IDENTIFICACIÓN SOCIOECONÓMICA DEL PAÍS

La crisis económica internacional que afectó la región durante los años ochenta tuvo una expresión singular en República Dominicana. Si en América Latina se habló de la crisis de la deuda para llamar la atención sobre el aspecto más destacado de la misma, en el país dominicano habría que denominar esa crisis como la de la deuda y la energía, para hacer hincapié en cada uno de los dos factores que flagelaron la economía nacional durante la década difícil.

Es sabido que el tema energético se convirtió en el talón de Aquiles del tipo de industrialización impulsada en diversos países latinoamericanos en los años sesenta y setenta. Pero ese efecto fue mucho más severo en el caso dominicano, tanto por la cantidad de sectores económicos comprometidos, como por la gravedad de sus consecuencias en la vida nacional. En este país, desde la minería al turismo, pasando por la industria y los focos comerciales, prácticamente todos los sectores dinámicos eran sedientos consumidores de energía. En un espacio territorial donde resulta difícil la generación de energía base, ello se tradujo en períodos críticos de ausencia de fluido eléctrico, que afectaron de manera diversa la vida de los dominicanos.

Así, lo que durante los años setenta produjo elevada inversión, diversificación económica y, en general, fuerte crecimiento, se convirtió -al hacer funcionar el modelo en las nuevas condiciones desfavorables- en fuente de endeudamiento y en creación de demandas de energía imposibles de satisfacer en el plano nacional.

El inicio de los años ochenta sorprendió a la economía dominicana en una dinámica de expansionismo desenfadado. Es cierto que los efectos del primer choque petrolero ya se habían hecho notar en la segunda mitad de los años setenta, reduciendo el crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB, a un 4% promedio, frente al 8% del primer quinquenio. Pero, como sucedió en toda la región, esta primera alza de los precios del petróleo se vio compensada por el alza general de los productos básicos en el mercado mundial. Esta compensación no tuvo lugar cuando ocurrió el segundo choque petrolero al cambio de década y así, desde 1981, la caída del resto de los productos básicos golpeó las economías exportadoras latinoamericanas.

El sistema dominicano enfrentó ese cambio en condiciones francamente desfavorables. En su producción interna, los nuevos sectores dinámicos, grandes consumidores de energía, exigían también un elevado nivel de inversión. A su vez, el sector externo mostraba un fuerte desequilibrio en la balanza comercial, debido al nivel elevado de las importaciones, déficit que sólo era compensado por el desempeño positivo de la balanza de capital. El aumento de los costos de producción, el estrechamiento de los flujos financieros y la brusca caída del rendimiento comercial de las exportaciones significó en 1982 el fuerte freno del crecimiento del PIB dominicano y el inicio de políticas de austeridad que duraron hasta 1985. Tras el intento de regresar al crecimiento endógeno, entre 1986 y 1989, el sistema entró nuevamente en crisis durante 1990, lo que indujo a las autoridades al lanzamiento de un programa global de ajuste y estabilización económica, cuya orientación general sigue aún vigente. En este cuadro de dificultades, se redujo notablemente la satisfacción de las necesidades sociales.