
Acerca de mi niñez puedo recordar que la vida era muy grata y que yo tenía muchas energías. Mi padre era colono en una hacienda europea y nosotros trabajábamos en esta hacienda como verdaderos esclavos. Éramos gritoneados mientras recolectábamos piretrum y ganábamos menos de cinco centavos al día. Diez kilos de piretrum equivalían a muy poco dinero. Llevábamos pedazos de tela como único vestuario y cuando éramos más pequeños andábamos desnudos. Era un mundo tan libre y todo nos causaba tanta diversión, excepto la presencia del hombre blanco.
Pasó el tiempo y yo crecí, pero todavía trabajaba para el hombre blanco. Más tarde fuí circuncidada. Gozaba ayudando a mi madre y me gustaba ir a recolectar leña y a acarrear agua porque íbamos en grandes grupos de niñas. Luego asistíamos a las danzas tradicionales. La gente se comportaba muy bien en esos tiempos: hombres y mujeres jóvenes podían dormir juntos y los hombres no osaban hacernos nada. A lo más nos tocaban los senos o los muslos. Era tabú ir más allá. De ese modo llegábamos a conocer a nuestros futuros maridos y la juventud no era corrupta como lo es hoy en día. Ahora van más allá y tienen hijos fuera del matrimonio. Eso es lo que los hombres blancos llaman desarrollo.
Luego me casé y fuí la primera esposa de mi marido. Él me consultaba cada vez que quería adquirir otra esposa para que nos ayudara en el trabajo. Mi marido era capataz en un hacienda y como era muy fuerte lo favorecían mucho. Todos trabajábamos para ayudarle y así podía ganar 8 chelines al fin de mes, luego de mucho trabajo. Como robaba leche, nuestros hijos eran muy saludables. Por ese tiempo murió mi padre que había estado detenido en Wanyani y puesto en libertad al cabo de cuatro años. Muy poco después lo siguió mi madre.
Dado que mi marido tiene tantos hijos nuestro hogar ha estado lleno de dramas. Algunos de sus hijos eran ladrones profesionales, otras prostitutas mientras algunos eran respetables caballeros y damas con casas bien puestas y prósperos negocios. Muchas veces viene por aquí gente a informarnos acerca de nuestros hijos, ya sea porque alguno ha robado, otro ha golpeado a la hija de alguien o la ha dejado embarazada. Nosotros hemos aprendido a vivir bajo estas circunstancias, pero Dios es grande porque ahora todos han crecido y son responsables por sus propios crímenes. En cuanto a mi, ya tengo lo que esperaba de la vida y vivo muy confortablemente. Hemos educado a nuestros hijos más jóvenes pero no a los mayores porque antes no conocíamos el valor de la educación. Algunos de los mayores se fueron de nuestro lado y asistieron a escuelas misionales.
He visto muchas cosas con estos ojos pero mi memoria falla. tal Vez lo más espectacular que recuerdo es cuando nuestras tierras fueron tomadas por los Europeos. Ahora sólo estoy esperando morir pero todavía soy fuerte y me encargo del cuidado de algunas ovejas y cultivo la huerta más cercana a la casa. También cocino para mi marido. (La informante tiene 98 años).
Esta entrevista fué realizada por la estudiante Wangui Wa Kungu, Universidad de Nairobi, y traducida directamente desde el kikuyo al inglés.