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Función de la narrativa oral

La narrativa oral es un arte que se rige por normas estilísticas precisas. Tal como cualquier otra forma de expresión literaria se asienta en el lenguaje y en sus posibilidades expresivas. A ello se agregan las cualidades del narrador, que lo llevan a "crear una historia nueva cada vez que narra, haciéndola así memorable y significativa a cada audiencia en particular". Estas cualidades no hacen distinción de sexo. Más aún, el carácter educativo y de entretención de la literatura oral asigna a la madre un papel importante, en tanto agente socializador.

La literatura oral cumple una función primordial frente a las principales etapas del ciclo vital - nacimiento, adolescencia, madurez y muerte - haciendo necesaria la presencia de narradores de un sexo específico para la transmisión de valores que dicen relación con la identidad de roles sexuales. Así por ejemplo, son las mujeres adultas y las ancianas quienes inician a las jóvenes en las tradiciones ancentrales que han de respaldar el desempeño y la perpetuación de los roles designados como femeninos. Otro tanto ocurre con la iniciación masculina, a cargo de adultos del mismo sexo. El siguiente párrafo, del escritor nigeriano Chinua Achebe, refleja muy bien la especialización de la narrativa por sexos y grupos de edad:

"Entonces Okonkwo animó a los niños a sentarse con él en su choza y les contó historias de la tierra - historias masculinas de violencia y sangre. Mwaye sabía que lo correcto era ser varonil y violento, pero en cierto modo prefería las historias que le contaba su madre y que sin duda continuaría contándoles a los niños más pequeños - historias de la tortuga y sus mañas y del pájaro enekenti-oka".

Entre los Maasai de Kenya, el sistema de educación tradicional incluye enseñanzas específicas a cada grupo de edad. Por ejemplo, los jóvenes adolescentes que han pasado las ceremonias de iniciación pasan a vivir con sus instructores (olopiron o mayores). Amén de otras destrezas, el grupo de los guerreros adquiere habilidades tales como el uso de los proverbios y el arte de la oratoria[282].

Por lo general, la narrativa no sólo acompaña ceremonias y etapas de la vida sino todo el quehacer cotidiano, lo que acentúa su carácter participatorio y colectivo. Es habitual que algún narrador tome la palabra durante el período de trabajo, estableciendo un vínculo entre la actividad laboral y la expresión narrativa. Roland Colin[283] proporciona un ilustrativo ejemplo al respecto. Describe el autor el trabajo en una forja- al norte del país Senoufo, en Mali- enfatizando la adecuación del ritmo narrativo a la secuencia de movimientos requeridos por el trabajo mismo. Música, danza, recitativo y narración celebran o exorcisan "la humanización del hierro". Mientras los bloques yacen en el fuego, tres hombres, los torsos sudorosos, danzan sosteniendo en sus manos los pesados martillos de la forja y producuendo rítmicas armonías. Dos hombres, sentados en el suelo, las piernas cruzadas, siguen con su tamborilleo el crepitar de la materia que toma forma, mientras un anciano lleva la palabra, recitando, cantando e interpelando al fierro cuando éste rehusa a tomar la forma deseada. Según Finnegan[284], las canciones ayudan a coordinar la acción y acentúan el sentimiento de cooperación, haciendo sentirse al individuo parte de una entidad.

Cuenta Wanjiku Mukabi Kabira[285] que entre los recolectores de café del estado de Kiamara, en Kenya, uno de los narradores más populares de la comunidad es Muthoni, una mujer que vive en el campamento de la hacienda y que trabaja desmalezando los campos y podando las plantas de café. Muthoni relata la mayor parte de las historias a los otros trabajadores mientras estos llevan a cabo sus actividades en la hacienda.

