
N° 7
ABRIL
1996
...TEXTO COMPLETO
ECUADOR Y LA SEGURIDAD INTERNACIONAL
En este número publicamos los resultados de una extensa entrevista
que Francisco Rojas Aravena, Co-Director del Proyecto Paz y Seguridad en
las Américas sostuvo con el Comandante en Jefe del Ejército
ecuatoriano, Paco Moncayo. En esta reunión, efectuada en Quito el
26 de marzo de 1996, se abordaron diversos temas de la agenda de seguridad
hemisférica y de la situación actual del Ecuador.
El General Paco Moncayo es autor de varios libros. De los más recientes
se destacan: Fuerzas Armadas y Sociedad (Universidad Andina Simón
Bolívar/Corporación Editora Nacional, 1996). Ecuador: Geopolítica,
Poder y Paz (Editorial Escuela Politécnica del Ejército, 1994).
Ensayos sobre Seguridad Nacional (1996).
Seguidamente se destacan las opiniones y visiones del General Moncayo sobre
seguridad regional, resolución de conflictos, MCM, integración
y el futuro del Ecuador.
I. LA SEGURIDAD HEMISFERICA Y LOS REGIMENES DE SEGURIDAD EN
NUESTRA REGION.
Los conceptos de seguridad, a pesar de tener un origen común, se
han ido adaptando a las realidades concretas de los distintos países.
En este sentido, en el Ecuador, se ha ido desarrollando una doctrina de
seguridad ecuatoriana. Este es el primer punto, porque se generaliza cuando
se piensa que la seguridad nacional es una doctrina impuesta desde los centros
de poder para manipular políticamente los estados, débiles
o dependientes a través del estamento militar respectivo.
Los fundamentos de la doctrina de seguridad sí pueden calificarse
de comunes, y cuando se habla de seguridad en la post guerra fría
hay criterios coincidentes sobre la necesidad de redefinir los términos.
El marxismo, especilamente Lenin, propuso una interpretación del
Estado, calificándolo como un simple aparato de la clase dominante
de turno, en el desarrollo de la humanidad. Desde esta perspectiva simplista
se definió a las fuerzas armadas como aparato represivo, a la Iglesia
-el opio de los pueblos- como aparato ideológico, a la burocracia
como el aparato administrativo.
Durante la guerra fría el marxismo logró unificar a los enemigos
comunes, o sea, la amenaza del comunismo en contra de la iglesia, fuerzas
armadas, propietarios e imperialismo terminó provocando, frente al
enemigo común, la unión, por lo menos táctica de actores
sociales con intereses contradictorios que, en la práctica, no tenían
otras razones para una alianza cohrente. Con el término de la guerra
fría parecería que estos sectores comienzan a interpretar
las amenazas y a percibir sus intereses desde otra óptica. Los grupos
de poder económico, por ejemplo,interpretan de una manera simplista
las nuevas realidades de la post guerra fría. Piensan que, desaparecidos
los comunistas y en economías globalizadas ya las fuerzas armadas
no tienen la importancia de cuando fueron el escudo frente a los comunistas.
Algo similar pasa con los estados centrales, el otro gran blanco del ataque
marxista.
Ahora parecería que, desaparecida esta amenaza, especialmente para
los EE.UU., como evidente centro de poder- no sé si calificarle como
centro imperial- los ejércitos latinoamericanos habrían perdido
toda importancia, desde luego desde la perspectiva de sus propios intereses
y percepción de las amenazas. Todo esto hace que la seguridad sea
percibida en otros términos en días de la post guerra fría.
Yo estoy con Toffler en la idea que esta es una percepción demasiado
optimista y simplista de la seguridad. Y si uno quiere ser más realista
-no pesimista- sólo es cuestión de voltear hacia atrás
las páginas de la historia. Ya hubo épocas de auge liberal,
en las que se penscents que se acabarían los conflictos, hubo filósofos
de la paz - Kant fue uno de ellos-, que cantaron al advenimiento de una
paz permanente y ensalzaron al libre comercio como la base de esta nueva
relación. Y, sin embargo, ahora sabemos lo que pasó después.
