
Las restricciones al desarrollo de la mujer comenzaron desde el principio con la educación. En Africa la escolarización femenina es mucho menor que la masculina y dicha distancia se amplía particularmente en el caso de la educación secundaria. Tradicionalmente la mujer trabajaba en casa y contraía matrimonio a una edad temprana. Los bajos niveles educativos y las responsabilidades domésticas y familiares afectaron desde siempre las posibilidades de empleo para la mujer hasta el punto de hacerle asumir oficios de poca capacitación e ingresos, situados en no pocas ocasiones en los sectores no formales de la economía. Nunca ha dispuesto la mujer de iguales derechos a la tierra y a la propiedad, con lo que esto supone de dificultad a la hora de acceder a créditos o tecnologías; su participación en sociedad resulta, por otra parte, determinada por todo un conjunto de tradiciones y constumbres: si bien a niveles comunitarios su contribución va en aumento, todavía su presencia en las esferas de la toma política de decisiones a escala nacional sigue siendo escasa.