La narrativa oral puede transformarse asimismo en instrumento de protesta social. Dicho matiz se encuentra aún en las canciones de cuna. El tono contestatario se puede apreciar por ejemplo en la historia de Syotuma, mujer del distrito de Machakos, quien fue detenida por las autoridades coloniales y deportada a una isla al sur de Mombasa, por demostrar su disconformidad al gobierno colonial a través de una danza llamada "kilumi". Danzando el kilumi los bailarines expresaron su oposición a ciertas medidas gubernamentales y arengaron al pueblo a permanecer en sus casas, dejando las siembras sin cosechar. El efecto de esta manifestación fué tal que el movimiento se extendió por la región y la gente rehusó pagar los impuestos que el gobierno colonial les exigía[286].

En tanto agente de socialización, acontecimiento social y medio de expresión colectiva, el arte no está separado de la vida cotidiana ni el artista lo está del resto de la sociedad. La literatura está en el núcleo mismo de las relaciones interpersonales, proporcionando todo un bagaje estilístico que determina la forma de la relación social así como las pautas y medidas del ingenio y habilidad del orador, como puede apreciarse en el suiguiente párrafo de Chinua Achebe:

-"Luego de haber hablado con sencillez, Okoye expresó la media docena de frases siguientes en proverbios. Entre los Ibo el arte de la conversación es tenido en mucha estima y los proverbios son el aceite de palma con el cual se aliñan las palabras"[287]

La práctica de la narrativa colectiva vespertina reune familias, vecinos y amigos en torno al narrador en una interacción de tipo "cara-a-cara", en la cual el apoyo y la participación del grupo enriquece tanto el relato como la relación social misma.

Entre los Maasai lo más común es que los niños y adultos se reunan informalmente en casa de una mujer mayor, a la cual muchos de ellos reconocen como abuela. Allí, es muy posible que sea ella quién inicie el ciclo de narraciones, para ser seguida luego por otros miembros del auditorio, tanto adultos de ambos sexos como niños. La narración de las historias y el intercambio de adivinanzas y proverbios tiene lugar después de la cena, cuando se ha puesto término al quehacer cotidiano. Entre los niños está prohibido narrarse historias durante el día, mientras cuidan el ganado, pues esto los distraería, arriesgando así su principal fuente de subsistencia[288]. Los Luo, por su parte, señalan que las historias o "sigendni" no deben narrarse de día sino por la noche, cuando los jóvenes regresan del campo y "están libres para captar las importantes instrucciones que la historia transmite".

Tradicionalmente las historias se cuentan en casa de una abuela ya viuda "mujer que puede hablar con entera libertad de cualquier tema". Una noche típica comienza comprobando que la puerta está bien cerrada y poniendo esteras en el suelo. Cuando los jóvenes están confortables, la abuela o "pim", reverenciada por su edad y experiencia, dice: -"Ahora dejemos la casa quieta .¿Quién comenzará con las adivinanzas?[289]. Kavetsa Adagala y Wanjiku Mukabi Kabira[290] -investigadoras kenyanas- señalan que el ambiente de distensión requerido para que las sesiones de narrativa se lleven a cabo es ya poco común y sólo se encuentra en algunas comunidades. En otras las investigadoras deben esperar los días festivos u ocasioones especiales para poder recolectar relatos.

[282] Naomi Kipuri, 1983. Oral Literature of the Maasai. Heinemann Educatiobnal Books. Nairobi.

[283] Rolan Colin, 1965: Littérature africaine d'hier et de demain, Paris ADEC.

[284] Ruth Finnegan, op. cit.

[285] Wanjiku mukabi Kabira,op. cit.

[286] Rebeca Njau y Gideón Mulaki: Kenya Women Heroes and their Mystical Power. Vol I. Risks Publications, Nairobi.

[287] Chinua Achebe, op. cit.

[288] Naomí Kipuri, op. cit.

[289] Onyango-Ogutu y A. A..Roscoe, 1986: Keep my Words. Luo Oral Literature. East African Publishing House. Nairobi.

[290] Kavetsa Adagala y Wanjiku Mukabi Kabira, 1985: Kenyan Oral Narrative. A Selection. Heinemann, Kenya LTd, Nairobi



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