El origen de los conflictos étnicos y sociales: la trata

Este es el nombre que se adjudica al proceso de captura de esclavos africanos y su traslado a otros continentes, sobre todo al americano, para ser utilizados como mano de obra por los europeos en las colonias del Nuevo Mundo. Realmente, la esclavitud era una institución también tradicional desde antiguo en el Sahel tanto en orden interno (utilización de esclavos de otras etnias en la actividad diaria) como externo (exportación de esclavos como una mercancía mas a través de las rutas transaharianas). Sin embargo, la entidad de los fenómenos en que desemboca la intervención europea en el negocio probablemente no tiene precedentes en cuanto a su cuantía (superior a los 50 millones de seres humanos entre los siglos XVI y XIX), y sus traumáticas consecuencias demográficas para las sociedades que sufren la sangría.

No obstante, mas que la cuantía en sí el problema radica en la generación de todo un aparato organizado dedicado a la "caza de hombres" (50) en África y en el Sahel, paradójicamente no basado en los tratantes blancos sino sobre todo en las etnias dominantes, que llevan a cabo las capturas de sus vecinos mas débiles, especialmente en el siglo XIX coincidiendo con la descomposición máxima de los aparatos estatales (51).

De este momento data fundamentalmente el germen de las tensiones étnicas actuales (entre antiguos "cazadores" y "cazados" (52)), por encima de las diferencias culturales o las viejas tensiones territoriales. Es mas, al formar muchos de estos esclavos parte de los aparatos productivos de las etnias "cazadoras" (53) se abren también profundas grietas de naturaleza social tras la abolición de la esclavitud entre los antiguos amos y sus "siervos", con una importancia fundamental en la diferenciación actual de clases sociales en el Sahel (54). Una ultima y evidente consecuencia de la trata sería su incidencia en la desestructuración de muchas sociedades tradicionales trastornadas por la permanente captura de sus individuos mas jóvenes.

La inserción del Sahel en la división internacional del trabajo

El proceso de expansión industrial y acumulación capitalista operado en la Europa del siglo XIX pronto se vuelca hacia el resto de los continentes en busca de materias primas, nuevos espacios y mercados mas amplios, desembocando en la ocupación y colonización territorial de gran parte de Asia y la casi totalidad de África. El Sahel no constituye una excepción a esta dinámica histórica, y desde finales del siglo es militarmente ocupado por Francia e Inglaterra, en su carrera por establecer un corredor colonial continuo en África.

Dejando de lado el proceso de conquista (55) y la organización de las nuevas colonias, lo que mas interesa es la repercusión practica de este fenómeno histórico en la realidad actual del Sahel. En este sentido, se puede afirmar que las consecuencias derivadas de la inserción forzosa de las sociedades tradicionales sahelienses en la división internacional del trabajo, desempeñando el papel de abastecedores de materias primas y consumidores de manufacturas de la metrópoli, son el elemento clave en la movilización de los cambios que afectan a estas sociedades tras la independencia. La palabra que mejor define todo el complejo de procesos inducidos por la metrópoli es "desestructuración"

En primer lugar, económica, invirtiendo las prioridades tradicionales entre subsistencia e intercambio en favor de la segunda. Se da un impulso decidido a los cultivos comerciales destinados a la exportación, en grandes plantaciones (que ocupan las mejores tierras), marginando a los alimentarios. En cuanto a la ganadería, la introducción de políticas sanitarias reduce rápidamente la mortalidad de las reses, provocando un aumento espectacular de la cabaña ya durante la época colonial. Al mismo tiempo, se introducen profundas transformaciones en el régimen tradicional de tendencia, introduciendo el concepto de propiedad privada de la tierra.

Pero también se altera el sistema tradicional de policultivo, orientándolo hacia el monocultivo de los productos comerciales. La monetarización de las relaciones sociales y los cambios en el concepto de propiedad se traducen en una progresiva proletarización de las poblaciones rurales, reforzando de esta forma la agricultura de exportación como la única capaz de proporcionar las nuevas rentas necesarias. De todas formas todos estos fenómenos, de gran importancia en los anos sucesivos, son todavía demasiado tenues para introducir cambios radicales en las estructuras agrarias.

Desde el punto de vista económico, sin embargo, el impacto mas contundente e inmediato se constata en el desmantelamiento total de las embrionarias estructuras comerciales e industriales autóctonas, para evitar la competencia a las manufacturas de la metrópoli, lo que ciertamente bloquea las posibilidades de capitalización endógena, lastrando posteriormente el desarrollo agrícola e industrial de los nuevos países independientes.

En segundo lugar, social, eliminando instituciones como la esclavitud o debilitando las solidaridades comunitarias y familiares en cuanto que dejan de tener correspondencia con las unidades productivas (monetarización de la economía, cultivos comerciales, privatización de tierras), aunque este segundo aspecto debe matizarse en función del relativo alcance ya comentado de las transformaciones económicas. Tampoco se ven demasiado afectadas las jerarquías sociales tradicionales, ya que rápidamente son las élites dominantes las primeras que se alían con el colonizador en la nueva coyuntura, por lo que mantienen todos sus privilegios o incluso los amplían. La descomposición real de las estructuras sociales no comienza a producirse mas que acompañando a procesos como la explosión demográfica o la urbanización, a partir de la segunda Guerra Mundial.

