PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA

República Dominicana, situada en la isla La Española de las Antillas, tiene una historia marcada, hasta la década del 60, por la inestabilidad política: golpes militares, dictaduras, revueltas, invasiones y anarquía.

La isla La Española fue descubierta por Cristóbal Colón en su primer viaje en 1492 y Santo Domingo es la ciudad más antigua del continente, capital del imperio español por 50 años. Base para las expediciones a otras islas y al continente, con el descubrimiento de tierras más ricas perdió importancia. Su población indígena fue diezmada y reemplazada como mano de obra por la entrada masiva de esclavos y esclavas negras, que marcó la conformación del pueblo dominicano. En 1679, mediante el Tratado de Ryswick, España cedió a Francia un tercio de la isla, dando origen a un conflicto que atravesará la historia de República Dominicana y de Haití. En 1795 España transfirió el resto de Santo Domingo a Francia, quedando bajo control de Napoleón. Invadida y ocupada por el gobierno de Saint-Domingue fue recuperada para el gobierno francés, bajo cuyo control se mantuvo hasta 1809, en que volvió a la corona española. En 1821 los dominicanos patriotas se rebelaron, proclamando su independencia de España, pero en 1822 fue invadida por Haití, cuyo presidente asumió su control. La brutal ocupación duró hasta 1844, cuando los seguidores de Juan Pablo Duarte, fundador del movimiento revolucionario La Trinitaria, crearon la República Dominicana.

Como en los demás países de la región, la instauración de la República no significó el acceso de las dominicanas a los derechos políticos.

Durante el resto del siglo XIX, el país soportó tres dictadores, sobreviviendo a varios intentos de devolución a España, de entrega a Estados Unidos y diversas revueltas. En 1899 fue asesinado el dictador Heureaux, quedando el país en la ruina económica y política. El poder pasó de mano en mano hasta el gobierno del general Ramón Cáceres (1906), que logró ordenar las finanzas, introdujo reformas constitucionales y obtuvo algún desarrollo para el país. Tras su asesinato volvió la anarquía. Intervino Estados Unidos y en 1916, luego de una nueva revuelta, la isla fue ocupada por la marina norteamericana hasta la elección de un nuevo presidente en 1924.

En este período se inició el reclamo femenino por los derechos civiles y políticos con la fundación de la revista "Fémina" (1922), que se convirtió en vocera de la demanda de las mujeres conscientes de la desigualdad entre los sexos. Sin embargo, la situación política no favoreció el reconocimiento de dichos derechos.

En 1930 comenzó la era del General Rafael Leonidas Trujillo, quien estuvo en el poder hasta 1961, ejerciendo una dictadura que controló todas las actividades del país. Hubo numerosos intentos fracasados de invasión por parte de exiliados, también gestio-nes de los gobiernos americanos para terminar con la dictadura. La era concluyó sólo tras el asesinato de Trujillo.

En este contexto se desarrolló la lucha de sectores de clase alta de mujeres por el derecho a voto. En 1931 fundaron la Acción Feminista Dominicana y su labor estuvo ligada al apoyo al gobierno dictatorial de Trujillo, que las hizo votar en dos oportunidades por su reelección, a modo de ensayo (1934 y 1938) para concederles el derecho a sufragio. En 1938, en Santiago, un grupo de mujeres constituyó el "Comité Nacional Femenino pro Voto Electoral Trujillista", segunda oportunidad en que votaron sin que sus votos fueran válidos. La votación masiva llevó a Trujillo a otorgar la capacidad civil a la mujer casada (1940) y a prometer el sufragio femenino, el que fue consagrado en 1942 mediante una reforma constitucional.

En las filas opositoras se destacó la poeta Carmen Natalia Martínez, quien llamó a los intelectuales a rebelarse ante la represión del pensamiento. Fue perseguida y reprimida, yendo al exilio en 1950.

El asesinato de Trujillo puso fin a este período despótico. Recién entonces se recompuso el espacio social y político, se terminó el monopartidismo, surgiendo nuevos partidos y agrupaciones políticas provenientes en su mayoría del exilio, como el Partido Revolucionario Dominicano, PRD. Aparecieron en ese momento diversas tensiones sociales e irrumpieron las masas urbanas en el escenario público reivindicando mayores niveles de participación política y elevación de la calidad de vida.

En las elecciones de 1962 ganó Juan Bosch, del PRD, obteniendo el 60% de los votos, en una victoria de los pobres del campo y de la ciudad que agudizó las tensiones existentes. Sus intentos de reforma política chocaron con los intereses de sectores dominantes, alcanzando a gobernar sólo siete meses. Fue derrocado por un golpe militar, iniciándose un período de grandes convulsiones sociales. El Movimiento Revolucionario Catorce de Junio, de inspiración fidelista, comenzó una campaña guerrillera que concluyó con el aniquilamiento del grupo. La corrupción en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, sumada a las huelgas obreras y de profesionales culminaron con un nuevo golpe en 1965 y la posterior intervención militar norteamericana. Finalmente, tras la firma de un Acta Institucional, asumió un presidente provisional, que convocó a elecciones para 1966, aún presentes las tropas de ocupación. Triunfó Joaquín Balaguer, estrecho colaborador de Trujillo, y se inició un gobierno con reelecciones sucesivas y automarginación de casi todos los partidos opositores en rechazo a los procedimientos impuestos. Hubo persecución, encarcelamiento y asesinato de opositores y la acción política opositora se concentró en la defensa de las libertades públicas y los derechos humanos.

Balaguer dio cabida a sectores de mujeres que lograron avances en la participación política: el nombramiento de 26 gobernadoras, secretarias y subsecretarias de Estado y embajadoras así como mayor presencia en el Parlamento, sin que ello significara una modificación del sistema vigente ni de los roles asignados y exigidos a las mujeres.

En 1978 se produjo la apertura política que permitió el acceso de nuevos grupos al poder. Entre 1978 y 1986 gobernaron presidentes del PRD con grandes dificultades y conflictos internos, posibilitando el retorno de Balaguer en 1986 por un exiguo margen de votos, reelecto en 1990.

A contar de la década del 80 el país ha debido afrontar un seria crisis económica y política, exacerbada por las desigualdades sociales y la pobreza de la mayoría. La represión ha vuelto a ser utilizada, se han agudizado las migraciones en busca de trabajo a otros países y fenómenos como el tráfico de dominicanas a los países de Europa y Asia para ejercer la prostitución.

Al acercarse nuevas elecciones presidenciales los líderes políticos se han pronunciado sobre la importancia de la mujer. Las mujeres organizadas, por su parte, al igual que en 1990, han iniciado una campaña para alcanzar mayores cuotas de poder y la presencia de sus reivindicaciones específicas en el debate.