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INTRODUCCION

El Africa Subsahariana está sumida en una profunda crisis, que ha asumido dimensiones globales y estrechamente interrelacionadas.

Esta situación, cuya dinámica afecta a toda la población, repercute especialmente en las mujeres, niños y grupos minoritarios. El presente estudio se interesa especialmente por la mujer africana, habitante de un continente castigado y víctima de transiciones brutales y de amalgamas culturales muchas veces estereotipantes, que se debate por sobrevivir y por redefinir su identidad y posición social en medio de una crisis sin precedentes.

Al analizar el impacto de esta crisis sobre las mujeres, se tiende a ver el problema desde una perspectiva mecánica y circunscrita a la situación presente, con un marcado énfasis en la explosión poblacional. Esta última es vista como motor y causa de la presión por los alimentos, con la consiguiente carga sobre el medio ambiente y sobre la economía, en un circuito destructivo que se autoperpetúa. En este proceso circular, la mujer africana, en su doble papel de productora de alimentos y reproductora de la sociedad, juega un papel innegable: con la tasa de fecundidad más alta del mundo - 5,1 en Africa contra 3.7 en el mundo en desarrollo[1] - es también la proveedora de alimentos por excelencia: produce aproximadamente el 60% del alimento que se consume en los hogares rurales y contribuye con el 80% del trabajo agrícola, basicamente bajo la forma de trabajo familiar no remunerado. Es al mismo tiempo una contribuyente básica a los ingresos del hogar, generando alrededor de un tercio de los mismos, mediante el desempeño de actividades agro-industriales a pequeña escala, comercio, trabajo artesanal y trabajos temporales [2]. En este extenuante desempeño la mujer africana pareciera dejar un balance negativo: a su contribución a la sobrecarga poblacional añade una ineficiente productividad agrícola y una inserción marginal en el sector productivo estructurado. Se sitúa asimismo en los tramos menos favorecidos del sector informal.

Sin embargo, muchos de estos aspectos tienen una racionalidad en el contexto de la sociedad africana - como puede apreciarse claramente en el caso de la fecundidad -, o son consecuencia de políticas erróneas, de profundos cambios sociales o de una larga discriminación. Así por ejemplo, frente a la prevalencia en la región de familias numerosas, cabría preguntarse: ¿qué valor económico tienen los hijos en los sistemas productivos tradicionales, altamente intensivos en el uso de mano de obra; o en las estrategias actuales de sobrevivencia que intentan maximizar el uso de los recursos humanos disponibles en el hogar?; ¿qué creencias y valores culturales y económicos subyacen a las altas tasas de fecundidad?; o, ¿cómo legitima la mujer su acceso a la tierra que ha de cultivar si no es siendo esposa o madre de un hijo varón?; o, interrogándose desde otra perspectiva: ¿con qué medios y presupuestos cuentan los gobiernos para establecer programas de control de la natalidad en sociedades en las que los gastos de salud pública, de por sí exigüos - se encuentran recortados por los programas de ajuste estructural preconizados por el Banco Mundial y en Fondo Monetario Internacinal?; ¿cómo pueden acceder a las tecnologías de control de la natalidad las mujeres de los grupos menos favorecidos, aquéllas que viven en áreas remotas donde no existen servicios de salud o, simplemente, las que carecen de información al respecto?. Y en relación a la marginalidad laboral y a la baja productivad, surgen también multiples interrogantes. Por ejemplo, ¿qué efectos han tenido sobre la mujer africana los cambios de los sistemas económicos de subsistencia a las economias monetarias?; ¿cómo se ha visto afectada su posición dentro del sistema productivo?; ¿con qué medios - tierra, tecnología, educación, formación, información, acceso al crédito - han contado las mujeres en el desempeño de sus actividades productivas?; ¿cómo han podido armonizar sus funciones productivas y reproductivas en un sistema social cambiante, en el cual las estructuras tradicionales de apoyo se han desintegrado y las nuevas estructuras distan mucho de ser eficientes?; ¿Es que los proyectos de desarrollo han sido diseñados y orientados considerando los roles productivos y reproductivos de la mujer y respetando las convenciones que guían la división social del trabajo entre sexos?

