
Pese a su muy diversa índole y a la inmensa variedad de estrategias de sobrevivencia que engloba, los sistemas tradicionales pre-coloniales de subsistencia han tendido a adaptarse, en mayor o menor medida, a los dictámenes de los ciclos naturales y el paso de las estaciones, moldeando el proceso productivo según la disponibilidad de recursos existentes en el entorno inmediato. Esta necesaria búsqueda de acuerdo y armonía con el medio se ha reflejado en estructuras sociales extremadamente coherentes, entendiéndose por esto estructuras en las que normas, creencias, organización social y sistema económico se complementan y apoyan mutuamente para lograr una gestión adecuada y racional de los ecosistemas circundantes. Esta convergencia está orientada a salvaguardar el bienestar de la comunidad, garantizando a todos sus miembros un derecho de usufructo de los recursos productivos.
En el caso de la mujer, A. Pala [44] enfatiza que el derecho a usufructo sobre la tierra y ganado le ha proporcionado a las mujeres un marco de seguridad y estabilidad mucho más eficaz que el deparado por los sistemas de propiedad privada. En las economías pastorales o agrícolas todas las familias contaban, en mayor o menor cantidad, con ganado y puesto que el pastoreo requería habitualmente la cooperación entre familias y el consumo compartido de la leche, los derecho de usufructo de la mujer se extendían más allá de su familia inmediata. El énfasis en el derecho de usufructo de la tierra, ganado y recursos naturales (agua, pesca, caza, combustible, sal, fruta, etc), favorecían y protegían no sólo a hombres y mujeres, sino también a los niños, personas de edad y personas incapacitadas (A. Pala, op. cit.)
La confluencia de mecanismos sociales, económicos y ambientales a la sobrevivencia del grupo que se da en los así llamados "sistemas tradicionales", no está entendida aquí en forma peyorativa, como un sistema mejor o ideal, sino una como estrategia vital basicamente adaptativa, que permite al grupo social enfrentar situaciones difíciles o adversas en ausencia de tecnologías o recursos sofisticados.
Un ejemplo a la adecuación entre estructuras sociales y medio ambiente se da entre los Tuaregs Kel Adrar del norte de Mali. Estos pastores nómades han estructurado su vida de un modo tal que les permita enfrentar abruptos cambios estacionales y aprovechar, lo más eficientemente posible, los pastizales, el agua y la cobertura vegetal perenne. Con este fin han ideado una serie de estrategias vitales, algunas de índole social, otras relativas a la gestión de recursos, a la distribución, etc. En la medida en que sus necesidades de subsistencia se satisfacen basicamente por los productos que se obtienen del ganado, su gestión del mismo busca el diversificar las especies que componen su manada. Con esto se aseguran que los diferentes períodos de gestación de cabras, camellos, vacas, u otros se complementan, lo que les permiten obtener leche, componente básico de su dieta, a lo largo del año. La estructura social se adecúa asimismo a los ciclos naturales, generando mecanismos para enfrentar las penurias y redistribuir los recursos: en los momentos de gran escasez se organizan ceremonias informales destinadas a "producir lluvia". Durante éstas, los miembros más pudientes del grupo, es decir los que cuentan con mayor cantidad de ganado, sacrifican algunos animales, lo que no constituye parte de la práctica habitual, y reparten la carne entre los miembros de la comunidad. La ceremonia se repite hasta el comienzo de las lluvias[45].
En sistema sociales en los que cada comportamiento obedece a un imperativo adaptativo y que carecen de técnicas sofisticadas para transformar y adaptar la naturaleza a sus propios fines, la ruptura o fragmentación de la coherencia adaptativa puede provocar descalabros de mayor o menor gravedad e incluso desastres inmanejables.
Es justamente esta estricta adecuación entre comportamientos sociales, actividades económicas y prácticas culturales la que ha permitido, durante cientos de años, la subsistencia de la mayoría de los pueblos del Africa Sub-Saheliana. La justa combinación de tierra, población, tecnología y condiciones climáticas ha permitido al grupo social hacer frente a las alteraciones ambientales y a las presiones demográficas y gestionar exitosamente ecosistemas frágiles, fuesen estos savanas semi-áridas, bosques tropicales o ecosistemas de montaña, asegurándose así la disponibilidad los dos factores de producción por excelencia en las economías de subsistencia: tierra y ganado.
Los ejes de estas estrategias de sobrevivencia han sido la movilidad y la búsqueda de complementariedad entre diversas actividades económicas. La movilidad entre distintos lugares permite a los ecosistemas reponer sus nutrientes cuando la fertilidad de los suelos disminuye o los pastizales se acaban. De ahí que los sistemas más adecuados a este modo de gestión de los recursos hayan sido la caza y recolección itinerante, el pastoralismo, ya sea como nomadismo o trashumancia, y la agricultura itinerante. Estos sistemas han empleado ingeniosas tecnologías, algunas de ellas basadas en la adaptabilidad a los requerimientos del medio y por consiguiente, más vulnerables a sus embates y vicisitudes, ("tecnologías adaptativas"), como el sistema de gestión del ganado de los Tuareg ya mencionado, y otras más orientadas hacia actividades de transformación de lo naturalmente dado. Entre estas últimas se cuentan, por ejemplo, las elaboradas prácticas de agricultura en terrazas de los pueblos montañeses del norte de Camerún.
A la par con la movilidad, las sociedades tradicionales han practicado la complementariedad en el desempeño de las actividades económicas. Como señala Achola Pala, en los sistemas pre-coloniales por lo general ninguna actividad económica se daba en estado puro, salvo, quizás el nomadismo: la ganadería se ha asociado a la agricultura y a la pesca, en aquellas regiones vecinas a lagos, ríos o regiones costeras. Otras sociedades han tendido a formar sistemas simbióticos, en las cuales un grupo produce cereales y otro se ocupa del ganado y de los productos animales [46].
En la gestión de tierra, población, tecnología y condiciones-agro-climáticas, los sistemas sociales tradicionales han optado, basicamente, por la propiedad comunal de la tierra, la división del trabajo por sexo y grupo de edad y la orientación de la actividad económica hacia la subsistencia y el bienestar de la comunidad por sobre el beneficio individual.
Entre los sistamas de vida y gestión del medio y los recursos se cuentan los siguientes:
[44] Achola Pala, 1976: African Women in Rural Development: Research Trends and Priorities. Institute of Development Studies, University of Nairobi, OLC Paper Nº12, Kenya
[45] Jeremy Swift, 1981: Labour and Subsistence in Pastoral Economy, en "Seasonal Dimensions of Poverty", pp.80-86, editado por R. Chambers, R. Longhurst y A. Pacey. Francis Pinter Publishers Ltd, USA.
[46] Achola Pala, p. 27, en Achola Pala y Madina Lee, op. cit.