Desde esa perspectiva (es decir, no viene al caso pero es para ambientar) uno se pregunta: si se tiene en Colombia todo esto, qué es lo que pasa, cómo es que ocurre la violación de derechos humanos -y más cuando se entiende aquí y en todas partes que los funcionarios judiciales son garantes de los derechos humanos-; si tienen toda esa gama de mecanismos procesales, jurídicos, cómo es que la situación de Colombia es tan grave.
Hace dos semanas Fernando Savater publicó que en Colombia hay cerca de 37.000 muertos no naturales al año. Cuando digo no naturales incluyo de todo tipo: el que es atropellado en un accidente de tránsito, el que es herido con ocasión de un hurto y muere, las masacres, las desapariciones, etc.; entonces viene la discusión de si son 37.000 o no. Supongamos que no son treinta y siete mil sino treinta mil, o son veinticinco mil, de todas maneras parece que la situación es sumamente grave.
Cuando llega eso a la comunidad internacional viene la gran alarma: pero cómo es posible, cómo es que no se sientan y hacen unos pactos, hacen unos acuerdos; por ejemplo, hace unos 14 años, el presidente Belisario Betancur intenta reinsertar grupos de guerrilleros, y en efecto se trató de hacer un proceso de paz, el cual terminaría con la toma del Palacio de Justicia. Eso fue una noticia mundial, el movimiento M-19 penetra en el Palacio de Justicia el 5 de noviembre de 1985, el ejército reacciona, se forma un gran choque, mueren 100 personas, entre ellas 12 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en su mayoría profesores de la Universidad Externado de Colombia, de excelsas cualidades académicas, intelectuales y personales, que jalonaron profundamente nuestra jurisprudencia.
Total, se sigue pensando de manera incoordinada, intermitente y desordenada en el diálogo, en las fórmulas, en las políticas, en la reacción armada; Colombia está gastando billones de pesos en comprar los aviones de guerra, helicópteros con miras nocturnas, armas, tanquetas, fusiles, etc.
Entonces se dice, bueno, por qué no los bloquean a los "violentos". Sin embargo, fíjense que cuando se entra a analizar cuál es el problema de Colombia se tiene que partir primero de la existencia de unos desequilibrios sociales que se han perpetuado desde hace por lo menos unos 50 ó 60 años; es decir, la situación de derechos humanos en Colombia en la que ahora nos encontramos no surgió de un día para otro, eso hay que tenerlo claro porque en el momento en que se plantean las soluciones también hay que comprender que, así nos reunamos hoy y lleguemos a la solución, mañana no va a ser realidad duramos 60 años para llegar a esto, también -¡ojalá no tanto!- vamos a durar años para lograr invertir el proceso.
Nótese que hay campesinos desposeídos, hay una concentración de dinero en 4 ó 5 grupos supremamente fuertes, hay zonas de latifundio, hay zonas de Colombia inmensas que no están siendo explotadas y son de una sola persona mientras hay campesinos que están buscando un cuarto de tierra para trabajar y terminan emigrando hacia las ciudades donde forman cinturones de miseria, cuando no terminan involucrados en la delincuencia común o son reclutados por los movimientos insurgentes.
¿Cuál es el otro problema?. A raíz de todo esto empiezan a formarse grupos, empieza una guerrilla en cierta forma imbuida por el éxito en Cuba -es decir, Castro en Cuba-; se intenta repetir la historia, pero las historias nunca se repiten, y surge una guerrilla con líneas ideológicas marxistas-leninistas, etc. Pero para mantener estos ejércitos guerrilleros se necesita poder económico, y entonces se da lugar al denominado "boleteo", que consiste en solicitar dinero a los ganaderos y terratenientes bajo la amenaza de sus vidas o la de sus familiares, y en otros casos cobra auge el secuestro extorsivo.
Los ganaderos y terratenientes forman los grupos de "autodefensa" -que son grupos paramilitares- con el objeto de defenderse; lo cual cuenta con el beneplácito de la sociedad, e inclusive en alguna época se expidió un decreto que los avalaba y fortalecía. Sin embargo, cuando se tiene ese "poder" ya se empieza a utilizar para todo: para arrogarse competencias "judiciales", para encargarse de la "seguridad ciudadana", para "hacer limpieza social", etc. Luego viene todo el problema de la bonanza de la marihuana, de la droga, y esto va llevando a que los grupos en Colombia se vuelvan difusos; es decir, no hay un grupo claro que sea solamente guerrillero, no hay un grupo claro que sea el ejército, no hay un grupo claro de narcotraficantes ¿Por qué? Porque el guerrillero le cuida los terrenos al narcotraficante, el narcotraficante les da dinero a los paramilitares, lo paramilitares están compuestos -es apenas obvio, o se afirma, para hacer más precisión en el lenguaje- por miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, algunos de los cuales han sido procesados por instituciones como la Procuraduría General de la Nación.
