LOS PROCESOS DE DEMOCRATIZACIÓN EN ÁFRICA OCCIDENTAL

Ignasi de Bes

Introducción

Si tuviéramos que resumir en pocas palabras cual es la visión general que tiene Occidente del continente africano hablaríamos de catástrofe económica y guerra generalizada -esta ultima ya en forma embrionaria o al descubierto-lo que llevaría a esperar un futuro, tan inmediato como a corto plazo, marcado por la miseria y la confrontación.

Pero del conocimiento directo de la realidad de los pueblos africanos y de la interpretación reflexiva de su historia, se desprende lo sorprendente que seria que estos pueblos, que han sobrevivido a siglos de trata negrera y dura explotación colonial, estuvieran llegando a su final.

Motivos de inquietud en la situación actual los hay y el análisis que sigue intenta mostrar algunos de ellos.

Desde la independencia se detecta en estos países, una excesiva burocratización económica debido al papel omnipresente del Estado, una principal o única fuente de recursos detentada por los grupos occidentalizados, un funcionariado que produce una amplia redistribución familiar y ambición de promoción de numerosos escolarizados. En los años 80, esta situación se convierte en insostenible a partir del endeudamiento estatal y, por tanto, fracasa este modelo.

En el plano ideológico hay una omnipresencia del Estado junto con una falta de lucha de clases, que desemboca hacia el partido único. Por contra, emerge una clase social cuya fuente de riqueza exclusiva es el Estado.

Poco se invierte en la industria y nada en el campo, pero los salarios crecen y los empleos en la Administración también. La exportación agrícola disminuye a porcentajes irrisorios mientras que el volumen de las manufacturas importadas aumenta considerablemente.

El desencanto producido por la inoperancia de los pesados aparatos administrativos facilita golpes militares. Estos acaban reforzando la posición de los grupos funcionariales, ensanchando la base social del Estado al introducir a parte del ejercito en los quehaceres burocráticos y comerciales.

Por ultimo mencionar la tan conocida dependencia económica provocada por unos precios establecidos en la metrópoli, por unas redes de comercialización controladas por el exterior, por unas entidades financieras occidentales que otorgan créditos impagables, por el escaso capital autóctono, y por la nula inversión internacional a excepción del rentable sector extractivo.

El gran vacío durante estos años es la economía de mercado, flanco desguarnecido de algo mas de tres décadas de independencias estatales. Algunos países intentan resolverlo mediante la relación preferencial con la antigua potencia colonial y otros impulsando una política de apoyo del bloque del Este o del Oeste, les parece mas solución fiable que promover acuerdos con sus países vecinos.

Se ha creído en el crecimiento económico -la abundancia productiva y consumidora-, como motor de toda transformación social. Pero el fracaso de los planes desarrollistas ha levantado grandes dudas sobre tales planificaciones o planificadores y sobre la posibilidad de abandonar el mundo del subdesarrollo por parte de los países africanos.

Parece que se quiera evitar la discusión entre una u otra causalidad, porque llevaría con toda seguridad a afirmar la inoperancia e inviabilidad de esos planes desarrollistas y/o una duda razonable de que las perspectivas de futuro de abandonar la terminología de países en vías de desarrollo tenga su fin.

Repercusiones en África Occidental del fin de la guerra fría

El desmoronamiento del bloque socialista y la autosatisfacción del bloque vencedor han proporcionado el argumento innovador: la democracia institucional es la condición previa para cualquier despegue económico.

A lo largo de toda la pasada década, el Fondo Monetario Internacional ha ido impulsando a los gobiernos africanos hacia una doble política: basada, por un lado, en el realismo monetario y, por otro, en la desestatización de la economía. La deuda externa en África en 1990 fue del 115% del Producto Nacional Bruto, mientras en 1980 fue del 28% (1). En términos generales, esto significa, que la deuda absorbe en sus pagos mas de una cuarta parte de sus exportaciones.

La burocracia estatal africana es una realidad que sobrepasa los limites de los Estados definidos como socialistas. Tanto exceso burocrático ha sido exhibido por regímenes considerados moderados (Costa de Marfil, Camerún, Zaire, Liberia), como los llamados socialistas, marxistas o no (Benin, Etiopía, Guinea Conakry).

África ha sido orientada por sus dirigentes hacia el desarrollismo y, en esa vía, liberalismo o socialismo solo han sido métodos diferenciados para alcanzar el mismo objetivo. En la práctica gubernamental, liberalismo y socialismo han utilizado un buen numero de comportamientos idénticos: el mismo exceso de funcionariado, el mismo monopolio riguroso del comercio de exportación e importación y, con frecuencia, un parecido discurso nacionalista orientado a conseguir una mayor productividad y competitividad en los mercados. Los resultados han sido parecidos en uno u otro tipo de régimen.

