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En Paraguay no existe una tradición de acción organizada de mujeres y lo poco que ha habido permanece oculto por el olvido. La acción femenina ha tenido condicionamientos de todo tipo, los que han impedido que ésta adquiriera la resonancia de otros países. Diversos factores desarticularon sucesivamente los intentos por constituir y expresar intereses específicos de las mujeres. Hasta los años 80 los grupos no habían podido superar las etapas iniciales o permanecían latentes, con manifestaciones esporádicas hasta desaparecer.
A principios de siglo surgieron en el escenario social, en forma aislada, mujeres que cuestionaron o emprendieron iniciativas en pro de la mujer y de una democracia social y política. Entre 1902 y 1904 Ramona Ferreira dirigió el periódico de libre pensamiento "La voz del siglo", desafiando a la sociedad y expresando con fuerza sus ideas. Serafina Dávalos, con veintidós mujeres, intentó en 1904, sin éxito, detener una guerra civil. Siendo la primera egresada universitaria y abogada, se tituló en 1907 con la tesis "Humanismo", donde cuestionaba las bases de la opresión de la mujer. En 1910 participó como delegada oficial del gobierno paraguayo en el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, integró el Tribunal Superior de Justicia y en 1919, junto a Virginia Corvalán y otras mujeres, promovió la creación del Movimiento Feminista de Asunción, coincidiendo con la presentación de un proyecto de ley sobre derechos civiles y políticos de la mujer. En 1925 Virginia Corvalán publicó "El feminismo: la causa de la mujer paraguaya".
La inquietud por la situación femenina en grupos de mujeres de clase media y alta tuvo como resultado la creación, en 1920, del Gimnasio Paraguayo. Ese año funcionó también el Centro Feminista Paraguayo, con el respaldo del diputado Telémaco Silvera, autor del proyecto sobre igualdad política y civil de las mujeres, y en 1929 la Asociación Feminista y un Centro Cultural Femenino.
La guerra del Chaco permitió estructurar ciertas bases organizativas de mujeres, tanto para cuidar a los heridos como para ayudar en la administración pública. Al término de la guerra comenzó su participación en política partidaria. El Partido Revolucionario Febrerista creó entonces la Unión Femenina del Paraguay.
En el ámbito gremial sindical, desde 1901 se movilizaron grupos de trabajadoras y entre 1913 y 1930 crearon gremios y asociaciones. En 1936 se formó el Sindicato de Obreras Domésticas y en 1939 dos mujeres ocuparon puestos importantes en la Central Paraguaya de Trabajadores.
Nuevamente bajo una aguda crisis sociopolítica que terminó con la Revolución del 47, las mujeres se integraron a grupos político-partidarios de oposición. Se organizó el Consejo de Mujeres para defender los derechos violados por la dictadura de Morínigo y en 1946 la Unión Democrática de Mujeres, con mujeres de todos los partidos, trabajó por el retorno de los exiliados. La dictadura terminó con la incipiente organización.
En 1951 surgió la Liga Paraguaya Pro Derechos de la Mujer, que cumplió una importante labor en la modificación de leyes discriminatorias contra la mujer. En 1953 publicó la revista "El Feminista". Ese año se formó la Institución Cultural de Amparo a la Mujer, que apoyó a mujeres de toda condición social con interés en lo cultural y político. Cuando adquirió envergadura y su actividad molestó al régimen, su local fue allanado y clausurado.
No se dieron por vencidas las mujeres que después formaron el Centro Paraguayo de Educación Cívica. A fines de los cincuenta nació el Departamento Femenino en el Partido Liberal, con el objeto de concientizar a las mujeres. En el mismo período se formó el Movimiento Cívico Femenino con mujeres de aquel partido. Por primera vez mujeres del sector político-partidario se organizaban para luchar por sus derechos en un plano de igualdad con los hombres. Mujeres ligadas al Partido Liberal editaron la revista "Cuñataí" durante un año y medio, la que finalmente fue incautada por la policía. En 1961 se promulgó la Ley de Derechos Políticos de la Mujer, que permitió a las paraguayas ejercer el derecho a voto.
En las décadas del 60 y del 70 el mayor activismo de las mujeres urbanas se dio en torno a la defensa y promoción de los derechos humanos, sobre todo en la ayuda a los presos políticos tras la brutal represión al sector campesino. Entre 1970 y 1980 las organizaciones de mujeres vivieron un acentuado estancamiento, más allá de la situación económica favorable que permitió el desarrollo de grupos y sectores sociales.
A partir de 1982 se formaron grupos de mujeres con reivindicaciones de género y por la democracia política y social. Los primeros resultaron precarios y fue una organización de mujeres campesinas la que logró transformarse en un movimiento con mayor estabilidad y presencia: la Coordinación de Mujeres Campesinas, CMC. En 1983 se creó el Centro Paraguayo de Estudios de la Mujer, CEPEM, en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Asunción, UCA, como espacio de investigación de la situación femenina. También en esta década se desarrolló la Asociación de Amas de Casa, al amparo de la Iglesia Católica, con el propósito de fomentar la economía familiar.
La Conferencia de la Mujer en Nairobi en 1985 facilitó una creciente movilización de mujeres en un contexto social, político y económico en franco deterioro, así como la apertura a los procesos vividos por las mujeres en los demás países de la región. Se multiplicaron los movimientos y organizaciones y se fortalecieron los partidos de oposición a la dictadura. Uno de los núcleos más activos fue Mujeres por la Democracia, fundado en 1986. En 1987 más de diez organizaciones convocaron al I Encuentro Nacional de Mujeres bajo el lema "Por nuestra igualdad ante la ley", con el objeto de analizar y modificar el Código Civil en sus aspectos discriminatorios para la mujer. De él surgió la Coordinación de Mujeres del Paraguay, CMP, primera gran experiencia colectiva de las mujeres paraguayas.
El año 1987 fue de gran impulso al movimiento de mujeres, lo que se expresó en encuentros y seminarios sobre la discriminación y alternativas de cambio. Se multiplicaron los estudios sobre la condición femenina en centros académicos y organismos no gubernamentales. En medio de un creciente y extendido malestar se produjo el golpe de estado de febrero de 1989.
Con la apertura política se formaron otras articulaciones, como la Multisectorial de Mujeres y se produjo un reordenamiento de las prioridades de la acción colectiva de las mujeres urbanas. La Multisectorial, en colaboración con las demás organizaciones, elaboró la propuesta de creación de una Secretaría de la Mujer con rango ministerial, aprobada por el Parlamento en 1992. La CMP había presentado en 1989 al Congreso un anteproyecto de modificación parcial del Código Civil, también acogido parcialmente en 1992. Organizaciones de mujeres y feministas buscaron un espacio en la dirigencia de los partidos políticos. La lucha por la igualdad de oportunidades y reivindicaciones de género comenzó a germinar.