Mas importante resulta la cultural, marginando la civilización y lengua autóctonas en beneficio de las europeas. La escuela colonial, que prepara a los auxiliares y funcionarios coloniales indígenas y los nuevos técnicos necesarios para la explotación del territorio, elegidos entre los hijos de las élites tradicionales sahelienses, es el vehículo de transmisión de las ideas y concepciones europeas, desde las coloniales al marxismo. Aunque el conjunto de la población permanece en general al margen (excepto en las todavía pequeñas ciudades) de las nuevas corrientes ideológicas y culturales, el hecho de que las élites que tras la independencia van a asumir la dirección de los nuevos países del Sahel estén fuertemente imbuidas de civilización europea va a crear no pocas disfunciones en los modelos sociopolíticos y económicos que se intentan poner en practica en la región.

Respect o a la demográfica y ecológica, habrá que esperar hasta los anos 60/70 para comenzar a observar las consecuencias de las políticas sanitaria y agraria coloniales.

Finalmente, el crisol de todos los procesos descritos es la operación de una desestructuración territorial, al primar claramente determinadas áreas (plantaciones, yacimientos mineros), conectadas con una red urbana excéntrica desde la que se realiza el intercambio colonial a través de una red de transportes dendrítica (56), sobre los espacios tradicionales, de menor interés económico. Se condiciona así fuertemente la integración posterior de los espacios y sectores económicos, y la creación de un mercado interno, favoreciendo de hecho el mantenimiento de una estructura productiva extravertida.

La ultima remora colonial es el trazado arbitrario de las fronteras de los nuevos países independientes, partiendo pueblos y comunidades (57) y fragmentando áreas complementarias en pequeños compartimentos productivos y de consumo, no articulados entre si (58), si bien han sido plenamente aceptados por casi todos los Estados africanos (y especialmente por sus élites, que con la división garantizan el mantenimiento de sus privilegios).

La operación de los cambios analizados durante los escasos 60 años de colonización en el Sahel y, sobre todo, la siembra con ellos de toda una serie de profundas transformaciones estructurales y espaciales, derivadas de la integración de una sociedad preindustrial en el mercado capitalista mundial, se convierten así en un elemento que condiciona sobremanera el modelo de desarrollo por el que se opta (bastante poco libremente) a partir de la independencia política. Veamos algunas de sus consecuencias.

HAMBRUNA Y DEPENDENCIA

(una visión critica)

La especialización productiva. Análisis de las estructuras productivas sahelienses

Si hay un rasgo económico que define claramente la orientación del aparato productivo saheliense es la especialización primaria, agrícola, ganadera y minera, heredada directamente de la época colonial y que puede verificarse tanto a través de la colaboración porcentual de los distintos sectores económicos en la formación del Producto Nacional Bruto, como, sobre todo, en la absorción de las tres cuartas partes de la población activa.

TABLA Vll

DISTRIBUCIÓN SECTORIAL DE P.N.B. Y POBLACIÓN

ACTIVA EN EL SAHEL (59)


1970
1986

% PNB
% Pob. act.
% PNB
% Pob.act.
Agricultura
50,3
84,3
39,5
75,7
Industria
12,1
-
15,5
6,3
Servicios
36,3
-
34,3
18,0

Paradójicamente a esta absoluta preeminencia, llama la atención el escaso espacio destinado a cultivos permanentes ([exclamdown]sólo un 4% de la superficie total!), mientras los pastizales llegan a ocupar una superficie mucho mas estimable (60), desde luego en función de las limitaciones ecológicas, pero también de la subexplotación de amplias extensiones de las cuencas del corredor medio saheliense.

Teniendo en cuenta que los pastizales corresponden en su mayoría a la región propiamente saheliense (donde la agricultura encuentra serios obstáculos ecológicos), mientras que las tierras de cultivo se concentran en las cuencas sedimentarias del sur, encontramos ya una primera expresión de esta dualidad entre las llanuras ganaderas del norte y los espacios agrarios del sur(61).

Contra lo que pudiera parecer en virtud del escaso espacio ocupado por las actividades agropecuarias, estas se basan en sistemas eminentemente extensivos, heredados directamente de los tradicionales y en general con bajos rendimientos y productividad, si bien la inserción en el mercado mundial ha introducido grandes mutaciones.

En los sistemas ganaderos de las poblaciones del norte, que si bien mantienen el carácter extensivo y nómada, aprovechando los pastos naturales de la estepa subdesertica y la sabana espinosa y manteniendo bajisimos rendimientos, encuentran su mayor problema curiosamente en el sobredimensionamiento de la cabaña (62) con respecto a las posibilidades del medio ecológico, heredado de las practicas sanitarias coloniales. Su creciente presión sobre el medio (una cabeza por cada dos hectáreas de pastos en la banda saheliense) es responsable de la degradación acelerada de los pastos en los últimos decenios. Los bienios de sequía, lejos de resolver los problemas de superpoblación, han agravado los conflictos al obligar a un paulatino traslado (en un movimiento paralelo al de la población) de los rebaños hacia el sur, reproduciendo los antiguos enfrentamientos agricultores/ganaderos (63).

En los últimos años, junto al sistema tradicional, están proliferando las estabulaciones en las áreas urbanas para abastecer de carne y leche a sus poblaciones. Este nuevo aprovechamiento, lejos de significar un cambio hacia la intensivización respecto al anterior, mantiene o incluso incrementa la presión sobre los pastos al constituir estos recolectados y secados el alimento de los animales (64).