El discurso estatalizador del socialismo real atrajo a un sector de los militares que obtuvieron la colaboración de universitarios marxistas en Benin, Etiopía, y en fechas mas recientes, en Ghana y Burkina Faso.

Nada vario, sustancialmente, con el triunfo de las guerrillas marxistas en las colonias portuguesas. Se pensó que en los países como Guinea Bissau se iba a desterrar la organización colonial y a romper con la dependencia exterior. Pero no fue así: si la ayuda recibida en potencial humano fue por parte de cubanos y soviéticos, las ventas e importaciones siguieron efectuándose, ahora en el bloque del Oeste. En el interior, la fuerza de los nuevos Estados se dirigió a un control estricto de toda la actividad económica e ideológica, hasta el extremo de lograr la parálisis productiva y la revuelta social, entre otros destaca Guinea Bissau. En este ultimo caso, desde el golpe de Estado de 1980 gobierna el General Joao Vieira, que ha convocado elecciones multipartidistas para 1993.

Los regímenes llamados "afromarxistas" se han caracterizado por sus intentos de crear movimientos populares de exaltación nacional y productiva, y por la persecución obsesiva de cualquier actividad no decidida por la planificación gubernamental que han llevado a cabo.

Hay que señalar que por todas esas razones, ya en 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y se inició la descomposición acelerada del bloque socialista, el socialismo africano arrastraba ya una larga crisis interior.

Quisiera recordar que por las mismas fechas regímenes moderados o aliados del Oeste estaban alcanzando asimismo niveles de bancarrota económica y de aislamiento popular.

Cerrada la mitología desarrollista se abrían las posibilidades de un giro político hacia el multipartidismo y el parlamentarismo que todos habían rechazado durante mas de un cuarto de siglo, ya sea por la propia debilidad o fragilidad de las estructuras estatales, por una conflictividad étnica provocada por el pasado colonial, o bien por una combinación de las dos.

Rechazados los partidos únicos en el interior y presionados por los poderes financieros exteriores, las renuncias constitucionales al partido único e incluso al marxismo han producido ya cambios espectaculares en los tres últimos años. En Benin, la oposición gana las elecciones legislativas y presidenciales en 1991, poniendo fin a diecinueve anos de gobierno marxista del coronel Mathieu Kerekou, nombrando a Nicephore Soglo presidente del país en marzo del mismo ano. Por otro lado, en Burkina Faso se preparan elecciones de incierto resultado para los gobernantes socialistas.

El hundimiento del socialismo no sólo ha acabado con los regímenes africanos ya desahuciados, sino que también ha evidenciado la crisis de un buen numero de gobiernos anticomunistas, que durante el pasado hicieron valer su papel de bastiones del anticomunismo en África, eludiendo así toda sanción punitiva a sus despilfarros y represiones. Los gobiernos de estos países, también con la economía "en caída libre", se enfrentaron con revueltas sociales. Ese es el caso del general Eyedema, de Togo, que después de veinticinco años en el poder se enfrenta con una oposición mejor articulada y con una reiterada demostración de descontento social por un deterioro paulatino de la economía del país, en el que la deuda externa ascendía en 1990 a 1,1$ billones (2).

También en el Zaire, el presidente Mobuto se esta enfrentando con una posición mejor articulada y con una reiterada demostración de desórdenes manifestaciones producidos por la grave crisis económica que sufre el país, por las practicas represivas y corruptas que se ejercen en la sustentación del poder. Actualmente, sus tradicionales aliados (Estados Unidos, Francia y Bélgica) están presionando para que se inicie el proceso democrático. También es destacable el caso de Bongo en Gabón, que esta siendo presionado por Francia, desde siempre fiel valedor de sus intereses. Esta presión empezó ya a dar sus frutos con la convocatoria de elecciones en octubre de 1990, en las que la oposición estuvo cerca de obtener la mitad de escaños de la Asamblea Nacional. El proceso de estos dos países se ha mencionado ya que refleja con claridad la situación que vive el continente africano, aunque geográficamente no están encuadrados en el área de estudio.

Los gobiernos de todos estos países han tenido que modificar sus Constituciones unipartidistas o aceptar como Primeros ministros a antiguos opositores.'

También han caído regímenes dictatoriales como el de Moussa Traore, en Malí, donde después de la masacre llevada a cabo en la capital durante la represión de los disturbios de marzo de 1991, un equipo militar arrestó al presidente, poniendo fin a sus veintitrés años de poder. En este país, los generales han prometido la promulgación de una Constitución democrática y la convocatoria de elecciones multipartidistas.

