EDITORIAL


Democratizar

la economía, nada menos.

Democratizar la sociedad no es un esfuerzo electoral, sino permanente. Y así como la democratización política no corresponde en exclusiva al Estado sino al conjunto de las personas que en él viven, la democracia económica no es tarea exclusiva de las instituciones sino tamibén de todos los agentes sociales implicados: consumidores y proveedores, trabajadores y directivos, parados y pensionistas, empresarios y legisladores, es decir, ciudadanos y ciudadanas que viven el hecho económico en casi todos los actos de la vida cotidiana. El sistema económico que nos habita por dentro y por fuera sostiene por esencia el poder del más fuerte (económica, financieramente) que prevalece en la mayoría de los casos. Bástenos señalar, en la multitud de ejemplos que podrían citarse, sólo uno: a muchos empresarios les resulta más barato pagar las multas por envenenar al medio ambiente, que adecuar su tecnología y métodos de trabajo a la legislación actual. ¿Una legislación más restrictiva? Más importante que ello es potenciar la democratización de la economía desde la sociedad civil, desde la corresponsabilidad social. Tiene más valor, y no precisamente en términos económicos, trabajar por una sociedad justa que por un Estado justo. Que el Demos le enseñe al Kratos el camino, y no al revés.
Antonio Pons. Presidente de REAS-REPRIS