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La esperanza de vida de la población peruana ha experimentado un incremento apreciable desde mediados de siglo: según CELADE se situaba en torno a los 44 años a comienzos de los años cincuenta y de unos 65 años al inicio de los noventa. Esta cifra sitúa a Perú entre los países de nivel intermedio en América Latina.
Ahora bien, Perú se encuentra entre el grupo de países donde esas cifras promedio se desagregan con fuertes diferencias según determinados factores: al comienzo de los años ochenta se estimaba que la población urbana tenía diez años más de esperanza de vida que la rural y, más concretamente, que la población de Lima tenía un promedio de veinte años más que la población de la Sierra. El factor espacial se entrecruza con los referidos al nivel socioeconómico y al género.
Como en el resto de la región, las mujeres han aumentado más rápidamente esa expectativa de vida que los hombres: si en los años cincuenta la diferencia favorable -para ellas- era de dos años, en la primera mitad de los noventa se estima de cuatro años. El aumento de esa diferencia está referido principalmente, por un lado, al desarrollo de la cobertura sanitaria materno-infantil y, por el otro, al incremento de la sobremortalidad masculina por traumatismos, relacionados tanto con el proceso de modernización (accidentes de tránsito, industriales, etc.) como al curso de violencia política que sufre el país.