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LA SOLIDARIDAD NORTE-SUR

Desde el punto de vista internacional representantes de Organizaciones No Gubernamentales han venido formando junto con agencias de desarrollo tanto a nivel gubernamental como dependientes de Naciones Unidas una instancia especial conocida como "Defensores de la Seguridad Alimentaria Africana: hacia una reducción de las cargas sobre la mujer". En el transcurso de un debate organizado en New York pudieron oirse multitud de peticiones que abogaban por la urgencia de invertir en las campesinas africanas, consideradas como "fundamentales en la lucha contra el hambre, en la protección de la sanidad de sus propias familias, en el fomento de los procesos diversos de aprendizaje, en la edificación de una autoestima necesaria para las próximas generaciones y, sobre todo, en la mejora de los recursos humanos en el Africa, considerados tanto física como moralmente. Esto significa que la mujer es el núcleo central del crecimiento. De esta manera, invertir en las campesinas africanas es al mismo tiempo invertir en la esperanza".

En los últimos años el Banco Mundial ha hecho de la necesidad de proteger a colectivos vulnerables afectados por los costos momentáneos de ajuste una política social fundamental: "Debemos esforzarnos por lograr una integración más completa de la política social y el impulso de crecimiento. De alguna manera, tanto un aumento en la salud y en la alimentación, en la educación y en la formación, en el acceso a los servicios de planificación familiar y en un compromiso global de la mujer en el proceso del desarrollo, todo ello contribuye profundamente al progreso económico".

El Departamento de Naciones Unidas para el Progreso de la Mujer ha venido sosteniendo la existencia de un consenso internacional según el cual las diversas políticas de ajuste no deberían ser determinadas sin un previo análisis exhaustivo de sus efectos sobre la población. Cómo conseguirlo en el caso concreto del desarrollo concreto de la mujer requiere una serie de estudios que confronten las experiencias nacionales al respecto. Con todo, entre los enfoques a ser considerados podrían estar:

a) Políticas diferenciadas a aplicarse en zonas rurales o urbanas, incluyendo un análisis de los efectos producidos en los cambios de la política de subsidios o de las estructuras que regulan el control de precios en cuanto a los artículos de primera necesidad.

b) Políticas ajustadas a los diversos sectores en los que la mujer suele mantener una participación significativa.

c) Políticas que animen a la mujer a integrarse en sectores promovidos por los planes de ajuste y a controlar su propia situación en dichos sectores.

d) Supervisión de estas y otras políticas con el fin de que no causen efectos negativos desproporcionados sobre las capas más pobres de la población.

e) Conexiones estrechas entre las políticas de reducción del gasto público y programas compensatorios, como los que hacen referencia a los problemas de la nutrición.

f) Protección de programas, principalmente en los campos de la educación y la formación, diseñados para desarrollar el capital humano y para ayudar a reducir las desigualdades sociales.

g) Fomento de sectores, como los de la producción alimentaria y la manufactura a pequeña escala en los que ya de hecho la participación de la mujer viene siendo significativa.

h) A nivel internacional, un mayor equilibrio entre las políticas de ajuste y financiación, incluyendo tanto la reprogramación o cancelación de la deuda como concesiones adecuadas en las tasas de interés.

A principio de los años noventa el Comité de Enlace entre las Naciones Unidas y las Organizaciones No Gubernamentales sobre Mujer y Desarrollo comenzó a publicar en colaboración con la Editorial ZED de Londres su colección "Mujer y Desarrollo Mundial"; las primeras entregas de dicha colección, "La Mujer y la Crisis Económica Internacional" fueron publicadas en 1.991 y analizaban en profundidad los efectos de la crisis sobre el proceso de desarrollo del Tercer Mundo, que había supuesto un dramático paso atrás en la guerra contra la pobreza, las enfermedades, el hambre y el analfabetismo durante la década de los ochenta. También se examinaban en aquéllas las causas del desempleo y la pobreza en los países industrializados así como la necesidad de la cooperación multilateral y de las acciones tanto a nivel nacional como internacional, tendientes a alcanzar un tejido económico mundial más sano y equitativo.

"La Mujer y la Crisis Económica Internacional" viene sosteniendo que la mujer es fundamental para el desarrollo de la economía africana y debe, por tanto, ser consultada a la hora de diseñar los medios más idóneos para mejorar una producción alimentaria; ilustra asimismo cómo los créditos otorgados por los pequeños bancos regionales pueden conseguir familias mejor alimentadas, mejor ubicadas y mejor educadas.

Con la multiplicación de hogares donde la cabeza de familia es una mujer que se siente a su vez única responsable por sí misma y su familia, se hace cada vez más esencial el hecho de reconocerla finalmente como agente principal del desarrollo; en este sentido, su trabajo, ya sea en el campo, en el hogar, en el mercado o en el entorno de las economías no formales, debe atenerse a este su verdadero valor.



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