
Se ha dicho que los sistemas de vida tradicionales son tipicamente adaptativos con respecto a los sistemas ambientales y que esta adaptabilidad se asienta basicamente en una extrema coherencia entre formas de producción, organización socio-cultural y patrones de gestión de los recursos naturales. La racionalidad en la gestión de los recursos se apoya muchas veces en creencias religiosas: Las sociedades Busuku y Gikuyu, en Kenya, perciben la tierra como una fuente generatriz sagrada, que pertenece a los ancestros y que proporciona alimento tanto espiritual como físico. Para los Gikuyu la tierra simboliza a la mujer y para los Busuku es símbolo de fertilidad. Este recurso económico debe ser gestionado sabiamente, para el bien de la comunidad, en nombre de los ancestros que constituyen sus guardianes[85].
Dos aspectos que cabe destacar de esta interacción entre sistemas sociales y naturales es la especificidad en la gestión ambiental que corresponde a cada sexo y las formas de manejo de los bienes comunes. Es habitual que la mujer tenga un papel preponderante en la gestión de los recursos naturales debido a su responsabilidad en la provisión de alimentos. Tanto el cultivo como la recolección de frutos, raíces, hierbas, leña, etc requieren de un avezado conocimiento de los ecosistemas circundantes y de las peculiaridades de los ciclos naturales.
Entre los recursos disponibles en el entorno inmediato, los bosques representan una importante fuente de suministro de bienes y servicios: plantas, frutos silvestres y caza para complementar la dieta alimenticia, pienso y sombra para el ganado, medicina, leña y material de construcción para las viviendas. Muchos de estos recursos se encuentran sólo en los bosques naturales. Un estudio hecho en Sierra Leone muestra que las mujeres tienen un amplio conocimiento de las diferentes especies de árboles y de sus propiedades: identificaban 31 de las especies que se producían en las tierras en barbecho, mientras que los hombres identificaban solamente 8. Sabían asimismo que productos forestales se producirían en cada época específica del período de barbecho. Por su parte, investigaciones llevadas a cabo en el norte de Ghana, sugieren que el conocimiento ecológico de hombres y mujeres está directamente ligado a la división del trabajo dentro del hogar. Las mujeres, por su responsabilidad en la recolección de leña y producción de alimentos, tienen un profundo conocimiento de la vegetación que les sirve a estos propósitos: distinguen por ejemplo, las variedades de árboles según sus propiedades combustibles, identificando claramente aquellos que son altamente combustibles de los que arden en forma sostenida; diferencian asimismo las especies que arden tanto secas como húmedas. Así, utilizan el "doo", que arde aunque esté húmedo, para hacer carbón y leña; el "dori", preciado por su fruta comestible, lo usan para hacer mantequilla. Las raíces de "wulla" sirven como esponjas, las hojas y la corteza como medicina y la cáscara del fruto como combustible. En condiciones normales la utilización integral de los recursos forestales se da sin dañar la planta[86]. En el Congo, entre los Kukuya, las aldeas tradicionales se rodean de un cinturón de árboles de diferentes especies: bananos - que también crecen en la sabana- y cuyo crecimiento se incrementa abonándolos con desechos hogareños. Hay tanto de las variedades pequeñas y dulces así como las largas destinadas a la cocción; frutos agrios tales como naranjos, limoneros y mandarinos, que tienen dos épocas anuales de maduración y palmeras simples y de rafia, útiles para reparar las viviendas. Se encuentran asimismo árboles "de lianas", que producen pequeños frutos comestibles y los árboles de kola, cuyos frutos se reservan para fines ceremoniales y mágicos. A recolección de frutales domésticos se añaden los ananás de los bosques y numerosos frutos silvestres que crecen en la planicie. Esta vegetación constituye el habitat de larvas e insectos ricos en proteinas que aún son preciados, ya que complementan la dieta cotidiana. La conversación con cualquier anciano del hugar testimonia una verdadera erudición botánica y zoológica sobre las variedades comestibles y no comestibles[87].
Achola Pala[88] alude también al conocimiento de la naturaleza y los ciclos naturales en el que las mujeres tradicionales apoyan los trabajos agrícolas. Cuenta, por ejemplo, que en la región habitada por los Taita, en Kenya, la aparición de una cierta variedad de setas después de las lluvias de invierno constituía un indicio para predecir la llegada de las lluvias de verano que marcaban el inicio de las actividades agrícolas. Asimismo, los sistemas de usufructo de la tierra intentaban aprovechar al máximo la diversidad ecológica. En Muranga, Kenya, las mujeres acostumbraban a cultivar entre 8 y 10 predios en diferentes áreas, favoreciéndose así de la diversidad de los suelos y de diferentes condiciones climáticas[89].
En el sistema tradicional no sólo es interesante el conocimiento específico que cada sexo tiene del medio ambiente sino también el patrón de gestión comunitaria de los así llamados "recursos libres". Contrariamente a lo que tiende a afirmarse, la gestión de los pastizales, de la tierra y del agua, si bién se orienta hacia la comunidad y no hacia el individuo, no implica una utilización aleatoria o indiscriminada de los mismos: se trata de una gestión que controla el acceso y usufructo de los bienes comunes, asignándolos a los miembros de un determinado grupo social y a sus invitados. En el caso de la asignación de la tierra, la elección de un terreno para uno u otro fin depende en gran medida del tipo de recursos que ofrece. Así por ejemplo, los Basotho, en Lesotho clasifican la tierra en terrenos para uso residencial y terrenos de cultivo o de pastoreo, asignada a familias individuales. Otros tipos de tierra y sus productos se reservan al uso comunitario. Estos incluyen los bosques donde se encuentra leña y materiales de construcción, los campos que proveen pastos apropiados para hacer techos, las áreas ribereñas donde se recoge greda para hacer vasijas y también zonas de pastoreo comunitarias[90].
Esta forma de control sobre los bienes así llamados libres ha permitido el manejo eficiente de ecosistemas frágiles y el balance de poblaciones y producción. El deterioro de estos ecosistemas no puede, por lo tanto, atribuirse al libre acceso a los recursos comunes, sino a la destrucción de este equilibrio debido a la intromisión de fuerzas externas al sistema.[91]
[85] Jean Davison, 1988: Agriculture, Women and Land. The Arican Experience, p. 10 y 162, Ed Jean Davison Wstview Press, USA.
[86] Commonwealth Secretariat, 1991: Sustainable Development, p.105-122, London, U.K.
[87] Pierre Bonnafé, 1987: La terre et le ciel, p.204-216, op. cit.
[88] Achola Pala, p.44, op. cit., en a. Pala y Madina Lee, op. cit.
[89] Jean Davison, p.162-163, ibid.
[90] Jean Davison, p.11, ibid
[91] Robert Repeto & Thomas Holmes, 1983: The Role of Population in Resource Depletion in Developing Countries, p. 615-617, in Population and Development Review 9, Nº4