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Acceso y control de la tierra.

La tierra, factor básico para la producción agrícola y para la subsistencia de vastos sectores de la población, ha pasado a ser la piedra de tope para el aumento de la productividad agrícola de la mujer y la mejora de su calidad de vida en las áreas rurales. Hemos visto ya como en los sistemas tradicionales de propiedad colectiva de la tierra, la mujer tenía, por lo general, asegurado el derecho de uso sobre la misma mediante una compleja trama de relaciones y obligaciones sociales. Diversos factores han ido transformando las vías de acceso y de apropiación de este recursos productivo, de un modo que ha tendido a marginalizar aún más a la mujer y a hacer más dificiles sus funciones, socialmente asignadas, de productora de alimentos. Por una parte, la legislación moderna ha alterado los patrones de usufructo de la tierra, transformándolos en un sistema de propiedad privada que favorece a un solo propietario. Los títulos legales para ocupar, cultivar y poseer la tierra han sido otorgados a los hombres, basandose en la convicción de que el hombre es siempre el jefe de familia, en circunstancias que la proporción de hogares encabezados por mujeres sigue incrementándose más allá del tercio ya señalado por IFAD[343]. Esta nueva forma de legislación afecta una serie de convenciones relativas al tipo de cultivos controlados por a hombres y mujeres; al tiempo que la mujer asigna a trabajar en sus propios cultivos o en los del marido; a los derechos que cada uno tiene sobre la comercialización de los productos, etc.

Hay casos de organización de la producción en el que hombres y mujeres cultivan un mismo predio, intercalando sus cultivos. Por ejemplo, en los alrededores de Ibadán, Nigeria, la mujer cultiva tomates para el consumo y venta entre los yam que son cultivados y comercializados por el marido. En los lugares donde la tierra ha sido privatizada, la mujer por lo general continúa cultivando las tierras que le han sido asignadas al hombre en proyectos de reasentamiento o irrigación, teniendo como telón de fondo una situación legal incierta y un acceso sesgado a los servicios e insumos productivos[344]. Como bien hace nota la Comisión Económica para Africa[345], la mujer enfrenta graves problemas cuando el marido o el familiar de sexo masculino a través del cual accede a la tierra, decide migrar hacia las ciudad en busca de mejores alternativas laborales. Puede suceder asimismo que el mayor valor de los terrenos, derivado de su creciente escasez, lleve al legítimo propietario, es decir del hombre, de vender su predio, en cuyo caso la mujer pasa a engrosar el lote de los campesinos sin tierra. Por otra parte, la calidad de esposa que garantiza a la mujer el acceso a la tierra, cesa de ser válida cuando la mujer se separa o divorcia.

Al noroeste del Camerún, una de las regiones más densamente pobladas del país, el gobierno nacional ha iniciado una serie de medidas que han cambiado el control sobre la tierra y sus recursos. Entre ellas se cuenta el "Programa de Reasentamiento de Jóvenes Campesinos", destinado a promover la producción de alimentos y detener la migración rural-urbana. El programa está dirigido a jóvenes entre 17 y 25 años que han completado al menos 7 años de escolaridad. Los agraciados por el programa obtienen del gobierno o del jefe de su grupo de linaje al menos 3 héctares de tierra y un préstamo en dinero para comprar los insumos necesarios para la producción agrícola. Aunque las mujeres en Camerún son las productoras de alimento por excelencia, ni las autoridades tribales ni gubernamentales desean asignar tierras que queden permanentemente bajo el control de una mujer. En la sub-división de Kumbo, de 56 préstamos otorgados, sólo 2 correspondían a mujeres. Cuando se le preguntó al jefe administrativo la causa de esta discriminación, respondió:"Este programa está destinado a ayudar a las familias jóvenes a permanecer en esta área, y ciertamente, ningún hombre que se respete desea mudarse a una granja que pertenece a su mujer"[346]

En Kenya la reforma agraria se ha realizado mediante un sistema de adjudicación de la tierra, que ha significado en la práctica la transferencia de los derechos sobre la misma a miembros individuales de los grupos de linaje, habitualmente hombres. Esta reforma se ha realizado de acuerdo a la tradición, que ha perdurado a lo largo del periodo colonial y que niega a la mujer, ya sea individualmente o en grupo, el derecho legal a adjudicarse o a disponer de tierras[347]. Otro tanto ha ocurrido en Tanzania, donde donde se le han otorgado al hombre los derechos sobre la tierra, sin ningún tipo de previsión para que la mujer pueda permanecer en ella en caso de perder su marido. Sin embargo, en este país han habido intentos de proporcionar acceso a la tierra a las mujeres en las "ujamaa", o aldeas comunitarias, en los que se ha puesto a disposición de los campesinos terrenos de 2 acres, independientemente de su sexo o situación marital. En Kenya y en Ghana las mujeres mismas han buscado soluciones al problema de la propiedad de la tierra combinando sus esfuerzos y contribuciones para comprar predios y cultivarlos en forma colectiva o utilizarlos para establecer en ellos empresas de pequeña escala[348].

[343] IFAD, 1992, op. cit.p.22

[344] Janice Jiggins, 1989: How Poor Earns Income in sub-Saharan Africa and What Works Against Them, p 956-957, in World Development, Vol.17 Nº 7, U. K.

[345] ECA, 1991:Barriers to access of rurla women to land, livestock, other productive assets, extension services and credit in selected african countires, ECA/SDA/IRD(JEFAD)911/2(e)

[346] Miriam Goheen, p. 91-94, op. cit.

[347]ECA, 1991:Barriers to access of rural women to land, livestock, other productive assets, extension services and credit in selected african countries, op. cit.p. 11

[348]Ibid,p.13



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