En cuanto a los sistemas ganaderos de las poblaciones del sur, se constatan cambios mas profundos que redundan en una nueva dualidad productiva, a la vez espacial y social, y también directamente heredada de la colonia, entre un sector subsistencial y otro comercial. Ambos no son equiparables, a diferencia de otros ámbitos, con agricultura tradicional y agricultura de plantación, o con pequeña o gran propiedad, ya que, en líneas generales, las diferencias técnicas y sociojurídicas entre las explotaciones del Sahel (exceptuando quizás a Sudan) son pequeñas. Se trata, por tanto, de una diferenciación de naturaleza socioeconómica entre aquellas áreas y comunidades con predominancia de los cultivos destinados al autoconsumo alimentario, y las que tienen una orientación productiva mas comercial.

El peso de los principales cultivos alimentarios (cereales, tubérculos y legumbres) es muy superior al de los comerciales (cacahuete, algodón y sésamo), que no llegan a ocupar el 15% de la superficie agraria total (65) y son minoritarios también en la producción global (66).

No obstante, hay que tener en cuenta que gran parte de las producciones alimentarias no están destinadas al autoconsumo de las unidades familiares. Por el contrario, son comercializadas en los centros urbanos o incluso se exportan: en concreto, hablamos de los nuevos cereales (maíz, trigo, arroz), algunas legumbres secas, gran parte de las hortalizas y frutas, y también de la carne y la leche. Esto explicaría el fuerte aumento de muchos de estos productos, en función de su destino comercial (68), aunque, como veremos, mas por factores externos a la iniciativa campesina que por el interés económico que finalmente adquieran para los productores. Utilizando este concepto amplio de "cultivo comercial" (destinado tanto al mercado interno como externo) podemos, pues, sospechar que su peso es, si no mayoritario, desde luego muy importante.

TABLA Vlll

EVOLUCIÓN DE LA SUPERFICIE OCUPADA, PRODUCCIÓN Y

RENDIMIENTOS DE LOS PRINCIPALES CULTIVOS EN EL SAHEL (67)


1948 / 50
1970
1989
% + 1950 / 89

Sup
Prod
Rend
Sup
Prod
Rend
Sup
Prod
Rend
Sup
Prod
Rend
Cereales
7790
3965
507
11435
6731
586
17902
10313
576
129,8
160,1
13,7
Tubérculos
198
718
3608
260
1167
4483
325
1349
4153
64,1
87,9
15,1
Legumbres
860
200
235
1822
466
256
3084
648
271
258,6
317,5
15,6
Cacahuete
1362
876
3837
2400
1584
5722
1934
1666
7107
42,0
90,2
85,2
Algodón
475
81
-
1016
299
-
887
384
-
86,7
374,1
331,5
Sésamo
223
137
584
837
314
376
1068
291
272
378,9
112,4
-53,5

La extensión de estos cultivos parte de la época colonial, a través en un principio de grandes explotaciones mas o menos tecnificadas y bajo la dirección de compañías o colonos de la metrópoli, desarrollando especialmente el cacahuete y, algo mas tarde, también el algodón (los dos cultivos de exportación básicos en el Sahel). Herencia directa de este periodo es la pervivencia de este tipo de explotaciones (ahora gestionadas por el Estado o grandes propietarios) en sectores localizados (69). Aparte de estos cultivos especulativos, también se abordan proyectos de expansión de nuevos productos comerciales (sobre todo arroz para el consumo urbano) en grandes perímetros irrigados (70).

Sin embargo, puede afirmarse que, hoy en día, una parte muy importante de la producción comercial (incluida la de exportación) no procede de estas grandes explotaciones privadas o estatales, sino que se origina en las subsistenciales de las comunidades campesinas, que se han visto obligadas a combinar estos cultivos con los de autoconsumo por la necesidad de obtener ingresos para hacer frente a los crecientes gastos (impuestos, insumos) y, sobre todo, por la presión de los gobiernos nacionales (71).

De esta forma, hoy no puede entenderse la dualidad sector subsistencial/sector comercial como una dicotomía de explotaciones, sino únicamente de orientaciones productivas. Los campesinos intentan en un principio combinar ambas (72), pero esta complementariedad se rompe con la crisis de los años 70 (y no únicamente por motivos climáticos), hundiendo la producción de subsistencia y perjudicando a la comercial, de forma que se aumenta la especialización en la que parece mas rentable.

Se provoca así un deslizamiento hacia la dependencia alimentaria y el endeudamiento campesino (con el aumento de los costes de producción transporte e intermediarios comerciales), que neutralizan los posibles efectos positivos de los cultivos de exportación (aumento de rendimientos y productividad, mejora de la aptitud del campesino, capitalización de las explotaciones). Además, cada vez mas ambos sectores constituyen dos compartimentos estanco, al ir orientados insumos, créditos, semillas, infraestructuras e investigación a los segundos, en detrimento de los primeros (73).

Finalmente, el indicador mas claro de la evolución reciente de los sistemas agrarios lo podemos encontrar en los rendimientos (ver tabla 8). Se constata desde 1950 un crecimiento pequeñísimo de los de los cultivos alimentarios (74) frente a otro mas fuerte del cacahuete y el espectacular aumento en los rendimientos del algodón (dejando claras las prioridades). Aun en el ultimo caso, se mantienen muy por debajo de la media mundial y, por supuesto, de los rendimientos obtenidos en los países desarrollados.

