
La agricultura tradicional no sólo se basa una asignación de tareas por sexo sino también en sistemas de distribución de la tierra y de los cultivos que se basan en consideraciones de género: hombres y mujeres cultivan parcelas individuales separadas ademas de los campos familiares. Existen asimismo cultivos tipicamente masculinos o tipicamente femeninos. Por lo general, aunque no siempre, las personas de cada sexo disponen de los productos de sus campos y los almacenan en sus propios graneros. Por ejemplo, los habitantes de las montañas del norte de Camerún basan su alimentación en el cultivo del sorgo. El producto alimentario que le sigue en importancia es el frijol, que se consume diariamente en la salsa que acompaña la albóndiga de sorgo. Las hojas se consumen frescas.
A diferencia del sorgo, cuya semilla simboliza el semen masculino, el frijol es una planta femenina. Las mujeres lo almacenan en sus propios graneros, y entre algunas étnias, se acostumbra a colocar algunos granos de frijol en las tumbas de las mujeres. Muchos grupos al sur de los montes Mandara alternan regularmente en sus campos el frijol y el sorgo. El primer año es el "tiempo de la mujer" y el segundo "el tiempo de los hombres". Esta alternancia, que se presenta como una norma social, tiene en la práctica una significación ecológica y de ajuste al medio que se efectúa tanto a través de la rotación de cultivos como mediante la utilización de numerosas variedades, adaptadas a los ecosistemas de montañas[60](spécial).
Los Malinké, habitantes del Mandé, región que se extiende por Mali y Guinea, constituyen otro ejemplo de separación de campos y cultivos. La mujer, dentro del sistema de vida tradicional, trabaja tanto en los campos familiares como individuales. La familia Malinké constituye una gran unidad económica que reagrupa al jefe de familia, sus hermanos y primos y sus mujeres e hijos. De ahí la necesidad de poseer varios campos: arrozales, campos de mijo, de maíz, de cacahuete. Las mujeres, conjuntamente con todos los otros miembros activos de la familia, trabajan los campos familiares 5 días por semana. Los 2 restantes se dedican al cultivo de sus pequeñas parcelas individuales, situadas alrededor de sus casas y laboran también los campos individuales del marido. En sus propias parcelas, que son objeto de cuidados especiales ya que su producción les pertenece, plantan vegetales para el consumo cotidiano y para preparar comidas especiales para el marido, que este recibe además del plato familiar; preparan también las salsas a base de ñugu, gombo, berenjenas y manteca de karité. La manteca de karité se fabrica a base del fruto silvestre del mismo nombre, que las mujeres recolectan, junto con otros frutos como el neré, para complementar la dieta cotidiana. También cultivan algodón para el hilado de las telas destinadas a vestir a la familia. Este cultivo se planta cerca de los corrales, aprovechando así el estiercol como fertilizante. La misma preocupación rige para sus parcelas individuales que implantan sobre los deshechos del hogar, lo que explica que el rendimiento de estos pequeños predios fuese más elevado que el de los campos familiares. Las creencias populares atribuían estos rendimientos a la potencia de los fetiches que las mujeres mezclaban con las semillas[61].
[60] Antoinette Hallaire, 1992: Les Montagnards du Nord du Cameroun et leur environnement, en "Afrique Contemporaine" Nº 161
[61] Madina Lee, 1982: La Mujer en la Sociedad Mandinga Tradicional, p 145-156 en "La Mujer Africana en la Sociedad Precolonial, op.cit.