ELABORADA POR LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES REUNIDAS EN RIO DE JANEIRO 3 AL 14 DE JUNIO DE 1992.
Nosotros somos la Tierra, los pueblos, plantas y animales, gotas y océanos, la respiración de los bosques y el flujo del mar. Nosotros honramos a la Tierra como el hogar de todos los seres vivientes.
Nosotros cuidamos la belleza y diversidad de vida de la Tierra.
Nosotros alabamos la capacidad de regeneración de la Tierra como la esencia de toda la vida.
Reconocemos la especial posición de los pueblos indígenas de la Tierra, sus territorios, sus costumbres, y su singular afinidad con la Tierra.
Reconocemos que el sufrimiento humano, la pobreza y la degradación de la Tierra son causados por la desigualdad de poder.
Adherimos a una responsabilidad compartida de proteger y restaurar la Tierra para permitir que los recursos naturales sean utilizados con sabiduría y equidad, de manera de alcanzar el equilibrio ecológico y nuevos valores sociales, económicos y espirituales.
Somos un todo en la diversidad.
Nuestro hogar común está cada vez más amenazado.
Nos comprometemos por lo tanto a llevar adelante los siguientes principios, teniendo en cuenta en todo momento las especiales necesidades de las mujeres, los pueblos indígenas, el Sur y los discapacitados y los desvalidos:
1. Convenimos en respetar, favorecer, proteger y restaurar los ecosistemas de la Tierra para asegurar la diversidad biológica y cultural.
2. Reconocemos nuestra diversidad y afinidad. Respetamos todas las culturas, afirmamos el derecho de todos los pueblos a satisfacer sus necesidades ambientales básicas.
3. La pobreza nos afecta a todos. Concordamos en modificar los
estilos no sustentables de producción y consumo para asegurar la erradicación de la pobreza y la explotación en todo el planeta, lo que implica necesariamente el reconocimiento de que la deuda y la afluencia financiera de Sur a Norte, así como la opulencia y la corrupción son las causas primarias. Nosotros debemos enfatizar y perfeccionar nuestra capacidad endógena para generar tecnología y desarrollo. Los esfuerzos para erradicar la pobreza no constituyen un mandato para la degradación del medio ambiente y los esfuerzos para preservar y restaurar el medio ambiente no deben pasar por alto las necesidades humanas básicas.
4. Reconocemos que las fronteras nacionales no coinciden con la realidad ecológica de la Tierra. Las soberanías nacionales no significan la exoneración de la responsabilidad colectiva de preservar y restaurar los ecosistemas de la Tierra. Las prácticas comerciales y las trasnacionales no deben deteriorar el medio ambiente y deberán ser controladas con miras a alcanzar la justicia social, el comercio equitativo, solidario y ecológico.
5. Rechazamos el militarismo y el uso de presiones económicas como medio para solucionar conflictos. Nos comprometemos a la consecución de una paz genuina, que no significa meramente abstenerse de la guerra sino que supone además la erradicación de la pobreza, la promoción de la justicia social y del bienestar económico, espiritual, cultural y ecológico.
6. Estamos de acuerdo en garantizar que los procesos de decisión y sus criterios sean claramente definidos, transparentes, explícitos, accesibles y equitativos. Quienes por sus actividades puedan afectar el medio ambiente deben probar primero que no causarán daños. Quienes probablemente sean afectados, particularmente las poblaciones del Sur y los que están subyugados dentro de sus Estados, deben tener acceso libre a informaciones y participar efectivamente de los procesos decisorios.
7. Los Estados, instituciones, compañías y pueblos que degradan desigualmente el medio ambiente, causando impactos que son sentidos igualmente por toda Tierra, deben responder proporcionalmente por los perjuicios provocados. Si bien todos somos responsables de mejorar la calidad ambiental, los que se apropiaron y consumieron la mayoría de los recursos de la Tierra o quienes continúan haciéndolo deben interrumpir la apropiación indebida o reducir los niveles de consumo, y solventar los costos de la restauración y protección del medio ambiente a través de los recursos financieros y tecnológicos de que disponen.
8. Las mujeres constituyen más de la mitad de la población humana en la Tierra. Ellas contribuyen en la mayoría de los esfuerzos para alcanzar el bienestar. Hombres y mujeres concuerdan que la condición de la mujer en los procesos de decisión debe reflejar equitativamente su contribución. Debemos sustituir esta sociedad dominada por hombres por otra que refleje, más claramente, el valor de las contribuciones de hombres y mujeres en la promoción del bienestar humano y ecológico. Somos conscientes de que las amenazas a la biosfera, que sustenta toda la vida del planeta han aumentado a tal ritmo, magnitud y escala que la inacción resultaría negligente.
1. Nos comprometemos a adoptar el espíritu y los principios contenidos en la Carta de la Tierra a nivel individual y a través de acciones concretas de nuestras organizaciones no gubernamentales.
2. Utilizaremos los mecanismos existentes y/o crearemos una red internacional de informaciones entre los signatarios, para divulgar la Carta de la Tierra y las conquistas de sus principios a nivel local, nacional y mundial.
3. La Carta de la Tierra será traducida a todos los idiomas del planeta.
4. Nos comprometemos con el OBJETIVO 1995, que propone que las Naciones Unidas, al cumplir sus 50 años, adopten esta Carta de la Tierra.
5. Las organizaciones no gubernamentales del mundo entero comenzarán una campaña conjunta llamada NOSOTROS SOMOS LA TIERRA hasta 1995, por la adopción de esta Carta de la Tierra por parte de la ONU.
6. Toda persona, organización, compañía y Estado deberá dedicar un porcentaje de su presupuesto operacional y de sus beneficios como Porcentaje de la Tierra, dedicado a proteger, restaurar y administrar los ecosistemas del planeta y a propiciar un desarrollo equitativo.
7. Llamamos a un segundo Foro Global en 1999, para evaluar y
reafirmar nuestros vínculos y compromisos, objetivos alcanzados y las metas propuestas en este Foro Global de 1992.