Este es probablemente el problema fundamental de la agricultura del Sahel, al que se ha intentado poner solución a través de toda una serie de proyectos de intensivización productiva, promovidos desde los Estados, multitud de organismos e instituciones internacionales, o directamente desde las propias comunidades campesinas, con resultados dispares. En los dos primeros casos, han consistido en general en la adaptación de políticas y técnicas importadas de Europa y Estados Unidos (aunque también de algunos países socialistas), dirigidas además a los cultivos comerciales (la ganadería y los cultivos alimentarios han quedado completamente al margen), que en conjunto se han mostrado completamente desadaptadas de las condiciones ecológicas y realidades socioeconómicas de los espacios donde se han aplicado, desde la introducción del arado (75) hasta los grandes proyectos de mecanización (76), pasando por la subvención a factores de producción importados (tractores, abonos químicos, pesticidas) (77) y, sobre todo, por los grandes acondicionamientos para regadío (78).

Por contra, las experiencias basadas en la iniciativa y los recursos locales, a pesar del escaso apoyo financiero, parecen estar consiguiendo mejores resultados (79), indicando el posible camino a seguir en los procesos de intensivización agrícola.

Estos proyectos de intensivización, junto con la promoción que implican de los cultivos comerciales, han tenido también una incidencia fundamental en la transformación de los regímenes de tenencia de la tierra y las relaciones sociales de las áreas rurales.

Según algunos autores (80), en el Sahel y en África subsahariana ha dominado y aun domina un peculiar sistema de tenencia (puesto que la noción de "propiedad" es completamente ajena), en el cual la tierra aparece ligada a los linajes, llevándose a cabo la explotación por unidades familiares, con derecho a ocupar sus parcelas a perpetuidad siempre que las cultiven, y redistribuyendo luego en su interior todos los medios de producción y las cosechas. Este régimen ha tendido a mantenerse, a pesar de la irrupción de la propiedad capitalista, por razones de seguridad social (81).

Sin embargo, en los últimos años se tiende a destruir esta herencia histórica por la conjunción de dos fenómenos externos: el interés de los gobiernos y las élites urbanas y rurales (y también de ciertos organismos internacionales) en desmontar el sistema (82) por "ineficaz", y el progresivo proceso de endeudamiento campesino por las desfavorables coyunturas climáticas, políticas de precios y aumento de los gastos (costes, impuestos).

La consecuencia del proceso es el acaparamiento de tierras en manos de grandes latifundistas y empresas, con un cambio del régimen de tenencia de la tierra hacia la propiedad privada o una cierta propiedad "feudal", que, en todo caso, se traduce en la transición del control autosuficiente de la producción a la dependencia y el desempleo del campesinado, es decir, en la proletarización de las relaciones sociales (83).

Finalmente, para comprender el hundimiento de la producción alimentaria en el Sahel, aparte de los factores considerados, hay que tener en cuenta la estructura de los mercados agrarios nacionales e internacionales, que perjudican al sector subsistencial de dos formas:

--Al componente de exportación, con el hundimiento de los precios internacionales, debido a la afluencia al mercado de otras producciones mas competitivas y, sobre todo, a la degradación de la tasa de intercambio (paridades de moneda y de precios), establecida por los compradores en situación de monopolio u oligopolio. Las pequeñas explotaciones se muestran incapaces de aguantar las perdidas, y se endeudan rápidamente, perdiendo el control de sus tierras. Esta es la razón por la que los cultivos comerciales arruinan al sector subsistencial.

--Al componente alimentario, con el mantenimiento de bajos precios para las producciones, por la aplicación de políticas fuertemente anticampesinas que buscan fundamentalmente garantizar el abastecimiento de las ciudades y mantener la rentabilidad de los cultivos comerciales; pero también por las importaciones masivas de cereales subvencionados, o incluso gratuitos (84), procedentes de los países desarrollados, que hunden los precios, bloquean los estímulos para la producción alimentaria y cambian las dietas alimenticias de las ciudades.

Las grandes explotaciones comerciales, privadas y estatales, también se ven afectadas por esta aleatoriedad de los mercados internacionales de productos agrarios, pero sin embargo resisten gracias a su mayor capacidad de endeudamiento y a costa de drenar (en el caso del Estado) los recursos necesarios en otras áreas.

Del análisis realizado hasta el momento sobre las estructuras agrarias cabe extraer una conclusión evidente, que relaciona su situación con el déficit crónico creciente de alimentos en el Sahel; y es que, si bien este ha sido agravado por la presión demográfica y la degradación de los ecosistemas, tiene su raíz en la profunda depresión que esta experimentando en la actualidad el sector alimentario subsistencial, en base a sus bajos rendimientos, pero sobre todo por la promoción del sector comercial y de exportación, la enajenación de las explotaciones campesinas y el mantenimiento de unas condiciones de mercado extraordinariamente hostiles para los excedentes rurales. Y también parece bastante evidente que estos factores son consecuencia de la estrategia de los agentes económicos internacionales que operan, mas o menos directamente, a través de las élites y gobiernos del Sahel.

Por lo que respecta al otro sector clásico de explotación colonial, la minería, esta no ha dejado de ver disminuir su importancia específica en los últimos dos decenios (85), por los mismos problemas que aquejan a las materias primas agrícolas, fundamentalmente el descenso de los precios en los mercados internacionales, fijados al antojo de los países desarrollados.

Otro problema importante es el aumento de los costes energéticos, componente básico de las actividades de extracción. De todas formas, las amplias reservas minerales de la región (86) mantienen la posibilidad de una explotación futura, que en las condiciones actuales respondería al abastecimiento de la industria del Norte mas que a una inversión de estos recursos en un desarrollo propio.