Dos guerras mundiales y millones de muertos. De manera que cuando hablamos
de la seguridad tenemos que hacerlo con perspectivas y con bases en la historia.
Cuando hablamos de una seguridad continental debemos pensar en que es lo
que une al continente. El tantas veces mentado sistema americano. Para algunos
no hay un sistema americano, sino que varios subsistemas, con serias contradicciones,
que podrían llegar a convertirse en antagónicos.
En América se expresa de la manera más cruda la relación
norte-sur. El sueño de construir un mercado común americano,
es una utopía, por la enorme distancia que existe entre el norte
desarrollado, y el resto de los países, al sur del río Bravo.
Un sistema de seguridad se concibe cuando hay intereses comunes y cuando
se persiben amenazas comunes. Para que haya un sistema americano de seguridad
tendríamos que comenzar a aproximar los intereses y en ese sentido
puede ser bueno hablar de un mercado común americano a futuro. Por
otra parte, puede ser de mucho interés para el norte y para el sur,
en la medida que la humanidad podría estar reincidiendo en errores
similares a los de inicios de siglo; con una competición que podría
no ser exclusivamente ideológica sino por mercados y materias primas,
situación en la cual polos económicos concretos van cambiando
la perspectiva unipolar estratégica a una multipolar geoeconómica.
Entonces, podría ser interesante para América constituir un
sólido bloque continental. Resumiendo, tendríamos que aproximar
primero los intereses. No se puede hablar de un sistema de seguridad americano
cuando los subsistemas tienen intereses encontrados y peor, pueden enfrentar
relaciones antagónicas.
Algo que podría configurar esta unión -entre los países
americanos- son las amenazas. El TIAR fue el fruto concreto de una amenaza
extracontinental que se logró percibir como amenaza común.
Ahora hay otras amenazas, poco más sutiles, menos configuradas, pero
tan dramáticas como las antiguas. Entre estas están el narcotráfico,
la corrupción y las concepciones de grupos violentos que aun
existen en algunos países del continente. Por ejemplo en Colombia
y en Perú, el discurso de los grupos violentos es un discurso marxista
y algunos analistas consideran que el suyo es un fracaso apenas temporal,
y que el marxismo como cosmovisión e ideología no ha fracasado,
sino que ha tenido resultados negativos como una aplicación concreta
en un rea concreta.
Entonces las amenazas comunes y los intereses compartidos tendrían
que ser la base para poder pensar en reconfigurar un sistema americano de
seguridad.
OTRO INTERÉS COMPARTIDO: EL DESARROLLO
En cuanto a otros intereses positivos, hay algunos que están relacionados
con amenazas y con intereses globalizados antes que sólo americanos,
por ejemplo, la protección al medio ambiente se encuentra en tan
grave nivel de deterioro que puede llegar a ser catastrófico. Otro
aspecto fundamental, de interés compartido, es la lucha contra la
miseria y la pobreza. En ese sentido, la creación de intereses compartidos
tiene que pasar por el logro de un sistema económico regional que
permita un mínimo equilibrio en los niveles de desarrollo del norte
y el sur. Del Río Bravo para abajo, hemos aplicado todas las recetas
económicas que se nos han sugerido o impuesto y ninguna de ellas
ha servido para sacarnos de la situación de atraso. Hoy mismo, los
países han vendido todo su capital social, han incrementado sus deudas
externas y sin embargo no se vislumbra, ni lejanamente, la anhelada recuperación
económica.
En el caso ecuatoriano de 13 millones de habitantes, 4 son pobres. Para
ellos existe como en los años 70, una premura por mejorar. En los
años 70 se hablaba de la "impaciencia del progreso", como
uno de los factores que alimentaba los movimientos subversivos y se buscaban
fórmulas econométricas para hablar de los índices de
frustración percibida. Con los actuales niveles de frustración
e impaciencia, lo que puede esperarse es que haya otro mensaje a lo mejor
no marxista, pero otro, que pretenda el cambio violento de un sistema que
defrauda a la mayoría de los asociados. La historia puede repetirse.
Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con
la misma piedra. El surgimiento de los regímenes fascistas en Europa,
en Alemania, en Francia, en España e Italia, fue el resultado de
la frustración de las grandes masas frente a la terrible crisis a
la que condujo un capitalismo deformado, especulativo y concentrador.
Así es que, si buscamos caminos positivos que permitan configurar
un sistema de seguridad continental, tendría que ser en base de la
búsqueda de un desarrollo, algo armónico, porque lo peligroso
es que la brecha se siga ampliando. No hay ningún indicador que nos
permita pensar que la brecha entre los EEUU y los países latinoamericanos
haya disminuido.
II. LOS REQUISITOS PARA UN REGIMEN INTERNACIONAL EXITOSO EN
NUESTRO CONTINENTE
Traté este tema en un libro - tesis para optar a la licenciatura-
que se llamó América Latina, Geopolítica e Integración,
en el que casi como subtítulo planteaba los aspectos que unen y que
separan al continente. Uno de los factores que se han vuelto principales
son las contradicciones interlatinoamericanas por asuntos de fronteras.
Durante la guerra fría hubo una contradicción dominante, que
apaciguó estas rivalidades fronterizas. Se percibía que existía
un peligroso enemigo común. Los factores territoriales seguían
siendo un elemento que obstruía los intentos de integración,
aunque pasaron a segundo plano. Al percibirse como menor o inexistente la
amenaza comunista, están comenzando a salir a flote y a principalizarse
estas contradicciones, que estaban secundarizadas por esta otra percepción
de una amenaza. En este sentido, todo lo que se haga en América Latina
para buscar una solución pacífica a estas controversias va
a ayudar para pensar un sistema de seguridad colectiva. No puede pensarse
en un sistema cooperativo de seguridad con hipótesis de guerra entre
países.
Para que se institucionalice la seguridad a nivel colectivo, es necesario
que las organizaciones internacionales, que tienen estructuras importantes,
lleguen, de una vez por todas, a ejercer un papel protagónico como
elementos básicos de la diplomacia preventiva de conflictos que permita
mantener un ambiente de paz. Deben ganarse la confianza y la credibilidad
de los pueblos de América. Hay también estructuras militares
propias de la misma OEA, que han sido constituidas y enfocadas casi con
exclusividad a la amenaza soviética y del comunismo, que están,
por fin, estudiando nuevos escenarios que les deben forzar a actualizarse
y modernizarse, me refiero a la Junta Interamericana de Defensa y al Colegio
Interamericano de Defensa, como los ejemplos mas representativos.
Entonces, más que crear nuevas instituciones, deberíamos valorizar
las que ya existen.He escuchado y leído sobre algunas propuestas,
sobre una posible integración político-militar a nivel latinoamericano.
Al respecto pienso que no se puede ignorar la circunstancia concreta de
la presencia de la única superpotencia en nuestro continente: hacerlo
podría llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Al remontarse al
pasado se descubre que es gracias a los Estados Unidos que los latinoamericanos
hemos podido conocernos, conversar entre nosotros, comenzar a entendernos,
y esto, especialmente en el campo militar.
Hay que partir de la realidad de que somos un continente en el cual est
la única superpotencia político estratégica, una de
las potencias económicas, el país con más capacidad
de poder y de influencia en el mundo. Y que aquí también está
América Latina aquejada de permanente intrascendencia, por la propia
debilidad de su poder, que alcanzó una mínima importancia
para los EEUU cuando hubo la amenaza comunista y que antes y después
de Cuba no ha tenido ninguna significación estratégica.
