ESTAMBUL, "CUMBRE DE LAS CIUDADES: SOBRE ASENTAMIENTOS HUMANOS" HABITAT II, JUNIO DE 1996.
(El equipo técnico de la Secretaría del Consorcio "Ciudades y Desarrollo" -actualmente "Ciudadanía y Poder Local", participó activamente en la Cumbre sobre Asentamientos Humanos, HABITAT II, celebrada en Estambul del 3 al 14 de Junio, trabajando en distintas mesas y talleres dentro del Foro de ONGs. Esta breve reseña se propone extraer de lo más destacado de dicha Conferencia como labor estratégica de difusión entre los distintos actores sociales del "espacio local"). + La "Cumbre de la Tierra", celebrada en Río de Janeiro en 1992, reconocía: +el fracaso de los modelos de desarrollo vigentes hasta entonces -recordando que el 20% de la población mundial consume la mayor parte de los recursos, mientras que el 80% viven en o cerca de la pobreza, situación que deja a millones de personas desposeídas, desempleadas, malnutridas, carentes de vivienda...-, +y el daño producido al imponer "sin medida ni razón" las Políticas de Ajuste Estructural que han agravado los efectos de la pobreza y contribuido, más aún, a la degradación de las condiciones de vida humana y del medio ambiente; Y alertó sobre la necesidad de un profundo cambio a nivel global que, con garantías, asegurase el cumplimiento de los derechos humanos y promoviese un desarrollo sostenible, a la vez intra e intergeneracional. + La Conferencia de Estambul, "Cumbre de las Ciudades", se centró en dos ejes principales: 1º Asentamientos humanos sostenibles en un mundo en vías de urbanización; 2º Vivienda adecuada y digna para todos. dentro de un mundo en proceso de urbanización en el que mil doscientos millones de personas, casi la cuarta parte de la humanidad, habita en condiciones precarias y de ellas más de 100 millones carecen absolutamente de techo, y para el año 2000 más de la mitad de la población mundial vivirá en áreas urbanas. Lo que implica que el tipo de vida de esa población dependerá de las condiciones de habitabilidad de las ciudades, bajo un nuevo paradigma de desarrollo humano sostenible. Habitat II ha confirmado que esta situación está íntimamente ligada con el modelo de desarrollo; y más concretamente, con los procesos de internacionalización de la economía: "la aceleración del fenómeno de urbanización es un hecho global que afecta por igual tanto a países desarrollados y del Tercer Mundo, como a ciudades de tamaños muy distintos". Esta globalización de la economía ha producido, respecto al territorio, cuestiones muy concretas: + Los procesos de reestructuración -nueva división internacional del trabajo- han propiciado la concentración de la actividad económica en las grandes metrópolis, lo que supone un incremento de los desequilibrios territoriales (campo/ciudad) y del malestar urbano. En este sentido hay que recordar que en los países del Tercer Mundo el proceso de urbanización es galopante (incremento de las tasas de natalidad y edad promedio de vida, ubicación de procesos industriales, intensificación de las migraciones campo ciudad ...) y está creando grandes masas de desplazados y desarraigados que van a vivir en ciudades sin servicios básicos suficientes, donde se están generando problemas de difícil solución en lo relativo a la vivienda, el empleo, el transporte, la sanidad, la inseguridad ciudadana...etc. + La hegemonía a nivel mundial de políticas neoliberales ha traído consigo posiciones que presentan a las fuerzas del mercado como propulsoras del reequilibrio social y la satisfacción de las necesidades básicas, lo que tiene como consecuencia, según datos de Naciones Unidas, el fracaso de este modelo de desarrollo para más de dos tercios de la Humanidad. Y a efectos territoriales, lejos de producir un crecimiento económico equitativo, han fomentado una gran desigualdad produciendo la proliferación de bolsas de marginalidad y exclusión social, haciendo de la pobreza urbana y la gestión de las zonas metropolitanas, el principal desafío para la consecución de un desarrollo humano sostenible. La Cumbre ha representado, + por un lado, una oportunidad para la reflexión y el debate sobre las problemáticas de los asentamientos humanos a nivel mundial desde todos los sectores implicados: gobiernos y corporaciones locales, universidades, ONGs, asociaciones civiles, políticas, religiosas, profesionales y sector privado. + Y, por otro lado, ha servido para realizar una labor de difusión social -la ciudad la hace su ciudadanía-, y hacer más participe a la población en la búsqueda de soluciones para conseguir asentamientos humanos sostenibles. Sin embargo, como era de temer, la Conferencia que ha constituido un foro de debate y reflexión sobre los problemas del desarrollo urbano sostenible, no ha tenido la repercusión social