
El impacto del colonialismo sobre las economías de subsistencia presenta variaciones en el tiempo y regiones. Una diferencia fundamental resulta del confinamiento o no de las poblaciones locales en reservas. En Africa del Sur y Africa del Este (con la excepción de Uganda), se promovió el asentamiento de colonos blancos en las tierras nativas, en un doble proceso de enajenación y privatización de la tierra. Este consistió , en primer término, en la división de la tierra en "tierras de la Corona" y "Reservas Nativas". En Zimbabwe - (entonces Rodesia del Sur) - la Ley de Repartición de la Tierra de 1930, asignó a los colonos blancos 49.1 millón de acres de "tierras blancas" por sobre un total de 90 millones de acres. Y en 1951, la Ley de Manejo de la Tierra (Land Husbandry Act), privatizaba la tierra introduciendo títulos de propiedad en las Reservas, iniciando de este modo a los campesinos a la transformación de la tierra en un bien comercial. Los títulos de propiedad fueron asignados solamente a los hombres de la familia, y entre ellos, a aquellos que estaban fisicamente presentes en sus aldeas en el momento del registro de los títulos[92]. En Kenya, hasta 1963, un 18% de las tierras aptas para la agricultura se habían enajenado en beneficio de 1000 a 3500 colonos blancos. Estas se conocían como las "White Highlands" o "Tierras Altas de los Blancos". Dicha enajenación significó la expulsión de aproximadamente 100.000 campesinos, cuyo número varió a través del tiempo. La restricción de los pueblos nativos a las reservas, que venía recomendándose desde 1909 se legalizó en 1926. Una buena parte de la tierra enajenada no tenía un uso comercial. En Kenya, hacia 1930, hasta un 64,8% de la tierra disponible para los europeos no estaba sometida a ningún tipo de actividad agrícola productiva, sino que era más bien objeto de especulación[93].
Dentro de los límites de las reservas, las comunidades siguieron manteniendo las prácticas tradicionales de utilización de los suelos y tenencia de la tierra hasta que ésta se hizo muy pequeña para sus necesidades. Los límites de la reserva impedían los movimientos migratorios y hacían imposible el desbroce de nuevas tierras para dedicarlas a actividades agrícolas[94]. En el caso de los Luo, los Kikuyos y los Luhya de Kenya, el sistema de reservas instaurado por las autoridades coloniales restringía la extensión de tierra requerida para proporcionar predios de cultivo a todos los miembros de un grupo de linaje. Esta restricción llevó a la fragmentación excesiva de las tierras disponibles y al debilitamiento de la autoridad de los jefes del grupo de linaje. La autoridad fue transfiriéndose entonces a los jefes de familia, quienes legaron las tierras en barbecho a sus hijos varones. Los ya erosionados derechos de usufructo de la tierra que tenían sus mujeres se vieron aún más disminuidos cuando entró en vigor la reforma agraria inagurada por el gobierno colonial en 1955 e implementada en 1963, después de la independencia. Dicha reforma agraria estabecía la propiedad individual de la tierra y el derecho a venderla. Los registros de propiedad de la tierra se hicieron a nombre de los hombres de la comunidad, con lo cual el estatus legal de la mujer con respecto al uso de la tierra se hizo incierto. En la práctica, las mujeres continuaban cultivando las tierras que les correspondía como esposas dentro de sus grupos de linaje, pero su seguridad ya no existía, puesto que la tierra podía ser vendida en cualquier momento por su marido o por su hijo. Al mismo tiempo, la mujer perdía así su papel de guardian de la tierra patrimonial que le correspondía a sus hijos varones después del matrimonio[95].
