
Es de desear que, debido a las diferentes características del trabajo en el sector estructurado -que ha centrado tradicionalmente la atención de los sindicatos- y en los sectores no estructurados rurales u otros que carecen de sindicatos, éstos aprueben una estrategia y un análisis renovados para esa nueva tarea. Muchas de estas trabajadoras desarrollan su actividad laboral en centros dispersos y aislados. Además suelen ser analfabetas. Y para colmo de males, no están protegidas por las actuales leyes laborales y demás instrumentos pertinentes reguladores de las relaciones industriales. Estas y otras características no hacen fácil para los sindicatos la organización de esas trabajadoras por medio de las estrategias y métodos de trabajo tradicionales. Por tanto, en algunos casos los sindicatos han aprobado estrategias que suponen la planificación de las actividades del grupo en torno a proyectos de formación profesional o generación de ingresos. A veces, los sindicatos se han unido a cooperativas para ayudar a esas trabajadoras. Además, otros han considerado necesario establecer relaciones laborales con los mecanismos nacionales de protección de la mujer y otras organizaciones pertinentes y no gubernamentales que ya trabajan con esos grupos.