Finalmente, en lo referente a las estructuras industriales (87), el escaso peso que protagonizan en la distribución sectorial del P.N.B. (ver tabla 7) y, especialmente, en la generación de empleo, es un primer rasgo distintivo del sector secundario en el Sahel, quizás con la única excepción del Senegal (88). No obstante, llama la atención el hecho de que el valor de los bienes industriales triplique en porcentaje a la población activa que los fabrica, lo que transmite una cierta sensación de dinamismo económico que conviene analizar.

El origen del "proceso de industrialización del Sahel" arranca de la independencia política, momento en el que las élites gobernantes, formadas en Occidente, intentan dar prioridad a la gran industrialización como motor del desarrollo (pasando por encima de la primera revolución agraria), creando empresas estatales con las rentas de las exportaciones de materias primas. Estas iniciativas se basaban en una fuerte capitalización, unos costosos equipos (89) y la disponibilidad de una mano de obra cualificada, condiciones todas bastantes extrañas a la realidad de esta región africana.

De esta manera, tanto la dificultad de financiación como, sobre todo, la estrechez, pésima articulación (90) y escaso poder adquisitivo de los mercados internos hacen fracasar esta política en cuanto la primera crisis del petróleo dispara los costes (abastecimiento energético, mantenimiento e importación de bienes de equipo).

Así, entre 1970 y 1981 se constata un débil crecimiento, e incluso una disminución de la producción industrial "per capita", sustituyéndose la estrategia de las grandes industrias muy capitalizadas ("catedrales en el desierto") por otras pequeñas iniciativas de inversiones someras, no necesariamente estatales, que alcanzan un especial desarrollo en el caso del Senegal (91).

Sin embargo, el predominio de esta estructura industrial ligera (92), la escasa competitividad de unas producciones acosadas por la entrada legal y el contrabando (93) de manufacturas baratas provenientes de Europa, Extremo Oriente y Nigeria, y el constreñimiento de la ya raquítica demanda interna provocado por las políticas de ajuste estructural, están teniendo como consecuencia en la actualidad también el desmantelamiento de este tipo de pequeña industria (94).

Si a estos problemas añadimos las malas perspectivas de industrialización en la región a corto plazo, improbable con capital y hacia mercados exteriores (95), y difícil movilización los recursos endógenos si previamente no se consigue un crecimiento apreciable de la financiación y el mercado interno (es decir, un desarrollo agrícola y rural autentico), podemos concluir en que la situación del sector industrial en el Sahel, lejos de mostrar una dinámica progresiva, es de bloqueo y estancamiento, por mas que su mínimo desarrollo sea una necesidad tan acuciante (en términos de consumo y empleo) para la población como la mejora agrícola. Como consecuencia de esta atonía productiva generalizada, cada ano miles de personas pasan a engrosar el sector informal.

El intercambio desigual

Para completar el recorrido sobre la persistencia de las influencias externas en las estructuras productivas sahelienses, conviene detenerse brevemente en el comercio exterior a través del volumen y estructura de los intercambios, así como la evolución de los precios de los mismos.

En una primera aproximación a la balanza comercial del Sahel, se aprecia que esta es fuertemente deficitaria, disparándose el valor de las importaciones entre 1970 y 1980 sin que el aumento de las exportaciones lo pueda cubrir (96).

TABLA IX

ESTRUCTURA DEL COMERCIO EXTERIOR DEL SAHEL (97)


1970
1980
1986

Exp.
Imp.
Exp.
Imp.
Exp.
Imp.
Combustibles
1,1
6,5
5,7
17,9
3,7
12,2
Otros prod. primarios
92,2
26,9
86,7
24,8
85,3
26,7
Manufacturas
6,7
66,5
7,6
57,3
11,2
61,1

Observando la estructura de los intercambios, se pueden extraer varias conclusiones sobre la dinámica económica del Sahel: por un lado, la dependencia absoluta en los ingresos de la exportación de materias primas agrícolas y minerales, si bien la de manufacturas esta experimentando un apreciable incremento porcentual (98). Por otro, la importación masiva de manufacturas. Se produce así el esquema tradicional de la división internacional del trabajo, distorsionado sin embargo por un nuevo fenómeno: el peso significativo de las importaciones de alimentos (99) a lo largo de las dos ultimas décadas, revelador de la insuficiencia de la producción alimentaria, pero también relacionado, como ya se ha comentado, con la política agraria de los países desarrollados.

Aparte de estas importaciones alimentarias, también se compra petróleo para abastecer las necesidades energéticas y, sobre todo, bienes de equipo para las empresas estatales, maquinaria y ciertos bienes de consumo suntuarios destinados a las ciudades (100).

En cuanto a la estructura de las exportaciones, el rasgo dominante es la dependencia de uno o dos productos primarios, bien materias primas minerales en los casos de Mauritania (cobre y hierro representan el 32% de las exportaciones totales), Senegal (los fosfatos y el petróleo llegan al 25%) y, sobre todo, Níger (jel 76% de sus ingresos provienen del uranio!); agrícolas en Burkina Faso (la mitad de las exportaciones son de algodón), Chad (animales vivos entre el 50% y el 60%, algodón entre el 25% y el 30%), Gambia (el cacahuete aun proporciona la tercera parte de los ingresos), Malí (dependiente de los animales vivos A0/50%--y el algodón--25/50%--) y Sudan (el algodón aporta el 50%); o pesqueras y sus derivados transformados en Senegal (30-35% de las exportaciones totales).