En Kivu Oriental, Zaire, el área perteneciente a los reinos Shi se vió severamenre reducida cuando la Corona Belga instauró su dominio, estableciendo extensas concesiones de tierra a la vez que reservas forestales y parques. Estos limitaron la trashumancia estacional de los pastoralistas por faldeos boscosos y pantanos. La fertilidad de los suelos y el clima atrajeron colonos europeos y la colonización y especulación agrícola comenzó en 1920. En 1931, ya se habían asignado más de 19.000 hectáreas, principalmente en las Jefaturas de Kabare y Ngweshe y en las regiones a lo largo de los caminos que llevaban a la ciudad de Bukavu. En esta región, más que en ninguna otra del Zaire, la penetración capitalista colonial alteró los patrones de uso de la tierra y de producción y consumo. Los colonos europeos establecieron cultivos comerciales de té, café, piretro y quinina y plantas para procesar estos productos. En 1950, los predios destinados a la alimentación eran demasiado pequeños como para satisfacer las necesidades de subsistencia de una familia. En los alrededores de la ciudad de Bukavo era difícil encontrar tierra donde cultivar alimentos. Hacia 1959, 30.000 campesinos trabajaban en las plantaciones para complementar sus ingresos, con salarios extremadamente bajos[96]Studies on Africa, USA. .
El reclutamiento forzado de la fuerza de trabajo asalariado fue otro mecanismo que obligó a la integración de las economías de subsistencia en la economía monetaria y proporcionó a las actividades de exportación la mano de obra requerida. Contrariamente a la tesis sostenida por algunos economistas concernientes a la disponibilidad de mano de obra local, Giovanni Arrighi[97] ha demostrado que la incorporación de los hombres a la fuerza laboral asalariada no se dió de un modo espontáneo: un estudio sobre la proletarización del campesinado entre los Shon - (que a fines del siglo pasado representaban dos tercios de la población de Rodesia) - y entre los Ndebele de castas más bajas, demuestra que al comienzo del proceso de comercialización no existía mano de obra "desempleada". Muy por lo contrario, los hombres no solamente se ocupaban de los trabajos de desarrollo, de la caza y del cuidado del ganado, sino que también ayudaban a la mujer en el cultivo de la tierra, especialmente durante el período de siembra y de cosecha, a la vez que se encargaban de un sinnúmero de actividades no agrícolas (tejido, construcción de redes, trabajo del hierro, etc). Observa Arrighi que, en el funcionamiento de estas comunidades, se producía un relativo equilibrio entre los medios de subsistencia y las necesidades de la población. Por consiguiente los estímulos para comprometerse en un trabajo asalariado eran mínimos. Por otra parte, la participación africana en el mercado de trabajo se veía desalentada por la existencia de "un salario mínimo de subsistencia". Para hacerse de la mano de obra necesaria las autoridades coloniales recurrieron entonces al reclutamiento forzado de mano de obra, exigiendo que un cierto porcentaje de hombres trabajase para los colonos blancos en retribución del salario mínimo y de la alimentación y el alojamiento. A estas medidas se agregó otra, de índole más general, consistente en un impuesto por persona y por techo. En un hogar poligámico, en que cada esposa contaba con su propio techo, esto significó que cada esposa adicional estaba sujeta a un impuesto. Para hacer frente a estas exigencias tributarias y cuando ya no fue posible extender más la superficie cultivada ni proceder a un cultivo más intensivo tendiente a generar un excedente, los hombres se vieron obligados a vender su fuerza de trabajo [98].
Es decir, el emergente sistema capitalista se valió de diversos mecanismos para desplazar mano de obra de sus hogares rurales e incorporarlos a la producción comercial. Por una parte, como señala Samir Amin[99] , las reservas tuvieron como función proveer un proletariado migrante barato para la minería, las industrias europeas y más tarde para la industria manufacturera de Africa del Sur, Rodesia y Kenya. En el estado colonial de Rodesia del Norte, ya desde comienzos de siglo hasta, aproximadamente 1926, se canalizó la fuerza de trabajo africana hacia el trabajo asalariado en los ricos centros mineros de la región sud Africana. En el Africa Occidental, donde no se conocían importantes riquezas mineras ni se promovió la colonización mediante el asentamiento de colonos blancos, la estructura colonial se orientó hacia la producción de bienes agrícolas tropicales de exportación. En ausencia de confinamiento en reservas, el efecto de la tributación obligatoria fue diferente: en la mayor parte de Africa Occidental los campesinos se iniciaron en los cultivos de exportación para poder hacer frente a los impuestos[100].
