
En Abril de 1988 la Conferencia de Ministros de la Comisión Económica para África, celebrada en Niger, emitió la Declaración de Khartoum adoptada por la conferencia internacional organizada un mes antes en esta ciudad, como un esfuerzo colectivo, emprendido por varias agencias de Naciones Unidas.
Los objetivos fueron los de discutir el papel central que la dimensión humana juega en torno a los esfuerzos africanos por conseguir la recuperación económica, lograr un desarrollo autosostenido y autónomo acelerado y proponer una serie de medidas prácticas a través de las cuales el fortalecimiento y posterior desenvolvimiento de las capacidades humanas (así como el aumento de las condiciones propias del bienestar humano) pudiera llegar a formar parte integral de las estrategias nacionales dirigidas hacia la recuperación y el desarrollo socioeconómico.
En esta conferencia fue leída una ponencia presentada por el Centro Africano para la Formación e Investigación de la Mujer: según aquélla, todos los aspectos de la crisis han tenido un impacto sobre la mujer y su entorno familiar en términos de ingreso, productividad, sanidad, empleo y bienestar general tanto de la mujer como de su familia.
("La cuestión más importante viene a ser si la mujer sufre más que el hombre y por qué. Si este es el caso, el asunto es cómo aliviar este sufrimiento, de qué manera está la mujer involucrada en el proceso de desarrollo y cómo podría ella comprometerse para incrementar la productividad. Finalmente habría que definir hasta qué punto está siendo aprovechado, identificado y utilizado el potencial de la mujer, como parte de los recursos humanos").
La ponencia que estamos comentado afirmaba que la consciencia en torno al auténtico alcance de la actividad económica de la mujer, la importancia de los ingresos femeninos y la contribución de la mujer al desarrollo nacional viene siendo esencial para la formulación de medidas políticas adecuadas y para el diseño de estrategias que tiendan a beneficiar tanto a mujeres como a hombres en el campo específico del empleo y a acelerar el proceso de desarrollo como un todo. Se sugería también que los Gobiernos prestasen una mayor atención a la implementación de ciertas recomendaciones, como las que se hicieron en su momento en la declaración de Kilimanjaro: "Programa de Acción para la Población Africana y el Desarrollo Autodependiente", adoptado en Arusha (Tanzania) en 1.984 por la Comisión Económica para la Conferencia Africana. En el Programa mencionado de Acción se hablaba de:
a) Introducir programas destinados a aligerar a la mujer la pesada carga del trabajo rural, incluyendo tecnologías adecuadas tanto en la agricultura como en la industria y
en el trabajo doméstico.
b) Reconocer la importancia y función dispar de la mujer como madre y trabajadora al mismo tiempo en casi todos los sectores de la economía.
c) Asegurar el acceso de la población rural a la tecnología agrícola moderna así como una igualdad de oportunidades que
la permita desde la utilización de créditos hasta cualquier otro tipo de facilidades ligadas a la generación de los recursos.
En Junio de 1.988, los participantes en un taller especial sobre "La Voz de la Mujer en el Diálogo Norte-Sur" celebrado en Barcelona, formularon una Declaración que fue presentada posteriormente ante la Conferencia Europea de Parlamentarios y ONGs sobre la Interdependencia y Solidaridad Norte-Sur" (Madrid). Allí se proponía que:
a) La mujer fuera reconocida como agente de desarrollo; cualquier tipo de trabajo, visible u oculto, que ella llevara a cabo debería ser tomado en cuenta en todo aquello que tuviera que ver con la planificación, la investigación económica y las actividades de las agencias financieras nacionales.
b) Los programas de cooperación al desarrollo con características agrícolas deberían hacer permanente hincapié no sólo sobre la función básica de la mujer como productora de alimentación sino también sobre la necesidad de su acceso a la educación, los derechos de propiedad y los créditos financieros.
c) La mujer debería estar presente, en auténtico pie de igualdad con los hombres en todos los foros nacionales o internacionales, gubernamentales o no gubernamentales, donde se tomaran decisiones que tuvieran consecuencias económicas. Deberían asimismo tomarse medidas tendentes a asegurar que los objetivos especificados en la Década de las Naciones Unidas para la Mujer relacionados con el desarrollo puedieran ser alcanzados antes del año 2.000.