esperada, ni la asignación de recursos para las ciudades ni, sobre todo, la máxima legitimización de acuerdos por parte de los gobiernos. De la Declaración de Principios y Plan de Acción mundial, podemos destacar: + el reconocimiento del derecho a la vivienda digna y la lucha contra los desalojos masivos; + la lucha contra la pobreza; + la legitimación, de hecho, de la economía informal; + el valor de las autoridades locales como interlocutoras ante Naciones Unidas. A partir de ahora, se abre un ineludible camino de trabajo para la búsqueda de soluciones de cara a un futuro sostenible: esta concepción del desarrollo supone: + un cambio radical protagonizado por las instituciones civiles y democráticas, a la que deben sumarse las religiosas y políticas. + que la práctica de los gobiernos municipales, limitada hasta ahora, salvo excepciones honrosas, a proporcionar servicios básicos, cumplir funciones de control público y facilitar a veces actividades especulativas, abra el debate sobre la descentralización, el planeamiento participativo urbano, el fortalecimiento municipal y la participación ciudadana. Bien es verdad, que la mayoría de los municipios disponen de un potencial tributario reducido que hace casi imposible gestionar adecuadamente los recursos. En este sentido hay que buscar el compromiso de los gobiernos y parlamentos nacionales para proveer de una parte mayor de los ingresos recaudados por vía impositiva para que las autoridades locales, ONGs, comunidades y movimientos sociales puedan desarrollar conjuntamente planes locales para el desarrollo sostenible.. Todo ello supone un cambio de paradigma de/en lo local hacia un modelo sostenible, que prime la democratización de las decisiones, el respeto por la naturaleza, la descentralización de las actuaciones, la distribución equitativa de las oportunidades y el acceso compartido a los recursos. La descentralización debe acompañarse del fortalecimiento y participación de la ciudadanía, de forma que nunca pueda usarse para legitimar la retirada o dejación de responsabilidades de los gobiernos centrales en la ejecución de políticas públicas, o como justificación de procesos privatizadores. De esa forma, lo local emerge como gran protagonista ante la descentralización del Estado para revitalizar la democracia, donde la población y todos sus sectores tenga mayor capacidad de decisión, planificación y ejecución. La tarea no es sencilla y habrá que ir creando Instrumentos concretos de construcción de ciudadanía, como soporte y control de los procesos de descentralización, elaborando estrategias de gestión popular; Habrán de establecer políticas de comunicación constructoras de ciudadanía que posibiliten una conducta sostenible. En este sentido hay que recordar el papel de los medios de comunicación, en este caso locales, como formadores de opinión, cumpliendo funciones de concientización y educación. Deberán abrirse foros de reflexión e intercambio de experiencias. Y, en definitiva, existe la necesidad de que las instituciones locales impulsen las iniciativas de la comunidad, provean los recursos necesarios y estimulen a la sociedad civil, verdadera protagonista del desarrollo sostenible. En Estambul se usó un término -desde los movimientos sociales- que expresa lo que quiso transmitirse: la producción social del habitat, entendida como una forma real de gestión democrática del hábitat que pasa por considerar que el sistema de democracia representativa es una experiencia válida pero no única y siempre superable para la resolución de problemas urbanos en el espacio local. Ante corrientes de deslegitimización política, agudización de los conflictos, pluralidad de la sociedad... habrán de establecerse instrumentos que faciliten la construcción de ciudadanía, con capacidad de gestión y toma de decisiones, formalizándose verdaderos procesos de participación democrática directa: porque es la participación la que construye ciudadanía. Una sociedad más justa, pasa por la gestión democrática de la ciudad basada en la participación, con espacios para la toma de decisiones por parte de la ciudadanía organizada; estableciendo campañas de construcción de ciudadanía, con su universo simbólico y su capacitación técnica y política. El camino para conseguir un futuro sostenible para todos los asentamientos humanos pasa por ir creando procesos donde la producción social del hábitat como conjunto que incluye las dimensiones culturales, históricas, sociales, económicas, políticas, ambientales, legales, físicas y territoriales..., se reconozca como un derecho incuestionable de sus habitantes, mujeres y hombres, para garantizar que la utilización de los recursos y la realización de proyectos e inversiones se ajusten a los criterios de equidad redistributiva. |