DEMOGRAFÍA

Las mujeres dominicanas, que significan en torno a la mitad de la población del país (49,2%), han modificado apreciablemente sus rasgos demográficos en las últimas décadas, tanto como producto de los cambios poblacionales generales como de aquellos que, por ejemplo la fecundidad, se refieren directamente a ellas mismas.

En cifras promedio, las mujeres de República Dominicana son ya mayoritariamente urbanas, principalmente jóvenes adultas (y no fundamentalmente jóvenes como hace sólo veinte años) y han reducido a más de la mitad el número de hijos que tienen durante su vida fértil.

La población dominicana se triplicó entre 1950 y 1990, según las estimaciones del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE), pasando de dos millones trescientas mil personas a los más de siete millones que presenta hoy este país. Durante este período la composición por sexo ha variado levemente: del 49,0% de mujeres en 1950 al 49,2% en 1990.

Una característica que destaca es que ese volumen de población se reparte en un territorio reducido (48.442 kilómetros cuadrados), lo que sitúa a República Dominicana entre los países de alta densidad en América Latina: en 1990 había 148 habitantes por kilómetro cuadrado. Esta población reside mayoritariamente en las ciudades, aunque en 1990 todavía un 41,3% vivía en zonas rurales. El movimiento migratorio hacia las ciudades no fue tan fuerte y temprano como en otros países latinoamericanos: aún en 1970 algo más de un 60% de los dominicanos residía en el campo. Como sucede en el resto de América Latina, las mujeres son más urbanas que los hombres: en 1990 un 60% de las mismas vivía en las ciudades, en tanto lo hacía un 57% de los hombres.

El crecimiento poblacional dominicano ha mostrado claramente dos fases principales desde mediados de siglo: la primera, entre 1950 y 1970, de fuerte ritmo (sobre el 3,5% promedio anual), debido a una elevada natalidad y a una mortalidad progresivamente controlada; y la segunda, desde 1970, en que dicho crecimiento declina paulatinamente (del 3% al 2% actual), a causa de una brusca caída de la fecundidad, a lo que se suma una creciente emigración al exterior.

Aunque la disminución de las tasas de crecimiento se debe principalmente a los factores biológicos (baja fecundidad y mortalidad moderada), desde 1970 el tercer factor, las migraciones, comienza a ejercer progresivo peso en ese menor crecimiento poblacional. De hecho, según CELADE cerca de 300 mil personas abandonaron el país entre 1970 y 1990. En este proceso destaca el hecho de que la mayoría de esos emigrantes son mujeres: cerca de un 60% en el mismo período. Esta fuerte emigración femenina ha operado en varios sentidos, siendo el más inmediato la modificación de la composición por sexo de la población dominicana.

En efecto, puede observarse que entre 1950 y 1965 la proporción de mujeres iba aumentando, como corresponde a un país que se urbaniza y moderniza progresivamente: del 49,0% al 49,3%, respectivamente. Ese movimiento ascendente se truncó con el inicio del proceso emigratorio, a mediados de los años sesenta, estancando la proporción de mujeres en el 49,2% que todavía presenta y que según las proyecciones de CELADE se mantendrá invariable hasta el año 2000.

La caída global del crecimiento se ha hecho más apreciable en los grupos etarios más jóvenes, como consecuencia de la caída de la natalidad, lo que ha ido produciendo un notable cambio de la composición etaria de la población. CELADE estima que en 1990 cerca de un 38% de los dominicanos tenía menos de quince años, proporción estimable, pero mucho menor que la de 1970, cuando esa cifra era del 47%. En los primeros años noventa, son clara mayoría los dominicanos que tienen entre 20 y 60 años y ese segmento etario continúa creciendo fuertemente, si bien desde los años ochenta el grupo que más crece es el compuesto por las personas mayores de 60 años. El hecho de que el sector de adultos presente aún un fuerte crecimiento implica que durante los años noventa y en los primeros años del próximo siglo se van a ejercer fuertes presiones sobre el mercado de trabajo, así como van a crecer las necesidades habitacionales y de salud para adultos. Todo indica que, dada la elevada densidad poblacional existente, esas presiones van a impulsar a muchos dominicanos a incrementar la emigración, o dicho de otra forma, a aumentar la cifra de quienes siguen buscando visa para un sueño.

El conjunto de los cambios poblacionales muestra que República Dominicana se encuentra en plena transición demográfica, en el sentido de pasar de ser un país de población joven y alto crecimiento a otro de bajo crecimiento y población tendencialmente envejecida (como ya sucede en Uruguay, Argentina y Cuba). Esta situación la comparte con un amplio grupo de países (Venezuela, Colombia, México, Costa Rica, Chile, etc.) que representan la situación promedio de América Latina.

Una de las características negativas que presenta la información demográfica en República Dominicana es el hecho de que no se haya realizado recientemente un Censo de población, lo que significa que los datos censales más recientes son de 1981. Por otra parte, no existe tampoco información sobre la composición étnica o el color de la piel, como se recoge en otros países de la región. Ello a pesar de que hay coincidencia en torno a que este es un factor diferencial importante.

El hecho de que no exista un Censo reciente impide, por ejemplo, conocer el número de hogares que actualmente tiene el país, así como otros datos sobre la composición del tipo de hogares, etc. Según el Censo de 1981 había un total de 1.131.432 hogares, lo que implicaba un promedio de cinco personas por hogar. Ese mismo año un 22% (230 mil) de esos hogares estaba dirigido por una mujer. Según la Encuesta de Demografía y Salud de 1991 la proporción de jefas de hogar había aumentado al 25%, cifra que de todas maneras significa un subregistro de la realidad, a causa del sesgo cultural que implica el hecho de que tradicionalmente se asocia la idea de jefatura con el género masculino.