Luego entonces no hay un grupo nítido de narcotraficantes, no hay un grupo nítido de guerrilleros, no hay un grupo nítido de delincuencia común; porque los guerrilleros también secuestran, los guerrilleros también roban, etc. No hay grupos definidos.
Cuando se ve todo ese panorama la única solución es la paz, y la paz en Colombia se viene planteando no desde la perspectiva tradicional de las categorías de Karel Vasak, de verla como un derecho de segunda generación "primero la vida y después la paz", sino que, entre otros, el planteamiento más reciente se hace desde la ética dialógica o dialogante que avala Adela Cortina -con la cual coincido-: la paz es presupuesto para la realización de los demás derechos. No nos sirve andar medio vivos en un terreno de incertidumbre, eso no nos sirve -o sea, no es lo que queremos-, lo que se necesita es la paz, la paz como condición necesaria e imprescindible para la realización de los demás derechos fundamentales.
No queremos tampoco en Colombia que la paz sea entendida como la ausencia de conflicto; no nos basta que no haya conflicto porque mientras persistan las condiciones en el estado en que se encuentran necesariamente a la paz no vamos a llegar. Al pueblo colombiano ya no le interesa como prioridad que a Colombia se le siga condenando, tanto en Tribunales nacionales como internacionales, a indemnizaciones.
Hace poco salieron las condenas con ocasión de la toma del Palacio de Justicia; dijo que el Consejo de Estado que se reaccionó en una forma exagerada, y con ocasión de eso se dio lugar a una falla en el servicio que derivó en la centena de muertos. Salen las indemnizaciones, se condena a la nación y se le paga a los familiares; eso al pueblo colombiano ya no le está interesando, ¿por qué?, porque es una solución de la víctima, porque ese dinero es de los impuestos que nosotros estamos pagando, porque eso es del dinero propio de Colombia, entonces es como sacar de un bolsillo y pasarlo a otro a costa de otros que son los que están haciendo las cosas; luego eso a nosotros no nos interesa como comunidad y superación de nuestro estado de cosas. Que se indemnice está bien pero ¿dónde donde queda la construcción del presente y el futuro para llegar al día en que no haya más hechos por indemnizar?
Tampoco deseamos la denominada aquí "acción militar humanitaria" pues la sola expresión gramatical constituye una contradictio in adjecto. 0 sea, es imposible seguir pensando en eso, nosotros no necesitamos intervenciones de aciones militares humanitarias; eso además de que no existe, es absurdo, es todo y nada, y nunca deja algo bueno. Nosotros no necesitamos tampoco que a las personas en Colombia se les obligue a vivir en convivencia pacífica, a vivir en paz, pues las sociedades democráticas se construyen sobre las tensiones y conflictos sociales de los cuales es, en muchas ocasiones, factor originario el propio Estado; además, si tenemos un problema grave, consecuencia de unas causas estructurales del poder y del Estado de 50 ó 60 años, debemos reconocer un problema de aprehensión de los valores sociales y democráticos por cada grupo sectorial que compone nuestra patria. Esto es, al niño de 10 años que ve cómo los guerrilleros entran y matan a sus padres, violan a sus hermanas, etc., e incendian la casa, no le podemos decir a los 18 años: oye por qué no te comportas como un ciudadano de bien, por qué no vas a la Universidad y estudias derecho y te portas bien. Eso no va a pasar.
Cuando reconocemos un proceso degenerativo, no podemos hacer la paz por decreto, no podemos decir: miren, de aquí en adelante Vdes. dos no se odien, quiéranse. No, no se puede hacer. Se hacen una cantidad de acuerdos en la mesa, pero el gran problema de Colombia son los odios que se han venido transmitiendo de guerra en guerra, y los resentimientos, y la resistencia a tomar actitudes soportadas en valores porque no están las condiciones dadas para ello.