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Las condiciones de salud de las mujeres dominicanas han mejorado apreciablemente desde los años cincuenta, pero dado que en ese entonces la situación sanitaria era extremadamente deficiente, todavía hoy puede observarse dificultades considerables, que aumentaron en muchos ámbitos con la crisis económica de los años ochenta.
El cambio y las deficiencias de salud que presenta República Dominicana guardan relación con tres factores fundamentales: el proceso de transición demográfica en que se encuentra la población del país, el cuadro general de las condiciones sanitarias básicas (nutricionales, educativas, habitacionales, etc.) y, sobre todo, la cobertura y calidad del sistema nacional de salud.
El hecho de que República Dominicana esté realizando su transición demográfica, en el sentido de pasar de una población básicamente joven y de rápido crecimiento a otra menos joven y de crecimiento más lento, implica que también se está induciendo una transición epidemiológica: va aumentando el peso de las enfermedades de adultos (cardiológicas y tumorales) y disminuyendo el peso de las de los menores y las más tradicionales (infecciosas y parasitarias). En efecto, tal proceso ya se ha iniciado en este país y si no está más avanzado es porque los otros factores (condiciones sanitarias básicas, mejoría del sistema de salud) no han cambiado a mayor velocidad, como sí ha sucedido en otros países desde los años cincuenta (Costa Rica, Chile, etc.). De esta forma, el cuadro epidemiológico dominicano muestra en la actualidad una combinación polarizada entre enfermedades modernas y de adultos y tradicionales y de menores.
En cuanto al cambio de las condiciones sanitarias básicas, la información disponible indica que se ha producido una mejoría apreciable conforme aumentaba el nivel de vida del país, pero todavía existen indicadores negativos: los problemas de desnutrición aparecen entre las principales causas de morbilidad y mortalidad, así como cerca de la mitad de los hogares no están conectados directamente a la red de agua potable. Los problemas de energía que afectaron al país durante los años ochenta, también contribuyeron al freno del desarrollo de dichas condiciones básicas.
Finalmente, el sistema de salud dominicano ha sufrido una evolución complicada: en los años cincuenta era extremadamente reducido y de baja calidad, pero mediante un importante esfuerzo fiscal, especialmente durante los años setenta, aumentó notablemente su cobertura y calidad, aunque desarrollando desigualdades considerables. La mayoría de los servicios clínicos quedaron concentrados en las principales ciudades, así como los profesionales médicos. Paralelamente, la seguridad social avanzó sólo lentamente: al concluir los años setenta apenas un 8% de la población estaba efectivamente cubierta, aunque las instituciones de seguridad social poseían en torno a un tercio del total de las camas hospitalarias del sector público. En suma, a principios de los años ochenta se estimaba que únicamente la mitad de la población dominicana estaba cubierta por los servicios generales de salud.
Este sistema de salud está compuesto por los sectores público y privado. Este último entrega servicios al 10% de la población pero posee un tercio de las camas hospitalarias. El sector estatal se compone de tres elementos: la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social, SESPAS, que tiene la responsabilidad de dirigir y ejecutar las políticas públicas de salud y posee en torno a los dos tercios de las camas fiscales; el Instituto Dominicano de Seguros Sociales, IDSS, que cubría a mediados de los ochenta en torno al 5% de la población; y el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, INSFAPOL, que asiste a los miembros de las instituciones que indica y a sus familias, cubriendo a un 3% de la población dominicana.
La crisis de los años ochenta produjo sobre tal sistema de salud un impacto apreciable: se redujo su capacidad relativa de servicios (disminuyó, por ejemplo, el número de camas por habitante) y tuvo lugar un deterioro en muchos casos dramático de su infraestructura. Según informes oficiales, en 1987 no estaba en condiciones de uso adecuado el 90% de las incubadoras, el 75% de los aparatos de rayos X y el 50% de los autoclaves.
Otro elemento que refleja las deficiencias del sistema sanitario es la falta de cobertura informativa: en 1985 un 14% de las defunciones ocurría sin certificado médico y un 16% de los que se extendían indicaba "síntomas y estados morbosos mal definidos". Se estima que hay un subregistro apreciable de mortalidad, en especial en las zonas rurales, donde todavía reside cerca de la mitad de la población. Así, para el primer quinquenio de los ochenta, la estimación estadística de la tasa de mortalidad realizada por ONE y CELADE indicaba 7,5 por mil habitantes, mientras que la procedente de los registros era de 4,5 decesos por mil.
Este subregistro afecta especialmente a la mortalidad materna e infantil. Según CELADE, un 38% de las muertes anuales sucedidas en el segundo quinquenio de los ochenta era de menores de 5 años, en tanto esa proporción se situaba sobre el 25% de acuerdo a los registros. De igual forma, la tasa de mortalidad materna según los registros es inferior a la estimada desde el punto de vista demográfico.
La revisión del indicador más grueso de salud, la expectativa de vida, muestra una diferencia a favor de la mujer de unos 4,4 años, cifra que ha aumentado desde los años cincuenta (2,6 años). Ello es debido a la abundante sobremortalidad masculina que se produce por traumatismos externos, tanto por accidentes, como por violencia.
La morbimortalidad femenina reúne así problemas nuevos (tumores, enfermedades cardiovasculares) al tiempo que mantiene una parte de los viejos: la mortalidad materna es de 10 decesos por diez mil nacidos vivos, lo que significa una reducción considerable, pero también una de las tasas más altas de América Latina. Además, una buena parte de los tumores que causan defunción, situados en los diversos ámbitos del aparato reproductivo, serían evitables mediante acciones preventivas y de control.