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Es sabido que para la población femenina la educación ha presentado históricamente una importancia particular, sobre todo en relación con el ejercicio de varios de sus derechos ciudadanos. Esto hay que recordarlo, porque buena parte de las mujeres peruanas ha estado ausente de los estudios formales o sólo ha transitado por ellos hasta niveles elementales, lo que ha contribuido a mantener su marginación social y aun a legitimar situaciones de exclusión.
La situación educativa ha ido mejorando progresivamente a través de las últimas décadas. Y las mujeres de este país, en varios aspectos -analfabetismo, asistencia a los diferentes niveles del sistema educativo- también han elevado sus estándares en relación a los hombres. Con todo, su situación sigue siendo apreciablemente inferior a la de éstos. Así, Perú es uno de los países latinoamericanos donde las diferencias educativas por sexo son más pronunciadas.
Al respecto, es preciso tener en cuenta que tanto la expansión de los servicios educativos como la incorporación de las mujeres a los mismos se han visto dificultadas por las enormes diferencias regionales entre la Costa, la Sierra y la Selva, que se expresan no sólo en lo geográfico sino también en lo económico, en lo étnico, en lo cultural. Estas diferencias, que obligan a tomar precauciones en la lectura de las cifras referidas a medias nacionales, sólo aparecen parcialmente expresadas en la distinción entre lo rural y lo urbano. Además, las intensas migraciones de la Sierra a las ciudades de la Costa, y muy particularmente hacia Lima -donde los denominados "pueblos jóvenes", las barriadas limeñas, crecieron aceleradamente desde los años cuarenta-, hace que esta ciudad reúna características étnicas, culturales, educativas, etc., típicas de otras regiones del país.
El analfabetismo se ha reducido de forma importante entre 1940 y 1970 y luego moderada pero progresivamente. Sin embargo, su presencia era en 1991 aún elevada y las diferencias por sexo ostensibles: entre los hombres la tasa alcanzaba al 4,1%, mientras en las mujeres se elevaba al 17,4%. Las mujeres analfabetas representaban el 45,6% de la población femenina rural.
La estratificación educativa mantiene un carácter fuertemente piramidal, en la que una ancha base, conformada por prácticamente la mitad de la población, no posee estudios o sólo ha alcanzado algún nivel de la enseñanza primaria. Esta proporción es aún más alta en las mujeres, 52,0%. En el nivel secundario se ubica el 33,3% de la población y en el superior el 16,7%; en ambos, la proporción de mujeres que ha adquirido estos niveles educativos es inferior a la de los hombres: 31,3% en el secundario y 15,3% en el superior.
En general, la participación del Estado ha sido y es fundamental para la educación en la sociedad peruana, pues éste asume la atención del 85% de la educación escolarizada y el 91% de la no escolarizada.
En suma, el sistema educativo peruano ha pasado por un proceso de expansión en los 70 y 80, expresado en el incremento de la matrícula y las tasas de escolaridad en los distintos niveles. Dicha expansión no ha llegado a beneficiar por igual a toda la población, dada la heterogeneidad sociocultural que presentan las diversas regiones, las condiciones económicas de los distintos grupos sociales y particularmente las condiciones de vida y situación de subordinación del género femenino que caracteriza fuertemente a la sociedad peruana.
Además de este cuadro general que revela, pese a los avances, la presencia de importantes problemas educativos básicos, la situación de la mujer muestra aún otra característica, que comparte también con otros países de la región. El tipo de estudios que escogen de preferencia las mujeres que cursan estudios regulares tanto en la enseñanza secundaria diversificada como en la educación superior, pone en evidencia que se mantienen con vigor los estereotipos tradicionales respecto a las carreras o especialidades consideradas como "femeninas".
En cuanto a la participación de las mujeres en las actividades docentes, también se reproduce en Perú la situación de otros países latinoamericanos: una presencia mayoritaria en los niveles preescolar y primario (98,6% y 60,1%, respectivamente), que va disminuyendo en el ciclo medio (46,2%) y se reduce al 2l,7% en la enseñanza universitaria.
Tanto en la sociedad en general como en el sistema educativo, se mantienen y reproducen pautas valóricas y de socialización de la mujer que se modifican sólo lentamente, pese a los cambios sufridos por la sociedad peruana en las últimas décadas. Al parecer, la modernización ha tenido un alcance parcial y segmentario. Aunque las generaciones jóvenes han ido participando de manera creciente en el sistema formal de educación, la reproducción de un conjunto de patrones de carácter tradicional parece dificultar la superación, en un plazo más o menos corto, de la segregación social, ocupacional y cultural que experimentan hoy las mujeres peruanas.