EDUCACIÓN

La situación educativa de las mujeres venezolanas mejoró apreciablemente en las últimas décadas, tanto en términos generales como en relación a los varones. Esta mejoría se dio en el contexto de una elevación de los niveles educativos de la población, derivada del aumento del acceso al nivel primario, la extensión de la educación obligatoria a nueve años, la masificación de la enseñanza media y la diversificación de la educación de nivel superior.

El Estado ha jugado un importante papel como proveedor principal de los servicios educativos, cubriendo más del 80% del total de ellos. Sin embargo, la participación del sector privado aumenta en los últimos años, más en el nivel medio que en el primario pero también en el preescolar.

Entre los cambios importantes del sector destaca la Ley Orgánica de Educación (1980), que extendió la educación obligatoria hasta el noveno grado. También se declaró obligatoria la educación preescolar, cuya matrícula tuvo una gran expansión, especialmente para los niños en edades próximas al comienzo de la educación primaria. Con todo, sus cifras aún no responden a las necesidades generadas por la participación laboral de la mujer.

La información disponible muestra que, en el cuadro de rendimiento normal que presenta Venezuela, se reproduce la tendencia latinoamericana de que las mujeres tienen un rendimiento escolar mayor que los hombres.

El desarrollo educativo del país, como sucede en otros de América Latina, ha tenido lugar conformando una estructura piramidal, con una ancha base de personas que no han superado la enseñanza primaria (sobre el 50%), un tronco de las que alcanzaron la secundaria y no accedieron a la superior (sobre un tercio) y una cúspide estrecha de las que accedieron a esta última (menos del 10%). En este contexto, las mujeres han modificado su posición en las últimas décadas, situándose mejor que los hombres en los niveles intermedios de dicha estructura.

Los niveles de analfabetismo no son altos y en este cuadro las mujeres han disminuido sus tasas en forma acelerada, hasta situarse en un nivel ligeramente más alto que el de los hombres (en torno al 10%), pero el volumen total de analfabetos apenas disminuyó en doscientas mil personas durante las dos últimas décadas.

En el nivel primario y medio la proporción de hombres y mujeres que los han adquirido no presentan diferencias de gran magnitud. En el extremo superior el avance de la proporción de personas que logra acceder a los estudios universitarios es menor. A fines de los años ochenta sólo el 8% de las mujeres y el 9% de los hombres habían conseguido adquirir estudios superiores universitarios.

En la educación secundaria venezolana se manifiesta una participación femenina mayoritaria, como sucede en algunos otros países de la región (Panamá, Uruguay, Costa Rica). No obstante, como en éstos, también se presenta en Venezuela el problema de la segmentación sexual: la socialización de las mujeres las orienta hacia especialidades y carreras tradicionalmente femeninas, lo que regularmente no responde a las demandas del mercado de trabajo. Así, tempranamente en el nivel secundario se orientan a especialidades tales como docencia, servicios asistenciales, comerciales y humanidades.

A partir de los años setenta se produjeron importantes cambios en el nivel superior del sistema educativo. En 1960 conformaban el subsistema superior del país 5 universidades nacionales, 2 privadas y 2 institutos pedagógicos nacionales. En 1988 éste se amplia y diversifica considerablemente; está integrado por 93 instituciones: 17 universidades nacionales, 11 universidades privadas y 53 institutos universitarios públicos y privados (pedagógicos, politécnicos, tecnológicos, experimentales y otros como militares, de rehabilitación, policial, etc.). Las universidades se dedican a la enseñanza de carreras largas (5 y más años de duración) y confieren títulos de licenciados o equivalentes. Los institutos y colegios universitarios se especializan en carreras cortas y confieren títulos de técnicos superiores, excepto en algunas especialidades de ingeniería.

Este proceso de diversificación de la enseñanza superior comienza en 1972 y, al mismo tiempo que intenta responder a requerimientos del desarrollo regional del país, su implementación coincide con la crisis que vivieron las universidades nacionales por la participación estudiantil en los procesos políticos nacionales de la década de los sesenta. Entre 1968 y 1970 se generó un proceso político universitario durante el cual se produjo el allanamiento por la Guardia Nacional de la casi totalidad de las universidades autónomas nacionales, algunas de las cuales permanecieron cerradas hasta por un año.

En los setenta se reorganiza la educación superior, se crea el Consejo Nacional de Universidades y como parte de él la Oficina de Planificación del Sector Universitario (CNU-OPSU), que desde el Ministerio de Educación centraliza y define las políticas de la educación superior. La OPSU implementa un sistema de selección o cupo para el ingreso a las instituciones de tercer nivel y desde 1984 la Prueba de Aptitud Académica es obligatoria. Mediante este mecanismo se ha controlado y dirigido el crecimiento de la matrícula universitaria en las carreras largas y se ha ampliado simultáneamente la matrícula en las carreras cortas y no tradicionales.

Durante este proceso de cambios, la participación femenina ha ido aumentando, hasta situarse a fines de los años ochenta sobre la mitad de los matriculados y siendo mayoritaria entre los egresados. Hay que subrayar la deficiencia que presentan las estadísticas universitarias nacionales en cuanto a su desagregación por sexo.

Los propios recursos humanos del sistema educativo reflejan la segregación jerárquica que se produce socialmente en la participación femenina.

La presencia de la mujer en el cuerpo docente venezolano es muy importante en la base del sistema educativo (son el 74% de los docentes del nivel básico) y disminuye al ascender de nivel (la mitad en la educación media y el 37% de los docentes universitarios). En términos latinoamericanos, la situación venezolana no difiere del resto de los países, donde las mujeres representan entre un quinto y un tercio de la docencia universitaria.