
La población es un factor clave en los procesos de degradación ambiental desde el momento en que un aumento de la misma tiende a presionar más sobre los recursos naturales (por ejemplo en el caso de la disponibilidad de agua en algunas partes de Africa). La mujer puede desempeñar un papel importante en las políticas de población, si bien no deben ser éstas consideradas como de su exclusivo interés. Los programas de planificación familiar pueden beneficiar a la mujer, especialmente en lo que atañe a su propia salud; en el continente africano una de cada 21 mujeres muere como resultado del embarazo o la gestación. Son muchas las mujeres africanas que han adoptado los programas mencionados, aunque un estudio de la UNFPA muestra que sólo un nueve por ciento de las mujeres que habitan la región subsahariana tienen fácil acceso a los modernos métodos anticonceptivos: otra cosa es la actitud de los hombres africanos respecto a la planificación familiar.
La Declaración de Amsterdam de 1.990 sobre la población reconocía que "la mujer es el centro verdadero del proceso de desarrollo; la mejora de su condición social y la ampliación de su campo de decisiones con respecto a todo lo que afecta a su vida y a la de su familia es fundamental a la hora de determinar las tasas futuras de aumento de la población".