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La mujeres uruguayas, que significan algo más de la mitad de la población nacional (51,3%), han modificado levemente -al contrario de la mayoría de los países latinoamericanos- sus características demográficas desde 1950, puesto que los cambios fundamentales ya los habían experimentado durante el medio siglo anterior. En efecto, en 1950 ya eran abrumadoramente urbanas (un 82%), principalmente adultas y mayores (en vez de jóvenes o muy jóvenes, como el resto de las latinoamericanas), y cada una tenía menos de tres hijos como promedio durante su vida fértil.
El envejecimiento poblacional de Uruguay ha acelerado durante los últimos cuarenta años la ligera mayoría numérica de las mujeres: en 1950 representaban un 49,4% del total, en 1970 un 50,5% y en 1990 un 51,3%. Ello es debido al efecto que causa en una población tendencialmente envejecida -en distintos planos demográficos- el que las mujeres sean más longevas que los hombres.
La población uruguaya ascendía en 1990 a algo más de tres millones de personas, lo que en un paíscuyo territorio supera levemente los 176 mil kilómetros cuadrados, significa una densidad de casi 18 habitantes por kilómetro cuadrado, una de las más bajas de América Latina.Dado que el crecimiento poblacional de Uruguay cayó desde principios de siglo, la cantidad de habitantes que tenía este país en 1990 sólo había aumentado en un tercio respecto de la que tenía en 1950, mientras que la gran mayoría de los países latinoamericanos duplicó su población en ese período.
Ese bajo ritmo de crecimiento demográfico, que venía siendo desde mediados de siglo de un 1,3% anual promedio, se redujo al 0,9% con la disminución de la fecundidad hacia mediados de los años sesenta y luego se desplomó al 0,2% en la primera mitad de los años setenta, como producto combinado de la caída de la fecundidad y la fuerte emigración causada por la crisis sociopolítica que afectó gravemente al país.
En suma, Uruguay se encuentra a la cabeza del grupo de países (además de Argentina y Cuba) que presenta una muy avanzada fase de su transición demográfica, en el sentido de haber pasado ya de tener una población joven y de alto crecimiento a otra más envejecida y de crecimiento mucho menor. El rasgo peculiar de Uruguay consiste en que esa transición la inició muy tempranamente, unos veinte años antes que Argentina, y sin el rejuvenecimiento que sufrió Cuba en los años sesenta. Es decir, al contrario que Cuba, que se encuentra en este grupo de países debido a la abrupta caída de su fecundidad en los últimos veinte años, Uruguay tenía ya esas características hacia 1950 y las ha variado lentamente desde entonces.
En realidad, el envejecimiento de Uruguay no es mayor debido precisamente a que el descenso de su fecundidad ha sido lento durante los últimos cuarenta años. En 1950, el promedio de hijos que tenía una mujer uruguaya durante su vida fértil (tasa global de fecundidad) era de 2,7 y al llegar a los noventa es de algo menos de 2,5. Esto contrasta con el cuadro general de fuerte caída de la fecundidad que se ha producido en el conjunto de América Latina, pasando de unos seis hijos promedio a unos tres en las últimas cuatro décadas.
No obstante, debido a su temprana transición, la población uruguaya tiene hoy una proporción de personas mayores de 60 años (17%) que es el doble de la que existe en la mayoría de los países latinoamericanos. Ello significa demandas sociales cada vez más orientadas hacia las personas adultas y mayores, especialmente en el ámbito sanitario.
No existe información actualizada disponible sobre la composición étnica de la población uruguaya, razón por la cual no ha sido posible estudiar aquí tal materia.
Las mujeres de Uruguay presentan algunas diferencias sociodemográficas respecto de los hombres, más allá de las referidas a su condición reproductiva, buena parte de las cuales también se manifiestan en el resto de la región. Nace un número menor de uruguayas que de varones, pero viven más que éstos, son apreciablemente más urbanas y tienen una composición algo distinta en cuanto a su estado civil: poseen mayor proporción de personas viudas, separadas y divorciadas que los hombres.
En este último aspecto, el estado civil, destaca la alta proporción de soltería que muestra el conjunto de la población uruguaya mayor de 12 años, en comparación con la alta tasa de emparejamiento que presentan otros países latinoamericanos.
En torno a un quinto de los hogares de Uruguay está dirigido por una mujer, como sucede en el resto de América Latina. Y como también ocurre en toda la región, esa cifra supone una subestimación de la cantidad real de jefas de hogar, por cuanto existe la tendencia cultural a considerar la jefatura como algo referido al género masculino. En Uruguay se acentúa notablemente el hecho de que la gran mayoría de las jefas de hogar se concentra entre las mujeres adultas y mayores.