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De acuerdo a las estimaciones de CELADE, la esperanza de vida de los venezolanos es de 71 años al iniciarse los años noventa. Esto representa un aumento apreciable comparado con el comienzo de los años cincuenta, cuando tal indicador grueso de salud se situaba en torno a los 55 años.
Las mujeres han aumentado más que los hombres esa expectativa de vida: en los años cincuenta la diferencia entre los sexos era de 2,8 años a favor de la mujer, cifra que aumentó a 6,2 años al empezar los años noventa. Este notable aumento de la diferencia entre géneros, uno de los más altos de América Latina, tiene varias causas: por un lado, la mortalidad femenina es sensible al desarrollo del sistema sanitario, especialmente en cuanto al riesgo obstétrico, y por el otro, el proceso de modernización, con elementos como la urbanización y la industrialización, provoca un aumento ostensible de la mortalidad masculina, referida fundamentalmente a los accidentes (de tránsito, industriales, etc.).
Ciertamente, estas cifras de esperanza de vida son un promedio nacional que necesitaría desagregarse según factores (zona de residencia, nivel socioeconómico, etc.) para mostrar el verdadero mapa de la expectativa vital de la población venezolana.