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Desde fines del siglo XIX y durante la primera mitad del presente, en Uruguay hubo dos tipos de organizaciones de mujeres que desplegaron gran actividad. Por una parte, aquéllas de trabajadoras anarquistas, socialistas y comunistas que planteaban el derecho a igual remuneración por igual trabajo y enfatizaban el rol de la mujer en la familia y la sociedad. Valga citar a las libertarias del 900, Juana Buela, María Collazo y a Virginia Bolten, quien transitó desde el movimiento obrero hacia el feminismo. Cabe destacar también el Círculo Aurora, que participaba en las celebraciones del Primero de Mayo y que en 1900 discutía sobre la emancipación de la mujer.
Por otra parte, las organizaciones integradas por mujeres de clase media y alta, luchadoras por la igualdad de derechos civiles y políticos. Entre éstas sobrezalieron la Sección Uruguaya de la Federación Femenina Panamericana (1911) y el Consejo Nacional de Mujeres, fundado por Paulina Luisi en 1916, año en que se realizaron las primeras manifestaciones sufragistas.
Fueron años de movilización y agitación de reivindicaciones: en 1917 presentaron una solicitud a la Asamblea Constituyente para obtener el derecho a voto, en 1919 nació la Alianza de Mujeres y en 1924 el Comité Femenino Antimilitarista, como respuesta a un proyecto de ley de servicio militar obligatorio. En 1924 y 1925 mujeres sindicalistas celebraron la Semana de la Mujer Trabajadora, antecedente de la primera celebración del 8 de marzo, realizada en 1930.
Coexistió en este período la acción de beneficencia desplegada por mujeres de la burguesía hacia mujeres pobres, como la Asociación Pro Mater, creada en 1915, que apoyaba la Caja de Maternidad en la atención de madres abandonadas.
El voto femenino fue concedido finalmente en 1932 y tras ello la actividad de las organizaciones de mujeres decayó. En 1936, con todo, se llevó a cabo el Primer Congreso Nacional de Mujeres, donde participaron 28 organizaciones que pedían mejores condiciones de trabajo y se oponían a la guerra.
A partir de entonces se registran escasas organizaciones y grupos femeninos. Los pocos existentes centraron su preocupación fundamentalmente en la democracia y la paz, la solidaridad con la República Española y con los Aliados durante la II Guerra Mundial. Son una excepción algunas asociaciones gremiales.
Sin embargo, la dictadura militar (1973-1985) y el cierre de los canales tradicionales de articulación de intereses (partidos políticos, sindicatos, gremios estudiantiles) tuvieron el efecto de politizar la vida cotidiana y el hogar y los afectos pasaron a ser el núcleo de la resistencia en las organizaciones de derechos humanos y de subsistencia. Mujeres que habían estado en un segundo plano "ganaron la calle", motivadas por la satisfacción de necesidades básicas y en 1980 comenzaron a formarse grupos barriales. Se crearon nuevas asociaciones de profesionales y organismos no gubernamentales de investigación y promoción social que trabajan con mujeres.
La gran manifestación de mujeres de enero de 1984 surgió de la red creada por los grupos barriales. Fue el primer acto masivo de mujeres desafiando a la dictadura y significó un cambio cualitativo. De esa iniciativa surgió el Plenario de Mujeres del Uruguay (PLEMUU), que coordinó esfuerzos entre distintos grupos, comprendidos los políticos, para incluir a las mujeres en un proyecto de país distinto y mejor. Nacieron también la Federación Uruguaya de Amas de Casa (FUADEC), la Comisión de Mujeres Uruguayas, y se conformaron en los partidos políticos grupos de mujeres que plantearon reivindicaciones específicas.
El PLEMUU posibilitó la formación del Grupo de Trabajo Condición de la Mujer en la Concertación Nacional Programática (CONAPRO), que preparó diagnósticos y propuestas sobre la situación de las uruguayas en las áreas de trabajo, salud, educación, medios de comunicación, participación y orden jurídico para el gobierno democrático. Los documentos elaborados fueron difundidos ampliamente y discutidos por los grupos de mujeres. Al mismo tiempo, dieron legitimidad al tema de la mujer en la opinión pública y abrieron espacios para mujeres en el nuevo gobierno. De esa experiencia de trabajo quedó la Concertación de Mujeres. Paralelamente, la preocupación por la subordinación de la mujer se fue abriendo camino en las organizaciones a partir de 1984.
El 8 de marzo de 1985 fue celebrado por las organizaciones de mujeres bajo la consigna "No sólo queremos dar la vida, queremos cambiarla". Entregaron un Manifiesto que expresaba sus principales reivindicaciones, así como sus reclamos por la ausencia de mujeres en el Parlamento y otras instancias de poder en la democracia recién estrenada.
Tras el cambio de gobierno se mantuvo la Concertación de Mujeres, surgieron nuevos grupos tanto en Montevideo como en el interior del país, al tiempo que se consolidaron los ya existentes. En 1985 se llevó a cabo el Primer Encuentro de Mujeres del Interior, extendiendo el quehacer de las mujeres más allá de la capital. Algunos grupos adquirieron un perfil feminista. Fueron fundadas nuevas publicaciones: Cotidiano Mujer y la República de las Mujeres.
En el marco del apoyo al plebiscito de 1986 contra la ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, se formó un nuevo organismo, la Coordinación de Mujeres, que aglutinó diversos grupos y ha tenido presencia pública al organizar las Jornadas de Violencia contra la Mujer (25 de noviembre), los Encuentros del Día Mundial de Acción de la Salud de la Mujer (28 de mayo) y la celebración del 8 de marzo.
También ese año se inició la transmisión de un programa radial quincenal para la mujer rural, "Semanario de la Mujer", realizado por el Movimiento Paulina Luisi de Melo, y las mujeres "tamberas" llevaron a cabo una Jornada de la Mujer en el 7º Encuentro Nacional de la leche, en el que participaron 260 mujeres trabajadoras.
Por otra parte, desde el inicio del proceso democrático, mujeres políticas y algunas organizaciones y ONG habían impulsado la creación de un espacio estatal que desarrollara políticas y programas hacia la Mujer. En este contexto se creó -en 1987- el Instituto de la Mujer en la órbita del Ministerio de Educación y Cultura. También se creó una biblioteca especializada, la Sala de la Mujer (Montevideo) y Centros de Información, así como una Comisaría de la Mujer en Montevideo. Sin embargo, las organizaciones de mujeres -en tanto organismos extraestatales- no llegaron a definir en esa etapa una estrategia de relación con el Estado en términos de colaboración, presión o negociación. Tampoco las militantes políticas lograron entonces que sus partidos dieran cabida a la problemática de género en sus programas y una participación más igualitaria en sus estructuras.
No obstante, se aprecia diversos avances en la acción en favor de las mujeres, tanto desde las propias organizaciones de mujeres que se articulan, crean redes, proponen políticas y programas a nivel local, como en los espacios institucionales, sean estatales, no gubernamentales o internacionales.