Por otra parte cabe tener presente que éstas y tantas otras preguntas que podrían formularse sobre las mujeres africanas se refieren a una categoría inmensamente heterogénea, compuesta de mujeres de una gran variedad de culturas, sistemas de vida, clases sociales y estructuras productivas. Ello hace difícil hablar de "la mujer africana", como si de pronto, trás muchas abstracciones, pudiese trazarse una historia única. Este problema no es privativo de la realidad africana sino que se plantea a diario y en muy diversos contextos a todos aquellos investigadores y activistas que adoptan una perspectiva de género. Consciente de las limitaciones implícitas a una perspectiva generalizante, el trazar una visión de la mujer del Africa subsahariana para la comunidad hispanoparlante satisface una necesidad tanto intelectual como práctica: al menos en latinoamérica, no sé si en España, la realidad de la mujer africana es muy poco conocida y, más aún, muchas veces prevalecen visiones fragmentarias, o victimizantes, o que tienden a acentuar el exotismo que muchas veces se atribuye a lo que está lejos o no se conoce. Sin embargo cada vez se hace más importante para estudiosos, planificadores y activistas, comparar problemáticas, estrategias de sobrevivencia y políticas de desarrollo, a fin de aunar esfuerzos en pos del desarrollo y de la equidad y establecer vínculos de comunicación y cooperación entre países y regiones.

Este trabajo está estructurado del siguiente modo: en primer término se analiza muy brevemente la situación actual de Africa, en el supuesto que la condición de la mujer no puede ser explicada separadamente del contexto socio-económico, ambiental y cultural en que se desenvuelve su quehacer vital. A lo largo de este trabajo se intentará mostrar, de que modo, su situación en tanto mujer se ve afectada por el doble juego de determinantes socio-económicas globales y de aquellas derivados de su condición femenina. Esta primera parte intenta ilustrar, en términos generales y siguiendo la presentación que muy corrientemente se hace de la situación africana, la presente crisis y de algunas de las causas más frecuentemente citadas para explicarla: la baja en los precios de las materias primas, el peso de la deuda externa, el flujo negativo de capitales hacia la región, que se conjugan con las alzas en el precio del petróleo, la inestabilidad climática y las recurrentes sequías, amén de la inseguridad y conflictos políticos ; esta somera referencia a la crisis y algunos de sus factores causales se sigue de una reseña acerca de las políticas de ajuste estructural, que, como se verá más adelante, han contribuido a la feminización de la pobreza en el Africa subsahariana y han llevado a las mujeres a la implementación de una serie de estrategias de sobrevivencia para hacer frente a la pobreza extrema. Se examina luego el estancamiento del sector agrícola, cuya falta de dinamismo se atribuye muy frecuentemente a la persistencia de algunas prácticas tradicionales de cultivo, entre las que se enfatiza especialmente la agricultura itinerante. Esta tiende a ser enjuiciada independientemente de las circunstancias que la han transformado en un sistema agrícola nocivo para el medio ambiente. Se mencionan a continuación dos aspectos vinculados al deterioro ambiental,- la crisis energética y la penuria de agua -, escaseces que agregan un peso más a las tareas productivas y reproductivas de la mujer, ya que que es ésta quien debe subvenir al abastecimiento de estos dos elementos básicos para la subsistencia. Concluye esta parte introductoria con algunas cifras de índole general que dan cuenta de la pobreza en Africa. Este breve esbozo de la situación presente constituye un cuadro más bien estático de la crisis que aqueja al Africa. Sin embargo, a lo largo del estudio se sitúa la condición actual de la mujer dentro de un proceso de muy profundas raíces y larga historia.

