
Como ya se ha señalado, las políticas de ajuste favorecen la producción de cultivos de exportación, destinados a generar las divisas necesarias para superar la crisis de la balanza de pagos. Entre las medidas adoptadas con este fin se incluyen el aumento en los precios de los productos agrícolas, un mejor acceso al crédito y a los insumos agrícolas (fertilizantes, insecticidas y tecnología). Este énfasis en los cultivos de exportación y mejora de los términos de intercambio en el sector agrícola ha resultado, en algunos casos, en un incremento de los ingresos reales de algunos hogares rurales. Quiénes se han beneficiado con estas medidas son los grandes productores comerciales, que cultivan a gran escala, mientras que los pequeños productores han visto frenada su expansión debido a una conjunción de factores: uno de ellos es el alza de los créditos, lo que combinado con la reducción de los gastos públicos destinados a los servicios de extensión agrícola y los cortes en los subsidios para adquirir insumos agrícolas, han impedido el logro de una mayor productividad. La mujer se ubica en mayoritariamente entre los pequeños campesinos, llegando a constituir, en algunos países, hasta dos tercios de ellos.
En Africa Subsahariana, donde rige una estricta división social del trabajo - el conjunto de políticas de ajuste estructural tendientes a incentivar la producción de los "bienes exportables", por lo general afecta más duramente a las mujeres. Por una parte, la concentración de la mujer en "actividades no-exportables", como son el cultivo y la preparación de alimentos, el abastecimiento de agua y leña y la educación de los hijos, le dejan poco tiempo libre para transferirlo a las actividades que producen bienes de exportación[333]. Por otra, los bienes alimentarios destinados al consumo directo o al comercio interno, - que constituyen un área de responsabilidad y control de la mujer -, no reciben incentivos similares a los productos de exportación. Los cultivos de exportación, en cambio, si bien no hay una división estricta -, son más comunmente del dominio masculino. El Commonwealth Secretariat[334] señala, por ejemplo, que el Costa de Marfil y en Ghana los incentivos adicionales se orientaron hacia la producción de cocoa y el algodón, sin preocuparse de los cultivos de subsistencia, que predominan en las regiones más pobres de estos países, y en los que las mujeres participan más activamente.
Es decir, el impacto de las políticas macroeconómicas sobre los pequeños campesinos se ve afectado por el tipo de productos que cultiva y por su vinculación a los mercados. Esto se refleja, por ejemplo, en el impacto de las políticas de precios sobre uno y otro sexo. Según el informe del Commonwealth recién citado, se ha observado que las mujeres no cambian facilmente de un cultivo a otro que tiene un mayor precio en el mercado porque eso significaría perder el control del mercado informal. Safilios-Rothschild, por su parte, hace referencia a un estudio en Kenya, señalando los efectos de las políticas de precios sobre la producción. Al respecto hace notar que las políticas de precios agrícolas han creado incentivos a la producción, generando mayores ingresos y aumentando las inversiones en cultivos de exportación, tales como el café, el té y la caña de azúcar y en los cereales de base (maíz, trigo y arroz). Estas políticas, sin embargo, no han tenido el mismo efecto sobre los cultivos de secano (mijo, sorjo, guisantes y semillas oleaginosas como el sésamo, maní, semilla de girasol, etc) - producida por pequeños agricultores, entre los que se cuentan prioritariamente las mujeres[335]. Enfatiza Safilios-Rochschild que habitualmente la componente de género tiende a ignorarse en las políticas macroeconómicas, pese a que tienen un efecto sobre la actividad femenina. Por ejemplo, señala, las mujeres venden sus productos en el mercado cuando los precios están más altos; algunas producen cultivos de exportación; la producción de cultivos alimenticios en muchos casos reemplaza la importación de esos mismos bienes o permite sustituirlos por otros que sirvan necesidades similares cuando los productos importados se hacen inaccesibles debido a la devaluación de la moneda, etc. Este comportamiento, que la autora presenta como una respuesta directa a los mecanismos de mercado, muchas veces pierde racionalidad por factores totalmente ajenos al mismo. Por ejemplo, en períodos de sequía en los que la producción de alimentos es baja o nula, las mujeres deben compar a precios altos cereales u otros productos que a veces ellas mismas han vendido a bajos precios después de la cosecha.
El énfasis en los cultivos de exportación tiende a aumentar la competencia por la tierra y a incrementar su valor, lo que podría tener como consecuencia la marginalización de la mujer agricultora hacia tierras de menor valor. En Gambia ya se ha observado un fenómeno de este tipo, a raíz de la introducción de sistemas de regadio que a la par que valorizaron la tierra desplazaron a la mujer hacia terrenos más distantes y de menor productividad.
[333] Anita Spring y Vicki Wilde: Women Farmers, Structural Adjustment, and FAO Plan of Action for the Integration of Women in Development, en "Structural Adjustment and African Women Farmers, op. cit.
[334] Commonwealth Secretariat, p.59, ibid
[335] Constantina Safilios-Rothschild, 1994: Agricultural Policies and Women Producers, en "Gender, Work and Population in Sub-Saharan Africa", ed. Adepoju & Oppong. ILO, Heinemann & Currey, Great Britain.