las ha llevado a vender comidas preparadas, frutas y vegetales, tubérculos, cereales, pescado ahumado, aceite, jabón, cerámica, etc, bienes todos que requieren de escaso capital para iniciar el negocio. Los hombres en cambio han preferido controlar el comercio de productos más elaborados y que requieren una mayor inversión de capital. La escala de producción ha sido también diferente, dejándose a las mujeres el comercio de pequeña escala y a los hombres las transacciones a una escala mayor. Un estudio realizado en Mali[138], en las aldeas Djenne y San, muestra que el comercio de las mujeres es una actividad casi marginal en los mercados, donde ofrecen pequeñas cantidades de productos, tales como una calabaza llena de cereal, un canasto de pescado ahumado, algunos tomates y manies, unos ovillos de algodón sin hilar. Los hombres tienen stocks visiblemente más grandes, que disponen en una mesa y almacenan en algun lugar cercano. Mientras que las mujeres llegan caminando a vender sus productos, que llevan sobre la cabeza, los hombres habitualmente emplean a algún joven que los trae en un carrito o en una carreta tirada por burros o bien transportan su mercancia por si mismos en una camioneta. El capital de los hombres tampoco es enorme y muy frecuentemente combinan la venta al detalle, especialmente de cereales, nueces de kola, cítricos y pescado, con la venta al por mayor. Al fín del día, alrededor de 2/3 de las mujeres se conforman con un volumen de ventas cercano a los US$4. Un comerciante hombre saca en promedio más de tres veces esa cantidad, cifra alcanzada sólo por un 1% de las mujeres. Este "pequeño comercio" de las mujeres dice relación con la profesionalización de la actividad y el tiempo dedicado a ella. En ambas aldeas muy pocas mujeres se dedican a esta actividad a tiempo completo, ya que las actividades domésticas y el trabajo en el campo no se lo permite. Los hombres gestionan sus empresas de um modo mucho más profesional, haciendo frecuente uso de créditos y si bien es difícil encontrar entre ellos una dedicación total al comercio, ya que también desempeñan actividades agrícolas, su dedicación es mucho mayor que la de las mujeres. La movilidad espacial también difiere en ambos sexos. Los hombres tienden a tener mucha mayor movilidad que las mujeres, tanto para la venta de sus productos como en el abastecimiento de sus stocks. Las mujeres se abastecen en sus lugares de residencia o aldeas vecinas mientras que los hombres se movilizan hasta la capital y aun hacia países limítrofes.
[137] Marja Kuiper, 1991: Women Entrepreneurs in Africa, Discussion paper Nº68, Training Policy Branch, International Labour Office, Ginebra.
[138] E.J.A:Harts-Broekhuis & O. Verkoren, 1987: Gender Differentiation among Market Traders in Central Mali, Dpt of Geography, University of Utrech, The Netherlands.