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División del Trabajo:

La producción agrícola en Africa Sub-Sahariana se ha apoyado en una clara división sexual del trabajo, en el que hombres y mujeres desempeñan tareas específicas y complementarias. En la agricultura itinerante la función del hombre consiste habitualmente en la tala de los bosques y el desbroce de la cubierta vegetal[52]sistema tradicional en la que sólo los hombres pueden poseer tierras. M. A. Savané, 1986: Femmes et Developpement en Afrique de l'Ouest, p. 65, UNRISD, Genève.. A veces los hombres participan en algunas de las operaciones subsecuentes, tales como la remoción y quema de los árboles caídos y la labranza de la tierra antes de plantar, pero por lo general esta actividad corresponde a las mujeres, que están asimismo a cargo de sembrar, plantar, recolectar y transportar la cosecha además de procesar y preparar los alimentos [53]Ester Boserup, 1970: Women's Role in Economic Development. Allen & Unwin Ltd, London.Mientras que el involucramiento del hombre en esta forma de cultivo dura un cierto período de tiempo,, la actividad de las mujeres se extiende a lo largo del año[54]. Entre las responsabilidades de la mujer se cuenta también la recolección, selección y almacenamiento de semillas para la siembra de la próxima estación. Cuenta Achola Pala[55] que las mujeres Taita, de Kenya, conservaban las semillas suspendidas sobre el fogón donde cocinaban y que estas se conservaban gracias al hollín que se acumulaba sobre ellas al cabo de un cierto tiempo. A veces los granos eran conservados entre las cenizas para preservarlos del gorgojo.

La división del trabajo por sexo y grupo de edad es característica de las economías tradicionales de subsistencia, donde la familia constituye la unidad básica de producción y consumo. Aun cuando hay diferencias entre regiones y grupos sociales, es común que cada sexo se especialice en la producción de un determinado tipo de bienes y servicios. El adulto a cargo de una cierta actividad se hace ayudar por una persona más joven o por un niño del mismo sexo. Tareas livianas, como el cuidado de los animales menores o la vigilancia de los cultivos contra las incursiones de los pájaros o animales salvajes, corresponde a los niños o personas de edad, mientras que las mujeres, además de las actividades agrícolas y la producción de alimentos, están a cargo de las actividades domésticas, incluyendo la recolección de leña y el acarreo del agua. A los hombres les corresponde el cuidado del ganado y las actividades de caza y de guerra. El siguiente gráfico (Nº ) muestra como distribuye la mujer su tiempo hábil entre las distintas actiividades, en Ghana:

D. Kandiyoti [56] hace notar que la magnitud y tipo de cooperación entre hombres y mujeres varia según los patrones de cultivo y el tiempo asignado a actividades no agrícolas. Diversos estudiosos en la materia han señalado que a la mujer no sólo le corresponde en esta división del trabajo una mayor cantidad de tareas, sino que también debe pasar en el campo más tiempo que los hombres. una reconstrucción del patrón de actividades diarias de las mujeres Beti, al Sur de Camerún, muestra que ésta trabajaba 46 horas semanales, mientras que el hombre trabajaba 20 y el patriarca o jefe, lo hacía sólo 5 horas[57]ed.S.B. Stichter & J.L. Parpart, Westview Press Inc, USA..

Lo que llama la atención en este sistema de división del trabajo, señala Kandioti, es la complementariedad del trabajo productivo entre ambos sexos y la dependencia del hombre en la mujer como proveedora de alimento. Respecto a este último aspecto, Bryson[58], hace notar que el papel que se le asigna a la mujer, de "proveedora de sustento para la familia", dice relación con el concepto de crianza de los niños prevalente en Africa: para la madre, el proveer alimento implica también el producirlo, y esta noción está directamente asociada a la maternidad. Tanto para la sociedad como para las mujeres mismas, la esencia de la femineidad reside en producir hijos y en criarlos; el proveer alimentos es parte de la crianza. Desde esta perspectiva, la producción de cultivos alimentarios constituye un "trabajo femenino" por excelencia, que los hombres no se sienten dispuestos a realizar. El hacerlo significaría sustituir roles y correr el riesgo de hacer el ridículo[59]

El siguiente cuadro muestra el porcentaje de tiempo dedicado por hombres y mujeres a las actividades agrícolas:

CUADRO Nº Porcentaje de tiempo que hombres y mujeres dedican a actividades agrícolas.

___________________________________________________________________

Actividad Mujeres Hombres

Talar los árboles 15% 85%

labrar 30% 70%

sembrar 50% 50%

desherbar y picar 70% 30%

acarrear la cosecha 80% 20%

almacenar la cosecha 80% 20%

procesar los alimentos 90% 10%

comercializar los excedentes 60% 40%

acarrear agua y leña 90% 10%

cuidar animales domésticos 50% 50%

cazar 10% 90%

alimentar y cuidar la familia 95% 5%

_________________________________________________________________

Fuente: UNECA, Women in Africa, 1975

[52] Señala Marie Angelique Savané que la actividad de desbroce de los bosques tiene un valor simbólico de toma de posesión de la tierra, lo que resulta importante dentro del

[53] La división del trabajo en el proceso agrícola ha sido documentado clara y acuciosamente por Ester Boserup. Esta autora, comparando sistemas agrícolas de diferentes regiones, observó la existencia de dos tipos de agricultura de subsistencia: uno, en

el que la mujer asume la mayor parte de las tareas de producción agrícola y otro en el que estas tareas corresponden

principalmente al hombre. Cada uno de estos sistemas de producción se asienta en una tecnología determinada y se asocia a una cierta disponibilidad de tierra por habitante. Según Boserup, la agricultura africana tradicional constituye un sistema agrícola basicamente femenino y hace de la azada el instrumento

de labranza por excelencia, mientras que en el continente

asiático el sistema agrícola puede caracterizarse como tipicamente masculino y se basa en el uso del arado.

[54] Baumann, citado por Achola Pala, p.34. op. cit.

[55] Achola Pala, 1982, 2n A. Pala y M. Lee, p. 44, op. cit.

[56] Deniz Kandiyoti, 1985. Women in Rural Production Systems. Problems and Policies, UNESCO, Paris.

[57] Jeanne Koopman Henn, 1988:The Material Basis of Sexism: a Mode of Production Analysis, p.45, en Patriarchy and Class,

[58] Judy.C. Bryson,1981: Women and Agriculture in Sub-Saharan Africa: Implications for Development, en " African Women in the Development Process, edited by Nici Nelson, Frank Kass & Co. Ltd, great britain

[59] Bryson:17, op. cit.



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