Pero aparte de esta desequilibrada estructura comercial, el factor fundamental para explicar el agudo déficit comercial al que se ha llegado en los anos 80 es la degradación continua de los términos de intercambio a lo largo de la década, gravando las importaciones de manufacturas y hundiendo los precios de muchas materias primas minerales y, sobre todo, agrícolas (101).

TABLA X

TÉRMINOS DE CAMBIO DEL COMERCIO DEL SAHEL (102)


1970
1980
1986
EXPORTACIONES
100
280
208
Combustibles
100
2.326
1.584
Otros prod. primarios
100
258
186
Manufacturas
100
269
282
IMPORTACIONES
100
420
379

ara controlar este desequilibrio crónico de la balanza comercial, se ha recurrido desde los anos 70 a varios mecanismos y políticas:

La ayuda internacional, en su mayoría publica, que en las ultimas dos décadas se ha dirigido con profusión a esta parte de África (103). Desde hace unos años, esta compuesta en su mayoría por ayuda de urgencia a las poblaciones y recursos para mantener el funcionamiento del sector publico; el resto va a parar a las infraestructuras (grandes presas, sobre todo), los servicios básicos y a los sectores mas rápidamente productivos (fomento de la agricultura de exportación, prospecciones y apertura de nuevos yacimientos mineros). Es decir, la ayuda va dirigida en su mayoría a los medios urbanos y a los sectores orientados al exterior, marginando las explotaciones de subsistencia donde es mas necesaria (104).

El endeudamiento exterior ha sido desde principios de los 70 la política de reequilibrio financiero preferida por los gobernantes sahelienses. Dirigido hacia los grandes proyectos económicos estatales (industrialización, infraestructuras de regadío, servicios sociales), no ha llegado a adquirir grandes proporciones en cifras absolutas (entre otras cosas, por la escasa solvencia que estos países ofrecen a la Banca Internacional), aunque si en las relativas (105).

Por ultimo, desde la pasada década se han aplicado políticas de ajuste estructural, impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional con el objetivo de evitar el desequilibrio entre la demanda interior y la producción nacional mas las importaciones financiables, vía reducción drástica de las ultimas y aumento de las exportaciones. La subida de los precios de los productos básicos, la reducción de la demanda de las clases sociales mas pobres y el refuerzo de los sectores de exportación parecen ser las únicas consecuencias de esta política, ya que las tendencias y prioridades de inversión se mantienen estables, y por tanto también permanecen las causas que generan el déficit financiero y comercial.

La supeditación política

El mantenimiento del control político de los gobiernos independientes por parte de sus antiguas metrópolis (especialmente el desarrollado por Francia sobre sus ex-colonias de la África Occidental Francesa), y la reproducción de la guerra fría entre los dos bloques politico-militares en un ámbito muy propicio a las experiencias de inspiración socialista, se traducen en la generación de toda una serie de presiones y conflictos regionales (106) para mantener el equilibrio de influencias en esta parte del mundo. Pero mas allá del puro reparto de áreas de influencia con un objetivo estratégico o de "prestigio", lo que subyace en este control político es el control de los abundantes recursos agrícolas y minerales de los países sahelienses.

Especial atención merece la activa política desarrollada por Francia, combinando las presiones económicas y políticas con esporádicas acciones militares (en el caso de Chad), para defender sus intereses en la zona y aislar la "revolución" libia de Gaddafi (107) (evitando su mas que improbable exportación a otros países). El vehículo de control mas utilizado es la alianza con las élites políticas y militares de los distintos Estados, alianzas que varían con sorprendente oportunismo en función de las coyunturas políticas de los gobiernos africanos. Desde este punto de vista, la consecuencia mas importante de este control geoestrategico es el bloqueo de cualquier iniciativa política que vaya encaminada a alterar la situación de privilegio de estas élites (108), o los principios económicos de la dominación externa.

Como consecuencia de la especialización y atonía productiva, el intercambio desigual y la supeditación política, que se alimentan a si mismas, encontramos el refuerzo de la dependencia. Una dependencia alimentaria, con un sector subsistencial hundido por los cultivos comerciales, los bajos precios y las políticas productivistas occidentales; una dependencia financiera, por la especialización primaria, pero también por las desfavorables tasas de intercambio impuestas por el mundo desarrollado; una dependencia social, con unas prestaciones sociales ínfimas y en disminución (sobre todo en las áreas rurales), una proletarización creciente y una bipolarización progresiva entre la masa de campesinos arruinados y los "nuevos ricos" acaparadores de la tierra; y una dependencia política que hipoteca la autodeterminación de las comunidades, rurales y urbanas, supeditando sus intereses a los de las corporaciones económicas y estatales de los países desarrollados, vía las élites autóctonas que los defienden.

La consecuencia practica de la dependencia es, pues, el deterioro, sistemático a lo largo de la década de los 80, de las condiciones de vida de la creciente población, que se manifiesta también en el descenso del P.N.B. per capita de 316 dólares (constantes de 1980) en 1970 a 303 en la actualidad (1986) (109). Pero, en esta ocasión, no puede echarse toda la culpa al neocolonialismo.

HAMBRUNA Y DESIGUALDAD

(también algunos africanos bloquean el desarrollo)

E1 predominio urbano

Este fenómeno, generalizado hoy en día tanto al mundo desarrollado como al subdesarrollado, adquiere en el caso que nos ocupa una dimensión especialmente destacable, por cuanto las ciudades gozan de una serie de ventajas asistenciales (mayor cobertura alimentaria, mejores servicios sanitarios y educativos) sobre los espacios rurales, que no hay que olvidar agrupan a las tres cuartas partes de la población del Sahel. Esta diferencia merece algunas reflexiones.