EL ROL DE LAS MEDIDAS DE CONFIANZA MUTUA
La confianza puede ser un elemento importante, pero no "el elemento"
trascendental en las relaciones entre los países. Considero que no
hay mejor forma de confianza mutua que superar los problemas de dividen
a los pueblos. Si se mantiene un grave problema, se tiene que buscar la
solución y la confianza mutua llegar por añadidura,
pero si se tiene un problema gravísimo entre dos estados la confianza
o no existirá jamás o por lo menos será difícil
que se produzca. Ahora, no por eso estoy en desacuerdo en que las medidas
de confianza puedan ayudar a una solución del problema y, en esa
perspectiva, es importante que se tomen estas medidas. Sin embargo, lo mejor
sería buscar alguna forma de juridicidad que obligue a los países
latinoamericanos a llevar los problemas territoriales ante tribunales dignos
de toda la confianza por su sabiduría e imparcialidad. Es preciso
reconocer que el derecho internacional peca de una falta de coacción
que imposibilita imponer la normatividad. Deberíamos tener un mecanismo
obligatorio de solución de controversias, para poner fin a estos
conflictos que tanto daño hacen a América Latina. No obstante,
existe una serie de obstáculos para establecer este mecanismo. El
concepto de soberanía que todavía sigue siendo central en
las relaciones internacionales, y el temor, no injustificado, de los países
pequeños, de débil poder, de que suceda en el ámbito
internacional lo sucede en el ámbito interno; que exista un derecho
igual para seres desiguales, y que pueda justificarse el intervencionismo
de las potencias en los asuntos de los estados pequeños en beneficio,
se entiende, de los intereses de las potencias.
LA RELACION ENTRE SOBERANIA E INTERDEPENDENCIA
La soberanía es un elemento fundamental en el derecho internacional,
es como la coacción en el derecho interno y mientras no se modifique
la propia estructura del sistema internacional y no se cree un derecho internacional
auténtico, las soberanías van a seguir siendo el eje que articule
las relaciones internacionales. Todo esquema de integración, al mejorar
la capacidad de poder, mejora la capacidad de soberanía. Se produce
un efecto sinérgico. Un Estado sin poder puede llamarse soberano,
pero no es un Estado soberano. Todos influyen en sus decisiones tanto internas
como externas, y hacen de ese Estado lo que a los intereses de los actores
de mayor poder, conviene. Así es que creo que no debemos oponernos
a la integración, todo lo contrario, debemos apoyarla desde perspectivas
de complementariedad e interdependencia. La historia de la integración
latinoamericana es de frustración, no ha funcionado la ALADI, no
ha funcionado el Pacto Andino, porque se nos ha planteado desde una ambiciosa
perspectiva utópica. Se necesita pragmatizar las relaciones. Me parece
que est teniendo mayor éxito un pacto pragmático, como
es el Mercosur, el que se ha planteado metas concretas que se están
alcanzando.
A lo largo de la historia latinoamericana, hemos querido hacer todo y terminamos
con enormes frustraciones por no establecer metas concretas. No se pueden
integrar los países cuando son naturalmente competidores. La integración
tiene que construirse, no puede llegar automática ni espontáneamente.
Debe crearse las coherencias, provocarse la complementariedad. Lo primero
es complementarnos entre nosotros y después hacia afuera. Primero
las coherencias internas, luego las subregionales, y así sucesivamente,
de menos a más.
LAS RELACIONES CIVILES-MILITARES
Este tema debe ser analizado a la luz de las realidades concretas. En Ecuador,
por ejemplo, las relaciones civiles-militares, han sido relaciones diferentes
a las de otros países. Nosotros hemos tenido un excelente nivel de
relaciones cívico-militares, en el último conflicto con Perú
se observó eso. Nosotros hemos logrado una identidad como pueblo,
que admira a las personas que llegan del exterior. Ahora que las relaciones
cívico-militares se han puesto de moda, se supone que en todas partes
el mal es igual y que la receta tiene que ser la misma. No pueden aplicar
en Ecuador el mismo esquema que en Argentina o en otros países.
LA PARTICIPACION DE CIVILES EN EL AMBITO DE LA SEGURIDAD
En América Latina se presenta una gran deficiencia, la seguridad
ha sido percibida como un tema militar. Mientras que los anglosajones lo
consideran como un tema político y lo enfrentan los políticos.
