SALUD

Las condiciones de salud de las mujeres peruanas han mejorado en forma apreciable desde mediados de siglo, aunque dado que entonces eran extremadamente deficientes, todavía presentan indicadores relativamente bajos en el contexto latinoamericano. Lo que caracteriza a Perú en este proceso es básicamente la fuerte diferencia existente según zona de residencia: en la zona urbana costera esa mejoría se produjo de forma acentuada, mientras eso sucedió de menera mucho más lenta en el resto del país, y principalmente en la sierra, la selva y el sur altiplánico.

Esa grave diferencia se acentúa por la combinación de los factores que establecen las condiciones de salud: transición demográfica, condiciones generales de vida y sistema de salud.En la zona urbana costera la transición demográfica se encuentra mucho más avanzada, hay mejores condiciones sanitarias básicas (habitacionales, nutricionales, etc.) y además se concentra en ella la mayoría de los servicios de salud.

El hecho de que la transición demográfica se encuentre en fases avanzadas significa una población menos joven y de menor ritmo de crecimiento. Ello implica, lógicamente, una tendencia al cambio epidemiológico: van a predominar las enfermedades propias de las personas adultas y mayores (cardiovasculares y tumorales). Por el contrario, en las regiones del país donde esa transición es menos avanzada, el cuadro epidemiológico estará marcado por las enfermedades propias de una población con alta proporción de jóvenes y menores (infectocontagiosas, afecciones perinatales, etc.). Un efecto evidente del avance de la transición epidemiológica es la modificación de la distribución etaria de la mortalidad: en la zona urbana costera las muertes de menores de 5 años son una proporción del total de defunciones mucho menor que en el resto de las zonas del país.

De igual forma, las condiciones sanitarias básicas son apreciablemente mejores en las ciudades de la costa. En el plano habitacional, más de la mitad de los hogares urbanos está conectado a la red de agua potable, mientras lo está menos de un 15% de los hogares rurales. Situación semejante se produce en relación con el alcantarillado: está conectado cerca de la mitad de los hogares urbanos y menos de un 5% de los rurales.

Las deficiencias nutricionales afectan mucho más a la población rural que a la urbana, si se exceptúa sectores de los barrios marginales que rodean las ciudades.

El tercer factor que influye sobre las condiciones de salud es el desarrollo y cobertura del sistema de salud. En el caso de Perú ese desarrollo tuvo lugar lentamente, entre otras razones porque el presupuesto de salud fue moderado. Con la crisis de los años ochenta, ese presupuesto se redujo, así como con el proceso de ajuste y reforma estructural iniciado en 1990. El resultado de todo ello ha sido una infraestructura que cubre cada vez menos la demanda de una población creciente. De esta forma, si en los años setenta había 2 camas hospitalarias por cada 10.000 habitantes, esa cifra descendió a 1,5 camas cuando finalizaban los años ochenta.

En suma, el cuadro nacional de causas de muerte muestra en Perú un modelo combinado: al examinar la población de todas las edades aparecen causas referidas a la modernización y a personas adultas junto con enfermedades tradicionales y propias de menores.

En todo caso, los indicadores nacionales promedio sitúan a Perú entre los países latinoamericanos que presentan aún serias deficiencias sanitarias. La mortalidad general era de alrededor de 9 por mil a fines de los años ochenta, en tanto que en países como Chile y Costa Rica se situaba por debajo del 5 por mil. Situación semejante se presenta respecto de la mortalidad infantil y materna. Al comienzo de los años 90 morían en Perú 55 menores de un año por cada mil nacidos vivos, cifra que era de 15 en Cuba y de 66 en Guatemala.

Estas deficiencias sanitarias afectan de manera diferente a hombres y mujeres. Estas últimas suelen soportar la carga del cuidado sanitario de los grupos familiares, que se acentúa conforme se reducen o se fragilizan los servicios de la red sanitaria. Ello no significa, sin embargo, que la mortalidad femenina haya aumentado respecto de la masculina: por el contrario, en los últimos cuarenta años la mortalidad masculina ha crecido más rápido, especialmente en las edades adultas y mayores. Lo anterior ha conducido a que el crecimiento de la expectativa de vida haya sido mayor entre las mujeres que entre los hombres: si hace cuatro décadas esa diferencia era de dos años, actualmente se eleva a cuatro.

Las mujeres presentan causas de muerte diferentes a las de los varones. Mientras en éstos predominan los traumatismos externos producidos por accidentes y violencia, en las mujeres pesan las causas obstétricas y los tumores, muchos de ellos también localizados en los diferentes ámbitos del aparato reproductor. Como se sabe, la mayoría de estas muertes son evitables mediante acciones de tipo preventivo.

El riesgo obstétrico tiene diversas causas en Perú, entre las que puede citarse: una cantidad alta de madres en edad de riesgo, falta de cobertura clínica obstétrica, sectores de mujeres con una conducta reproductiva de riesgo. Entre estos factores se cuenta el aborto que, considerado un delito, se practica habitualmente en condiciones clínicas muy deficientes.

La planificación familiar tiene un uso moderado entre las peruanas: un 59% de las mujeres unidas declaran usar métodos anticonceptivos, siendo esa cifra sólo del 35% entre las mujeres sin ningún nivel educativo.