
El decenio actual se ha caracterizado no sólo en Africa, sino también en algunas otras regiones del mundo, por diversos cambios políticos y económicos. Uno de significado especial es el énfasis renovado por la democratización. Desgraciadamente, esta democratización se ha interpretado sólo como multipartidismo (1) y no además como representación igual de mujeres y hombres en el Gobierno y en los órganos pertinentes y directivos de la sociedad. Así pues, se ha adoptado un nuevo concepto - democracia igualitaria - que permita el examen de la democracia en función de la consecución de la igualdad, incluída la igualdad entre los sexos. Por tanto, los Gobiernos y otras instituciones pertinentes, como los sindicatos, no pueden clasificarse correcta y completamente como instituciones democráticas si sus principales partícipes proceden sólo de un segmento de la sociedad. La democracia completa debe presuponer que todos los sexos y grupos de la sociedad participan en los órganos adecuados, incluídos los directivos. La democracia supone igualdad de oportunidades y trato para todos los grupos y el objetivo de la equidad y la justicia social. Este es el marco en que deben contemplarse y valorarse las organizaciones sindicales en relación con la participación de la mujer en sus estructuras y con el reflejo de las preocupaciones de ésta en las políticas y actividades sindicales.