Panorama y procesos democráticos en África Occidental

La democratización parlamentaria en el continente africano va siguiendo su proceso. De las cinco ex-colonias portuguesas, tres ya han apostado por la democratización y las dos restantes están en vías de su tramitación. De catorce países ex-colonias francesas, seis han tomado medidas hacia la democracia en el último año. De catorce ex-colonias británicas, sólo dos han llevado a cabo reformas pluralistas. Sin contar con el caso peculiar de Botswarra, que desde su independencia, en 1966, dispone de Constitución y de saludable vida política con periódicas elecciones democráticas. Mas adelante analizaremos los países de la África anglófona que se encuadran en el área de estudio. )

En Cabo Verde, el sistema de partido único concluyó en septiembre de 1990. En Sao Tome y Príncipe se realizaron elecciones legislativas en enero de 1991 y presidenciales en marzo. En Guinea-Bissau ya se han establecido 8 los planes democratizadores para 1993.

En el África Occidental francófona, cabe destacar el caso de Senegal, con su pobreza extrema en recursos por hallarse en zona saheliana y disponer de escasas materias explotables. Con una Constitución parcialmente democrática desde 1977 y plenamente desde 1981, el país tiene en su activo una rica vida política como lo demuestra la incorporación al gobierno de los principales oponentes, Abdoulaye Wade, uno de los jefes históricos de la oposición, es ministro de Abdou Diouf en 1991. Existe desde hace mas de una década una oposición legal, aunque débil.

Costa de Marfil se ha enfrentado a movimientos sociales y estudiantiles que han-creado desórdenes en la capital desde principios de la década de los 90. Este país, que atraviesa una grave y profunda crisis económica (los valores de las exportaciones de café y cacao cayeron de 1,5$ billones en 1986 a 776$ millones en 1989 (3)), ha pasado de ser exhibido como modelo estrella del Banco Mundial, en 1980, a que el Fondo Monetario Internacional reconociera la seriedad de su crisis en 1989. En este país, la oposición ha ido organizándose con un líder, Laurent Gbagbo, que dirige un partido político clandestino. Su acción empezó a dar frutos cuando se convocaron las elecciones parlamentarias en mayo de 1990, aunque con poco éxito. En noviembre del mismo año, el partido en el gobierno obtuvo 163 diputados de 175 a pesar del claro descontento de la población, lo que evidenció un proceso falto de transparencia. Consecuencia de lo cual, en febrero de 1992 se convocó una manifestación, dirigida por Gbagbo, en contra del deterioro de la situación económica y para exigir unas elecciones multipartidistas y limpias que dieran relevo al presidente Felix Houphouet-Boigny, quien ostenta el poder desde hace treinta y dos anos. Como resultado de esta manifestación, uno de los mas trágicos alborotos acaecidos en el país, se encarceló a los líderes de la oposición.

En Togo la situación es sumamente confusa desde una manifestación estudiantil en favor del partido único con una posterior convocatoria de elecciones en 1986 que el presidente Gnassingbe Eyadema gana por un 99,7% de votos de un 98% de concurrentes (4), a que el general Eyadema se vio obligado a nombrar como primer ministro a Joseph Kokou Koffigoh, surgido de la oposición, debido a las reiteradas demostraciones de descontento popular y paulatino deterioro de la economía del país. Pero el nuevo gobierno liderado por Koffigoh se ha encontrado conque la mayoría del alto funcionariado y Fuerzas Armadas, están copados aun por el grupo étnico del presidente, Kabye (5). Por ello el 26 de agosto de 1992, los ocho partidos de la oposición junto con el Primer ministro se vieron obligados a firmar un convenio con los militares togoleses, por el cual la mayor parte de poder que obtuvieron del presidente Eyadema el año pasado en la conferencia nacional vuelve a las manos de este ultimo. Koffigoh ha disuelto su gobierno de transición en el que uno de sus objetivos era convocar elecciones parlamentarias para finales de 1992; en la actualidad se ve forzado a formar nuevo gobierno, presumiblemente, con imposiciones del presidente Eyedema que ostenta el poder desde el golpe de Estado que dirigió en 1967.

En el África Occidental anglófona, Ghana y Nigeria han seguido procesos que podrían considerarse paralelos en el aspecto de que han alternado gobiernos democráticos con experiencias dictatoriales.

