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Nuevos Patrones Laborales:

Los procesos de urbanización, migración selectiva y educación tuvieron distintos impactos sobre la mujer. La segregación sexual en la naciente industria urbana no favoreció la incorporación de la mujer al sector formal de la economía; por otra parte, el fuerte sesgo que tuvo la educación y la adquisición de destrezas específicas en favor del sexo masculino, creó un abismo muy difícil de llenar. Señala Barbara A. Yates[128], refiriéndose al caso zaireño, que las diferencias en la escolarización de hombres y mujeres establecidas durante la colonia crearon un abismo muy difícil de franquear. Por ejemplo, en Zaire, al momento de la independencia, no había médicos, ni hombres ni mujeres. Algunos países occidentales ofrecieron becas para la formación de estos profesionales, y a comienzos de los años 70 había ya 300 médicos, todos hombres. Si se hubiese querido establecer una cuota en las universidades zaireñas para colmar este vacio, manifiesta esta autora, hubiesen debido pasar décadas antes de ser posible formar mujeres médicos. El peso de la socialización selectiva también ha jugado su papel: 80 años de estereotipos en el curriculum educacional, en los que se enseñó economía doméstica a las niñas y capacidades artesanales a los niños, determinó que cuando, en 1948, se intentó ampliar este espectro ofreciendo educación secundaria a las mujeres, éstas se enrolaron en las mismas áreas en las que se habían desempeñado siempre, a saber, economía doméstica, enseñanza de párvulos y enfermería. Casi dos décadas después de la independencia las niñas continuaban optando por estas mismas materias.

La mujer que migró a las ciudades en busca de nuevas posibilidades laborales se encontró con escasas alternativas para generar ingresos que les permitiesen subsistir y mantener su tradicional autonomía económica. El comercio, que en algunas regiones de Africa había sido patrimonio de las mujeres desde los primeros contactos con la economía monetaria, en algunos casos se amplió y en otros entró en conflicto con los patrones monopolísticos de los colonizadores, como se verá más en detalle. Al lado de estas actividades floreció el comercio callejero, la prostitución, el servicio doméstico y una combinación de estas actividades entre si y con las actividades agrícolas. Paralelamente comenzó a emerger una élite de mujeres educadas que completaron exitosamente sus estudios y ya no retornaron al campo. Estas mujeres se ubicaron basicamente en el sector servicios, como secretarias, profesoras, operadoras telefónicas y administrativas, siguiendo el patrón de segregación laboral propio de occidente, en el cual el mercado de trabajo para las mujeres se abre sólo hacia un número determinado de actividades y, dentro de éstas, a las categorias más bajas dentro de la jerarquía de empleados.

Las desventajas de la mujer en el mercado laboral urbano se vieron acentuadas por restricciones legales. En el Zaire post-colonial la mujer debía tener la autorización del marido para abrir una cuenta bancaria o para obtener una licencia comercial. Hasta 1962 el marido debía dar el consentimiento para que la mujer firmase un contrato de trabajo[129].

Sin embargo muchas mujeres destacaron en las luchas por la independencia y algunas lograron altas posiciones en el campo docente, empresarial y político. Por ejemplo, Liberia ha tenido una mujer como Presidenta de la Universidad; Uganda una Ministra de Relaciones Exteriores; en Nigeria en 1983 había doce mujeres en el Gobierno Federal, incluyendo cinco Ministras, una mujer miembro de la Cámara de Representantes y dos en el Senado. En Senegal, en la misma época, había un 8% de representación femenina en la Asamblea Nacional; la Secretaria de Estado para el Desarrollo Humano y un miembro del Gabinete eran mujeres. En Zambia, estudios del mismo período dan cuenta de 6 mujeres en la Asamblea Nacional; 5 eran Ministras de Estado y 2 estaban en el Comité Central. Y para dar un ejemplo más, en Zimbabwe había 8 mujeres en la Asamblea, 3 Senadoras y 3 Ministras. En este país las mujeres no se sientan en los Consejos tribales pero frecuentemente las mayores influyen en las decisiones que se toman en la aldea.[130]

[128] Barbara A. Yates, op. cit. p 146-147

[129] Janet MacGaffey, p. 163, in Patriarchy and Class, op. cit.

[130] Sisterhood is Global. The International Women's Movement Anthology, poblicado por Anchor Press/Doubleday, Nueva York, 1984 (traducción española, ed. Hacer y Vindicación Feminista, 1993)



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