Los países metropolitanos incentivaron basicamente la producción de tres cultivos comerciales: cocoa, café y maní. La cocoa fue introducida en Ghana en 1879 y se cultivó también en la zona occidental de Nigeria. El maní comenzó a cultivarse en Senegal a mediados del siglo 19 y en el Norte de Nigeria después de 1910. El café comenzó a cultivarse en Costa de Marfil a fines del siglo pasado, pero su cultivo se intensificó sólo a partir de 1920[101]. En Nigeria, los hombres de las comunidades Ewe y Yoruba utilizaron las tierras forestales más fértiles para el cultivo de la cocoa, reduciendo al mismo tiempo las áreas que la mujer destinaba a los cultivos de subsistencia[102]. Luego, como señala Cleophas Lado, intentaron reivindicar la propiedad sobre las tierras en las que habían invertido trabajo, para legarles los terrenos en barbecho a sus hijos varones. Si bien las tierras no podían ser vendidas, las plantas de cocoa que habían en ellas si podían serlo. Al establecerse derechos de propiedad sobre la tierra las mujeres perdieron sus prerrogativas para cultivar los terrenos comunales que le correspondían a su linaje, viéndose obligadas a requerir permiso a los hombres para plantar en las tierras que éstos tenían en barbecho. Más aun, como muchos hombres se ausentaban para trabajar en otros lugares y por consiguiente no podían desbrozar los terrenos de cultivos como era habitual, las mujeres optaron por restringirse a aquellos terrenos donde esta tarea era más fácil, que eran también los de menor fertilidad.
En otro grupo étnico, los Kusasi, los sistemas de división del trabajo impedían a las mujeres cultivar el mijo, lo que las hacía totalmente dependientes de los hombres para la obtención de su alimento de base. Sin embargo, les correspondía a ellas complementar la dieta familiar con el producto obtenido en sus campos personales. Cuando los hombres empezaron a percatarse que les era mucho más lucrativo concentrarse en los cultivos comerciales, dejaron a las mujeres a cargo de la producción del mijo. Otro tanto sucedió con la caza y la recolección de alimentos, que también recayeron en parte en las mujeres. Los hombres de esta comunidad hacían una clara distinción entre los cultivos comerciales, cuyo producto se destinaba a su uso personal, y el mijo que no podía ser vendido. La mujer no hacía esta distinción puesto que su responsabilidad primera era para con la subsistencia de sus hijos. Para estas mujeres el maní pasó a ser el "cultivo del hambre" para sus hijos cuando escaseaba el mijo antes de la cosecha[103].
[92] Shimwaayi Muntemba, 1988: Women and Land in Sub-Saharan Africa: An Overview, (draft).
[93] M.H.Y Kaniri, 1987: La Economía Colonial: las antiguas colonias británicas, p. 415-416 en Historia General de Africa, VII, Tecnos, UNESCO, Paris.
[94] R.M.A. van Zwanenberg with A. King, 1975: An Economic History of Kenya and Uganda 1800-1970. The McMillan Press Ltd., Great Britain.
[95] Cleophas Lado, op. cit.
[96] Brooke Grundfest Schoepf & Claude Schoepf, 1988: Land, Gender and Food Security in Eastern Kivu, Zaire, en "Agriculture, Women and Land", p. 108, Ed Jean Davison, Westview Special
[97] Giovanni Arrighi, 1973: Labour Supply in Historical Perspective: A Study of the Proletarization of the African Peasantry in Rhodesia en " Essays on the political Economy of Africa, de G. Arrighi y J. S. Saul, Monthly Review Press, USA.
[98]G. Arrighi, op. cit.
[99] Samir Amin, 1973: Sulla Transizione, Jaca Book, Piccola Serie 94
[100] Piers Blaikie and Harold Blookfield, 1987: Colonialism, Development and Degradation, en "Land Degradation and Society", Methuen and Co, Great Britain.
[101] P.C.Lloyd 1972: Africa in Social Change, Cox & Wyman Ltd, Great Britain.
[102] Cleophas Lado, op. cit.
[103] Cleophas Lado, op. cit.