En efecto, la capacitación en temas de esta índole es mínima
en nuestros países. Eso se puede corregir inmediatamente, tiene que
haber más gente en el nivel político preocupándose
de los temas de seguridad y ver que los referidos a la seguridad no son
temas militares, sino que son temas de Estado.
UNA PERSPECTIVA LATINOAMERICANA
La aproximación entre fuerzas armadas latinoamericanas, políticos
y cientistas sociales, que están relacionados con el área
de la seguridad, ayuda para que se produzcan iniciativas originales. Considero
que la capacidad latinoamericana para generar ideas e iniciativas es muy
rica. No sé por qué siempre tenemos que estar esperando que
las iniciativas vengan desde el norte. Yo creo que todos los contactos que
logremos hacer entre los países para conversar sobre estos temas,
para conocer qué han hecho unos, cómo han solucionado circunstancias
y problemas similares otros países, nos pueden ayudar a todos.
El asunto es que estos temas deberían debatirse en un foro más
amplio. Porque los clubes internacionales que se conforman y que a ratos
tienen el carácter de exclusivos pueden debatir desde una perspectiva
poco consistente. Insisto en que deberíamos revalorizar los órganos
que actualmente existen. Tenemos el organismo regional de las Naciones Unidas
más antiguo, con más experiencia, con más práctica
y tenemos el único órgano, tal vez, que ha generado un derecho
internacional regional conocido y respetado, de manera estas iniciativas
deberían tomarse en ese nivel.
EL FUTURO DEL ECUADOR
El Ecuador es parte de un sistema más amplio y los escenarios a futuro
van a estar profundamente influenciados por lo que pase en el marco regional,
vecinal, y sub-regional. En este sentido, lo que pase en el Ecuador del
futuro va a depender mucho de la evolución de las relaciones bilaterales
con el Perú. Se puede definir dos escenarios: uno con solución
y otro sin solución al problema territorial.
Por otra parte, nosotros por la propia dimensión de nuestro mercado,
somos muy vulnerables a los eventos externos. Debemos observar con atención
para aprender de otras experiencias, de manera que, depender mucho
de los éxitos o fracasos de otros países (El caso de los modelos
Fujimori, Menem o el chileno) para que el Ecuador que va detrás,
viendo los errores - aunque no siempre corrigiéndolos - pueda adoptar
unas u otras políticas, y producir los ajustes necesarios a su propia
realidad.
El Ecuador tiene sus ventajas, a pesar de la dimensión escasa de
su territorio y de su población, es un país rico en recursos.
Pienso que debemos tratar de perfeccionar la democracia, valorizar los elementos
fundamentales de la democracia. Aquí nosotros hemos hechos las cosas
al revés, en lugar, por ejemplo, de reforzar el sistema de partidos,
hemos dado acceso a los independientes, causando un enorme caos político.
Los partidos son los articuladores de las demandas y los patrocinadores
de respuestas a esas demandas. Son indispensables a la democracia.
Estos son algunos de los correctivos que van a necesitarse para alcanzar
una política madura. Creo que superando estos elementos, que son
los que traban el desarrollo del Ecuador, con un liderazgo político,
con una buena clase dirigente, con una mayor cultura política, Ecuador
puede ver con cierto optimismo el futuro.
El Ecuador enfrenta el desafío de alcanzar un nivel de desarrollo
que permita legitimar el sistema democrático, asumirlo como un sistema
indispensable y útil para el desarrollo material y espiritual de
las personas y comunidades. Hay que alcanzar un sistema económico
que genere empleos. Si seguimos con altas tasas de desempleo, las presiones
por subvenciones serán altas y causarán presiones cada vez
mayores sobre el gasto fiscal, principal causa del círculo vicioso
de inflación y devaluación que pauperiza al Estado, lo vuelve
no competitivo o crea una falsa competitividad sustentada en la degradación
del capital humano y los recursos naturales. Hay que poner énfasis
en el desarrollo económico del país, como un reto que debe
de ser enfrentado por todos para mejorar las condiciones de toda la gente.

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