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PRESENTACIÓN

Al tiempo que la Cumbre de la Tierra (así llamada a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Desarrollo CNUMAD), al lado o enfrente, pero no al margen -antítesis en busca de síntesis-, las ONG del mundo -y muy especialmente del Tercer Mundo- celebraron un Foro Global con el compromiso de ir Construyendo el Futuro.

A pesar de las enormes dificultades que hubieron de superar, se reunieron en Río (Junio de 1992) más de mil quinientas ONG -Organizaciones No Gubernamentales- para plantear a los representantes de 172 Gobiernos de otros tantos países -casi todos los del mundo actual-, propuestas de enfoque y búsqueda de solución a los problemas que la Humanidad entera está padeciendo como consecuencia de haber errado en el sistema y modelos de crecimiento socioeconómico que los más poderosos han impuesto, en lo que va de siglo, al resto de los pueblos. Las unía una preocupación común surgida del trabajo en tres campos bien definidos: la defensa y promoción de los Derechos Humanos, la lucha por la conservación y defensa de la Naturaleza y del Medio Ambiente, y la difícil tarea de la Cooperación al Desarrollo Sostenible; en esas tres esferas de realidad era necesario que los gobiernos y la opinión pública del mundo tomasen conciencia no sólo de las amenazas y riesgos que conlleva el modo de organización global al que hemos llegado, sino de que existía una fuerza real en la sociedad civil organizada -los nuevos movimientos sociales y las ONG- que habían demostrado ser, en muchos sentidos, más eficaces y eficientes que los agentes oficiales del desarrollo (gobiernos, bancos, instituciones y organismos intergubernamentales...) que durante los últimos 50 años acapararon recursos y protagonismo... para no conseguir que 3/4 partes del género humano viviente hoy, por el hambre y el subdesarrollo está condenado a no realizar su proyecto de vida.

Esa presencia del movimiento de ONG en una Conferencia de Naciones Unidas creó el precedente para que, de alguna manera a partir de entonces, las ONG hagan oír su voz -de la sociedad civil, de las mayorías empobrecidas, de los sin voz- de forma natural, sin estridencia ni falsas concesiones, en todos los foros internacionales que convoque el alto organismo, sea de Derechos Humanos (Viena, 1993), de Población y Desarrollo (El Cairo, 94), del Desarrollo Social (Copenhague, 95), de la Mujer (Beijing, 95)...

Ese hecho, por su parte, obliga a las ONG a ser más fieles a las causas que representan y al modo de ser y hacer, como No-Gubernamentales, en su relación con los poderes establecidos; pero obliga a los poderes públicos -mucho más si son democráticos- a tener en cuenta y potenciar la fuerza de esa sociedad civil que se articula, vocacionalmente, en campos de acción directa en el corazón mismo de los problemas. Es esa estrecha relación -dialéctica y contradictoria en múltiples ocasiones, pero siempre rica y fecunda para construir futuro- la que Río consagró y la que no convendrá estropear por ninguno de los dos polos. Un pequeño signo de ese espacio de lo posible y nuevo es la publicación conjunta de los Tratados Alternativos que produjeron las ONG en el Foro Global.

El lector comprobará que a la luz de estos cuarenta y seis acuerdos, se entiende mejor el contenido de los cinco tratados internacionales suscritos por los Gobiernos en la Cumbre de la Tierra: La Declaración sobre Medio Ambiente y el Desarrollo, el Convenio sobre Biodiversidad, la Convención sobre el cambio climático, los principios para el consenso sobre/para el desarrollo sostenible de los bosques y la misma Agenda 21.

En estos momentos y de aquí en adelante será tarea ineludible de las ONG -al menos de las agrupadas en los tres tipos que se encontraron en Río- el difundir, expandir y cumplir los contenidos de estos tratados so pena de que ellas mismas pierdan la fuerza que demostraron tener y terminen siendo cómplices de la inoperancia arropada en el discurso vacío. Es verdad que dada la heterogeneidad de intereses que mueven las ONG -tanta como la misma sociedad civil de donde nacen- será difícil lograr unanimidad en los enfoques y planteamientos de aplicación de estos tratados -pero esas diferencias, en ningún momento podrán ser utilizadas como justificación por los poderes públicos, para no apoyar con decisión y recursos a las ONG y su acción...; su obligación será discernir con la máxima objetividad posible quienes son más positivas en el cumplimiento de los acordado en Río-.

Y será misión de la sociedad civil exigir a sus ONG que cumplan lo acordado y defiendan los intereses de los pueblos y de la humanidad más amenazada. De un modo especial quedan emplazados los responsables de los medio de comunicación y de las formaciones sociales y políticas democráticas para que además de respetar la No Gubernamentalidad de las ONG, las exijan que se comprometan decididamente en el cumplimiento de sus mismos acuerdos y busquen por todos los medios el camino para llegar a procesos claros de desarrollo sostenible, no sólo para los pueblos del Tercer Mundo sino para las mismas sociedades del Norte.

Estamos convencidos de que en estos tratados hay doctrina para aprender y orientar, pero sobre todo hay esperanza para conquistar; sólo falta la práctica que los haga verdad.

IEPALA

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