
Además, las Naciones Unidas informan (6) de que está prácticamente excluída la mujer de la mayoría de los cargos directivos. Por ejemplo, en Africa, no hay mujeres en los cuatro niveles de gobierno más altos de, por lo menos, veintiún paises. (El mayor avance reciente en este campo es el nombramiento de primeras ministras en dos paises de la región). Asimismo, la mujer ocupa tan sólo el 13 por ciento de los puestos directivos y administrativos. Por tanto, muchas mujeres africanas son trabajadoras desprotegidas, puesto que trabajan sobre todo en actividades económicas agrícolas, domésticas o no estructuradas, que no están contempladas en la legislación laboral ni, muy a menudo, en las actividades de los sindicatos. Con respecto al sector no estructurado, las escasas estadísticas disponibles indican que en Africa Occidental, por ejemplo, más de dos tercios de las mujeres de las zonas urbanas trabajan en este sector (7). Asimismo, constituyen entre el 60 y el 80 por ciento de la fuerza laboral del comercio y dominan el mercado libre y el pequeño comercio. Entre los atractivos de este sector se encuentran el horario laboral flexible, que conviene a la mujer con responsabilidades familiares, y la facilidad de incorporación a alguna de sus actividades económicas.