La segunda parte entra ya en el problema que nos concierne, y que es la situación de la mujer africana. Se trata aquí de obviar algunos de los enfoques prevalentes en diversos estudios, a saber, las visiones fragmentarias y la sensación que estamos enfrentando situaciones cuya crítica condición se ha gestado y consolidado sin ingerencia externa. Dentro de los límites que permite el análisis emprendido se intenta optar por una concepción sistémica e histórica de la condición de la mujer, trazando los quiebres que ha sufrido el sistema tradicional y las consecuencias que estos quiebres y distorsiones han tenido en el desempeño y situación presente de la mujer africana.

La tercera parte incluye un conjunto de estudios temáticos y algunos análisis de casos. En ellos se analizan en primer lugar asuntos poblacionales, contracepción y embarazo juvenil.

Marie Helène Mottin-Sylla, en su artículo, "Feminismo y Demografía", reclama para la mujer un derecho prioritario en el debate demográfico. Afirma esta investigadora que los sistemas conservadores, especialmente los de tipo tradicional y religioso, pretenden manipular el cuerpo de las mujeres como un instrumento más de producción. Ello se contradice con las exigencias de la sociedad contemporánea, que las insta a desenvolverse como agentes económicos y sociales responsables, informados y productivos. Mottin-Sylla piensa que una de las soluciones al debate demográfico consiste en reconocer a las mujeres su capacidad de elección en materia de sexualidad y de fecundidad, incluyendo el derecho al aborto.

Yvette Stevens propone una metodología para mejorar la situación de las mujeres africanas refugiadas, dentro del marco proporcionado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Regiados. La situación de vida creada por el desplazamiento impone una serie de limitaciones que deben ser aliviadas o solucionadas. Para esto existe toda una gama de tecnologías para asistir a las mujeres a enfrentar los problemas de abastecimiento, sanitación, producción de alimentos, repoblación forestal, etc. A fin de llegar hasta la mujer refugiada e identificar sus necesidades en varios terrenos es importante contar con la ayuda de mujeres científicas y tecnológas que cumplan estas funciones sin atentar contra los valores sociales de la comunidad en cuestión.

Dominique Malaquais, en su artículo " Músicos y madres, tambores e hijo: el estatuario Pindi del pueblo Mbala", habla de la representación de roles masculinos y femeninos entre los Mbala, del Zaire, a través de su estatuaria. Las figuras de madera que este pueblo esculpe, conocidas como "Pindi", aluden al poder político de los jefes. De carácter sagrado, las estatuas simbolizan el poder en tres esferas básicas: la autoridad judicial, el control de la tierra y la competencia espiritual. El hecho que estas estatuas estén representadas siempre en parejas, aluden a la complementariedad de roles entre hombres y mujeres. Si bien el jefe cumple las funciones judiciales y de control de la tierra, la fuente misma del poder procede de la mujer , por tratarse de una sociedad matrilineal donde la herencia y los títulos se transmiten a través de la madre. Ella está asociada simbolicamente a la tierra.

El capítulo "Tenencia de tierras en Mozambique. Situación de la Mujer Rural", de Beatriz. B. Galán, estudia el problema de tenencia de la tierra desde un punto de vista legal, con especial referencia al sector familiar. Es justamente en este sector donde la mujer rural juega un papel fundamental en la producción agrícola. Beatriz Galán señala que la demarcación y el registro de tierras de acuerdo a las necesidades de las comunidades locales constituye un paso esencial para ampliar la producción alimentaria y dinamizar la producción familiar. Ello significa reconocer la importancia del marco institucional para legalizar el acceso de la mujer rural a los recursos productivos y darle un apoyo administrativo para la obtención de créditos agrícolas.

[1] FAO, 1991: Women and Population in Agricultural and Rural development in Sub-Saharan Africa, p.2. Roma.

[2] Anita Spring & Vicki Wilde, 1991: Women Farmers, Structural Adjustment, and FAO's Plan of Action for Integration of Women in Development, en "Structural Adjustment and African Women Farmers", Ed. by Christina H. Gladwin, University of Florida Presss. Center for african studies, University of <florida, Gainsville, USA.



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