Si nos remontamos algunos decenios hasta el inicio del reciente proceso de urbanización del Sahel, encontramos su origen en la ya comentada desarticulación productiva y social de las áreas rurales (además de en la explosión demográfica). El éxodo rural derivado de la falta de perspectivas en el campo es también fomentado por la vocación urbana de los nuevos Gobiernos independientes, que concentran la mayor parte de su actividad (administración, inversiones, servicios) en las grandes ciudades, y mas propiamente en la capital de cada Estado. Esta pequeña porción del territorio absorbe de esta manera una parte muy notable de los recursos humanos y económicos en la región.

La estructura urbana de estas capitales, dentro del caos aparente derivado de su rápido y desordenado crecimiento, se caracteriza por una acusada segregación morfológica, funcional y social, como consecuencia de la actuación de los agentes urbanos privados (a través de los precios del suelo) y, sobre todo, de los mismos Estados, que acondicionan con lotificaciones regulares y algunos servicios esenciales (111) el terreno de los nuevos asentamientos. Las dos principales unidades de esta estructura serian:

El sector moderno o europeo, en una posición privilegiada (112), vertebrado en torno a grandes viales urbanizados y ajardinados, flanqueados por modernos edificios y viviendas unifamiliares construidas imitando tipologías europeas. Se trata del área neurálgica de la ciudad, donde se ubican los organismos administrativos (ministerios, embajadas), edificios públicos (grandes hospitales, Universidad, salas de congresos, etc.), y las sedes de las grandes entidades financieras y empresariales (nacionales y transnacionales), coexistiendo con áreas residenciales de gran calidad urbanística habitadas por las élites urbanas.

TABLA Xl

POBLACIÓN DE LAS CAPITALES DE ESTADO EN EL SAHEL (110)


1960
1987
2010
% Pob.Urbana
Uagadugu (Burk.)
59
442
1.550
73
Yamena (Chad)
88
402
1.500
26
Banjul (Gambia)
28
45
350
28
Bamako (Mali)
132
740
3.200
48
Noatkotch (Maur.)
6
350
750
52
Niamey (Niger)
123
400
2.100
34
Dakar (Senegal)
375
1.210
6.200
48
Jartum (Sudan)
246
557
-
12
TOT. CAPITALES.
1.056
4.146
15.650
32

Alrededor aparecen un extenso conjunto de áreas suburbiales, formando una malla deficientemente articulada en torno a las vías de comunicación (ferrocarril, carreteras), que contrastan con el núcleo principal por su completa falta de equipamientos urbanísticos y sociales, una tipología edificativa basada en la autoconstrucción con materiales de desecho, la pluralidad funcional (113) y una composición social que agrupa a las clases mas bajas de la nueva sociedad urbana. Este es el destino de las nuevas oleadas de inmigrantestrurales, que se instalan en las parcelas de otros miembros de la familia o el linaje, densificando la ocupación hasta llegar al hacinamiento por colapso de los ya de por si escasos servicios disponibles (114).

A pesar de la existencia de algunos espacios intermedios (áreas residenciales de funcionarios medios), se puede intuir por que una estructura bipolar como la descrita ha pasado a convertirse en el principal problema político de los gobiernos sahelienses por su explosividad social, lo que, en gran medida, explica la preferencia concedida a las áreas urbanas en las inversiones con respecto a las rurales, así como el mantenimiento de bajisimos precios agrícolas con el fin de asegurar el abastecimiento de alimentos baratos a las ciudades.

A pesar de que las poblaciones procedentes del éxodo rural intentan mantener la cultura y formas de organización tradicionales, incluidas las solidaridades con el linaje, la difusión del estilo de vida occidental (115) esta introduciendo el progresivo abandono de los valores tradicionales, sin que puedan ser sustituidos por un consumismo inalcanzable, creando un lógico desarraigo social no traducido aun, por la juventud del fenómeno urbano, en los graves problemas de violencia que afectan a muchas ciudades de otras regiones subdesarrolladas.

Las posibilidades de empleo para toda esta población emigrada se concentran en la escasa industria existente, en los servicios tradicionales (comercio, transporte) y, sobre todo, en un creciente sector informal. Este abarca multitud de pequeñas actividades, desde la recuperación y venta de basura y chatarra a todo tipo de comercio ambulante, pasando por un sinfín de prestaciones personales, imaginativa respuesta de la población a la insuficiente capacidad de las estructuras productivas urbanas para absorber a la mano de obra, que s610 consigue paliar el fuerte paro estructural, sin llegar a crear empleos estables o productivos.

Finalmente, la explicación fundamental a esta preeminencia urbana la encontramos en la continua transferencia de recursos y capitales a las ciudades, con varios orígenes:

La consecuencia mas clara, por tanto, del proceso de urbanización en el Sahel es el desvío de la riqueza generada en el campo para sostener a las improductivas ciudades, a costa de bloquear la capitalización de las estructuras productivas y la extensión de los servicios sociales rurales y, en definitiva, a costa de la depauperación y la ruina de los campesinos y la agricultura, que se verán así obligados a engrosar la lista de los emigrados, cerrando un circulo vicioso que hunde en el subdesarrollo a la región.

