![]()
La acción colectiva de mujeres en Perú tiene sus primeras expresiones en el último tercio del siglo XIX.
La primera generación importante que desafió la situación de marginalidad de las mujeres surgió en 1870, no sólo en Lima sino también en Cusco. Conocida como la Generación de los Setenta, incluía a mujeres urbanas, de clase alta, que tuvieron acceso a la educación y que expresaron su ambición intelectual y su reclamo feminista a través de la literatura y el periodismo. Fundaron revistas de mujeres y organizaron sus propios círculos intelectuales, las veladas literarias. La Guerra entre Perú y Chile bloqueó las actividades de estas organizaciones de mujeres, pero después renacieron y defendieron con fuerza las nuevas ideas radicales y anticlericales, características de este período.
La Generación de los Noventa, conformada por profesoras, centró su lucha en el derecho a la educación. La protesta femenina se ramificó con diversas vertientes: anarquistas, indigenistas, feministas, trabajadoras. Surgieron los primeros grupos feministas, Evolución Femenina y Feminismo Peruano, que ampliaron la lucha al terreno del trabajo y de la política, presionando por el voto femenino y el acceso a cargos públicos. Desde el periódico "Protesta" las anarquistas expresaron un feminismo que ponía a las trabajadoras como vanguardia de la lucha feminista.
En 1917, la masacre de un grupo de mujeres que se plegó a la lucha de sus familiares hombres en Huacho, permitió el primer encuentro entre feministas, mujeres políticas y trabajadoras en homenaje a estas mártires. En 1919 se dio la primera movilización feminista de la historia peruana: el Comité Femenino Pro-abaratamiento de las Subsistencias exigió la reducción de los precios de productos de primera necesidad y generó una Asamblea Femenina.
Durante la década del 20, el periódico "Labor" y la Revista "Amauta", ambos editados por José Carlos Mariátegui, dieron un nuevo impulso al movimiento feminista. Las mujeres contribuyeron con artículos sobre variados temas de su interés.
Sin embargo, al surgir los primeros partidos políticos modernos -el Partido Comunista y la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA- y la primera central de trabajadores moderna, la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP, las mujeres que habían participado en su creación fueron marginadas y ninguno de estos partidos apoyó el voto femenino en la Constitución de 1933. Tampoco las uniones femeninas fueron invitadas a formar parte de la CGTP. Como consecuencia las diferentes expresiones feministas se fragmentaron y diluyeron, silenciándose sus demandas por cuarenta años.
En la década del 70, la modernización de la economía y el crecimiento de áreas urbanas y servicios sociales habían incrementado, especialmente en las ciudades, el ingreso de las mujeres a las escuelas, universidades y al mercado de trabajo. Había también mayor acceso a la información para el control de la fecundidad y los horizontes de las mujeres se habían ampliado definitivamente. Los efectos de las grandes movilizaciones y rupturas a nivel internacional influenciaban el clima cultural y político de las ciudades: la revolución cubana y los movimientos guerrilleros latinoamericanos, el Mayo francés, la guerra de Vietnam. Mujeres de diferentes sectores sociales buscaron en los partidos políticos, particularmente los de izquierda, una vía para rechazar los estereotipos a los que estaban sujetas.
En los barrios marginales habían surgido organizaciones de mujeres, algunas de naturaleza paternalista, como los clubes de madres y otras vinculadas a la Iglesia Católica.
A comienzos de los 70 aparecieron grupos de mujeres que reflexionaban y difundían la problemática de la mujer. Destaca entre ellos el primer grupo feminista contemporáneo, Acción por la Liberación de la Mujer, ALIMUPER, que luchó públicamente contra la imagen de la mujer como objeto sexual. Fue una lucha pionera y solitaria de casi cinco años. La inauguración, en este período, del Decenio de Naciones Unidas para la Mujer abrió un nuevo canal y provocó acciones a nivel gubernamental. El gobierno de Velasco Alvarado estableció un primer esfuerzo del Estado por mejorar la situación de la mujer.
A fines de la década surgieron los grupos Flora Tristán, Manuela Ramos, Frente Socialista de Mujeres, Mujeres Autónomas, compuestos por mujeres de clase media que habían sido militantes de los partidos políticos de izquierda. Actualmente la vertiente feminista cuenta con distintos grupos independientes, revistas, periódicos, centro de documentación, servicios de ayuda legal y médica, etc.
Esta vertiente también ha impulsado instituciones y centros feministas (Organizaciones No Gubernamentales, ONG) que han ayudado a desarrollar el movimiento al dinamizar la interacción entre la propuesta feminista y las demás vertientes de acción de mujeres. Asume también proyectos colectivos con organizaciones de mujeres en los barrios marginales, con mujeres rurales y con sectores femeninos en organizaciones mixtas.
En la vertiente popular hay organizaciones de mujeres ligadas a estrategias de subsistencia y solidaridad, las que traslucen, en su accionar, la capacidad organizativa de las mujeres. Estas organizaciones populares de mujeres surgieron en estrecha relación con los programas asistenciales implementados por los sucesivos gobiernos desde la década del 50, forzados a enfrentar la pobreza y la migración urbana.
Desde 1989 el escenario político y económico comenzó a deteriorarse considerablemente. Los sectores populares aceleraron su proceso de pauperización y las instancias de representación política fueron perdiendo legitimidad. Las organizaciones de mujeres fueron afectadas de diversas maneras. A nivel popular, se alteró el procedimiento de las donaciones de alimentos. El Estado, aplicando una política asistencial en extremo para atenuar el impacto de la crisis recurrió a las donaciones de víveres modificando los canales existentes y discriminando a diversas organizaciones. Las dirigencias femeninas se vieron obligadas a cambiar sus relaciones con las instituciones y el Estado. Al tiempo que recibían mayor presión desde las bases para atender sus demandas de subsistencia tenían cada vez menos posibilidades de lograr tales propósitos en las condiciones establecidas. A pesar de ello, las organizaciones han seguido luchando contra el hambre familiar y contra la violencia de Sendero Luminoso que se instaló en los barrios populares de Lima en 1989.
Las sucesivas crisis que han asolado la economía, el sistema político institucional y la vida cotidiana, han tensionado a las organizaciones de mujeres para responder a las urgencias de la sobrevivencia, la defensa de la vida y los derechos humanos y la construcción de una sociedad posible. El movimiento feminista ha ingresado a los espacios tradicionales de la política en un esfuerzo por contribuir más activamente a la solución de la crisis.