Ghana esta siguiendo un proceso que autodenomina revolucionario, iniciado en 1989, año en el que se llevaron a cabo elecciones para 110 Asambleas de Distrito. Jerry Rawlings, teniente de la Fuerza Aérea, permanece determinado a mantener la iniciativa política. En el discurso de Año Nuevo, en 1991, Rawlings aceptó por primera vez la necesidad de un orden constitucional y sugirió que todas las anteriores Constituciones civiles debían ser usadas como guía para la redacción de una nueva Constitución, en la que se incluirá el derecho de libre asociación en partidos políticos. Parece que el partido en el gobierno, PNDC (Provisional National Defence Council), desde el golpe de Estado de diciembre de 1981 parece decidido a estar presente en las elecciones. Se barajan dos posibilidades, la que miembros del PNDC se integren dentro de los dos partidos políticos tradicionalmente dominantes, liderados antaño por los ya desaparecidos Dr. K. A. Busia, UP (United Parly) y Kwame Nkrumah en CPP (Convention People's Party), y la otra posibilidad es que el PNDC se presente como tal, por temor a que otro partido pueda rentabilizar las posibles ganancias de la pasada década de austeridad. Otro organismo creado en agosto de 1990, Movement for Freedom and Justice (MFJ), trabaja por la restauración de la democracia multipartidista y esta en contra de que se establezca un sistema bipartidista o tripartidista, ya que aspira a convertirse en una nueva fuerza política sustentado por el apoyo que ha obtenido de diversas asociaciones y organizaciones ghanesas. El gobierno de Rawlings que desde 1983 implantó el Programa de Ajuste Estructural esponsorizado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ha mejorado en algunos aspectos la economía del país pero a altos costes sociales, el crecimiento anual durante los últimos diez años es del 5% pero en el mismo periodo la moneda local se ha devaluado de 1$ = 2C a 1$ - 400C (Cedi) (6).

Nigeria, conducida por el carismático general Ibrahim Babangida, inicio en 1986 su proyecto de dotar al país de un sistema bipartidista, en un intento de solucionar los graves problemas sociales que periódicamente sufre el país: diferencias religiosas y rivalidades étnicas. El proyecto se basa en aglutinar y potenciar dos grandes grupos en el que prime la ideología. A lo largo de 1991 se efectuó el censo que comporto grandes dificultades y en 1992 se inició el programa de transición política, para instaurar el gobierno civil el 3 de enero de 1993. Parece que se han cometido muchas incorrecciones en el proceso de transición por ello las expectativas no son nada esperanzadoras, si a ello se le incluye la corrupción y el paulatino aumento de la desigualdad social, además de un constante empobrecimiento económico (la renta anual per capita de 1980 era alrededor de 1.000 $ para pasar en 1990 a 250 $ (7)), el futuro democrático del país se esta tambaleando.

Conclusiones

La democracia parlamentaria, en los países africanos, no ha dado créditos pero si consejos desde las entidades financieras internacionales. Las recetas del Fondo Monetario Internacional son ya muy conocidas: créditos austeros a cambio de políticas económicas basadas en el llamado ajuste estructural. Medidas básicamente monetaristas, con la intención de cortar la inflación y terminar con la mediación estatal en la producción agrícola e industrial. Pero se enfrentan con el grave problema del funcionariado y la devaluación de la cotización de los productos locales. En la actualidad se descarta la posibilidad de efectuar fuertes inversiones en infraestructura, por tanto pocas actividades productivas podrán realizarse por iniciativa privada, que se espera y desea sustituya al Estado-patrón. Las inversiones privadas, casi en su totalidad, buscan una rentabilidad a corto plazo por considerar las inversiones a largo plazo demasiado arriesgadas, con ello se potencia el comercio exterior que crea una enorme diferencia en la balanza de pagos en la que las importaciones superan desorbitadamente a las exportaciones.

La desconexión de África de la economía mundial no se esta realizando por una deliberada decisión africana, sino porque los intereses financieros no incluyen al continente en sus previsiones. El dilema del Estado africano, al que se aconseja democratizarse para favorecer la recuperación económica, se encuentra en un callejón sin salida: la opresión tributaria que le permita acumular capital o los créditos internacionales que le eviten el conflicto social. Uno comporta el empobrecimiento de la población, el otro aumentar su deuda externa ya impagable.

NOTAS

(1) The Economist, vol.315, nº 7.649,7 de abril de 1990, pág. 15.

(2) The Economist, vol. 315, nº 7.659,16 de junio de 1990, pág. 64.

(3) The Economist, vol. 314, nº 7.647,24 de marzo de 1990, pág. 59.

(4) The Economist, vol. 315, nº 7.659, idem.

(5) Kabye es el grupo étnico al que pertenece el general Eyadema; el grupo está geográficamente situado al norte del pais, y no representa más del 15% de la población total de Togo.

(6) The Economist, vol. 324, nº 7.773,22 de agosto de 1992, pág. 36.

(7) Africa Confidential, vol. 33, nº 11, 5 de junio de 1992, pág. 3.

Ignasi de Bes es licenciado en Historia de América. Su tesis de licenciatura versó sobre "Los ashanti y la incidencia de su sistema matrilineal en la resistencia a la colonización ". Ha sido profesor de la Universidad de Ghana y Benín. Es autor de varios artículos sobre África Contemporánea. Prepara su tesis doctoral sobre "Ias relaciones entre los imperios británicos y ashanti ". Miembro del Centro de Estudios Africanos de Barcelona.