La desarticulación de la sociedad civil: burocracia, militarismo y sociedad de clases en el Sahel

Tras la independencia, accede al poder la clase política de funcionarios educados en la escuela colonial, fuertemente impregnados, por tanto, de cultura occidental. Esta primera oleada de regímenes republicanos, laicos y occidentales, es sustituida rápidamente por otra de regímenes militares (116), apoyados casi siempre en las élites locales, que organizan una férrea estructura administrativa, fuertemente centralizada, basada en el rígido sistema burocrático heredado de la colonia y con dos objetivos inmediatos:

Estos objetivos se logran a través del intervencionismo sistemático, dirigido al crecimiento macroeconómico y financiado con la ayuda exterior y las rentas de las materias primas de exportación, de forma que se llega a una situación de aguda hipertrofia del sector publico, sobredimensionado en cuanto al numero de sus funcionarios y el consumo no productivo de recursos y capitales internos y externos (el 12% del P.N.B., de una manera directa, en 1986), destinados a mantener el funcionamiento de toda la maquinaria.

El proceso descrito esta relacionado, pues, con la entrada de los militares en los gobiernos del Sahel, de forma generalizada a lo largo de los anos 60. A partir de este momento, el Estado se identifica con el ejercito (118). De esta militarización de la practica política diaria en el Sahel da buena cuenta el volumen de recursos destinado al reforzamiento de los ejércitos (un 30% del presupuesto público en cinco países del Sahel (119)), así como el recurso a la opción bélica en la resolución de los conflictos nacionales y regionales, especialmente en los casos de Chad y Sudan.

Pero también el ejercito (es decir, el Estado) asume, y de una forma cada vez mas clara, la defensa de los intereses de las corporaciones multinacionales occidentales y las élites locales. Estas ultimas constituyen el ultimo vértice del triángulo del poder interno en África. Las nuevas oligarquías económicas y financieras urbanas, herederas de las jefaturas tradicionales, los traficantes comerciales y los morabitos (120), se asocian así a la burocracia en el control de las estructuras productivas sahelienses, progresivamente privatizadas gracias al endeudamiento campesino y estatal, y a la libertad de acción que les permite el manejo de los resortes del Estado.

La corrupción generalizada, institucionalizada también en los eslabones inferiores de esta cadena de poder (la policía, los funcionarios medios y bajos), evidencia así la absoluta desconexión de los aparatos de poder con respecto a las necesidades, intereses y opinión de la población, tanto urbana (masas proletarizadas del sector informal) como, sobre todo, rural, asfixiando la iniciativa y organización campesinas (121).

Con gran dificultad esta desconexión comienza a traducirse, poco a poco, en el surgimiento de formas de oposición política o contrapoderes, y no sólo en las ciudades. También en las áreas rurales, con el desarrollo de toda una serie de iniciativas campesinas de autogestión y descentralización productiva, volviendo a algunas de las pautas tradicionales de organización social de la producción y la toma de decisiones. La movilización de las comunidades en el Burkina Faso de Thomas Sankara, o los recientes acontecimientos en Malí y Senegal permiten intuir que algo se esta moviendo en el Sahel.

Conclusión: hacia una nueva geografía de la pobreza

El resultado final de los procesos referidos en el Sahel se manifiesta ahora, tras tres décadas de independencia política, por un lado en la desarticulación productiva entre los diversos sectores económicos, directamente relacionada con el modelo de "desarrollo" impuesto; y por otro lado, por el desequilibrio espacial y social en el reparto de la riqueza, que se traduce en la hipertrofia urbana y el repliegue rural, y compromete seriamente el futuro de estas sociedades.

El resultado es la proletarización y dependencia creciente de las clases mas pobres, avanzando hacia la profundización en una "sociedad de clases periférica"(122) muy polarizada, estimulada por la "liberalización" de la actividad económica propiciada por el F.M.I. y el Banco Mundial en los últimos anos y la alianza cada vez mas estrecha entre estas élites, las estructuras políticas y militares del Estado y el capital y los gobiernos internacionales, encontrando todos beneficios mutuos de la misma.

En la cúspide de este "proletariado del siglo XXI" (en la pobreza también hay niveles) encontramos a los trabajadores y pequeños "empresarios" urbanos (obreros industriales, artesanos, comerciantes, escalas inferiores de la Administración), germen de lo que pudiera haber sido la clase media regional, empobrecidos tras una década de crisis y liberalismo mundial.

Después vendrían las masas urbanas del sector informal, auténticos artesanos de la supervivencia y componente fundamental (en continuo crecimiento) de las ciudades, siempre en mejor posición que las depauperadas y sometidas comunidades campesinas del sur del Sahel, eje de la producción alimentaria y, también, principal víctima propiciatoria de su hundimiento y de la dependencia.

Ascendiendo en la escala de la pobreza, llegamos hasta las comunidades de la banda saheliense, arruinadas por el avance del desierto, la degradación de los ecosistemas, el crecimiento demográfico y hasta la represión de los aparatos estatales. Estas son las víctimas primeras de la hambruna, y los "beneficiarios" teóricos de la ayuda alimentaria del Norte.

Finalmente, en todas estas subclases podemos individualizar otra categoría, en la base de este circulo de pobreza: las mujeres del Sahel (y con ellas, sus hijos), base de la producción alimentaria, la sanidad y la educación y la articulación de la comunidad, sometidas a la vez a la opresión del orden económico internacional, de los aparatos de poder autóctonos, de la organización social "tradicional" y de la religión (123).

En este contexto, explosión demográfica y desertificación no parecen ser mas que dos dramáticos efectos a añadir a la larga lista de obstáculos al desarrollo y la democracia en esta región africana.