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La presencia de las mujeres en la formación y el desarrollo de la sociedad paraguaya es innegable. Ella ha variado de acuerdo a los procesos particulares de esa sociedad, desde la forma que asumió el mestizaje en la sociedad indígena colonial, las guerras contra la Triple Alianza Grande -la Guerra Grande- y del Chaco, en las diferentes crisis y en las últimas décadas bajo un sistema autoritario. Sin embargo, esa participación femenina no es visible en la gran historia.
Habiendo contado con grandes figuras femeninas, pensadoras y luchadoras por los derechos civiles y políticos desde comienzos de siglo, recién desde 1961 las mujeres tuvieron la posibilidad de votar, siendo el último país de la región en reconocer sus derechos ciudadanos. Sin embargo, por sancionarse este derecho bajo la dictadura institucional de Stroessner, no es sino hasta 1989 que pudieron participar en elecciones plenamente competitivas y con mínimas garantías, las que dieron inicio a la transición hacia un régimen democrático.
Los sucesivos intentos de acción colectiva de mujeres a lo largo de las últimas décadas chocaron con los sistemas de control y represión política y social. Sólo a contar de 1982 se van creando grupos más sólidos y desde 1986 se articula progresivamente un movimiento de mujeres. Este adquiere protagonismo en los años siguientes al proponer cambios legislativos, participar al interior de los partidos políticos, elaborar propuestas para la Asamblea Constituyente de 1991 y discutir con miembros del Parlamento la situación de las mujeres y sus necesidades.
El inicio de la transición democrática encuentra a las mujeres paraguayas en un momento de incipientes cambios estructurales. Buena parte de tales cambios ya ocurrieron o se encuentran en una etapa avanzada en la mayoría de los países latinoamericanos. En el caso de Paraguay los procesos de cambio más notables han sucedido fundamentalmente en la capital, Asunción, y en menor medida en el resto de las zonas urbanas, siendo muy poco perceptibles en la casi totalidad de los sectores rurales.
Por ello, las cifras promedio que presenta la población femenina paraguaya indican modificaciones sólo moderadas en el ciclo vital de la mayor parte de esa población: las mujeres son todavía mitad rurales, principalmente jóvenes y tienen más de cuatro hijos en promedio. Paraguay se encuentra iniciando su transición demográfica, lo que significa que aún no ha pasado de la fase inicial de fuerte caída de la fecundidad, como la que ya conoció la gran mayoría de los países latinoamericanos durante las pasadas décadas.
Una proporción creciente de mujeres paraguayas se registra ejerciendo una ocupación económica, aunque las dificultades de información estadística impiden reconocer con precisión su nivel de participación. Por otra parte, las condiciones educativas y sanitarias de dichas mujeres son acentuadamente desiguales. Esas condiciones son bastante próximas a las de los varones entre las mujeres que viven en Asunción y otras zonas urbanas, mientras son notablemente deficitarias -y peores que las de los varones- en la mayoría de las zonas rurales (donde, además, no se recoge información estadística de forma regular y confiable).
Al producirse la apertura del sistema democrático, por primera vez en la historia de Paraguay una mujer ocupó una cartera ministerial. También aumentó el número de mujeres en el Parlamento, se eligieron doce intendentas y un 10,7% de los cargos de concejales titulares fue ocupado por mujeres.
El nuevo Código Electoral, la Constitución Política de 1992, las recientes modificaciones al Código Civil y al Código Penal presagian una efectiva y creciente participación de las mujeres en los ámbitos de decisión, al democratizar el sistema político institucional y consagrar la igualdad jurídica de la mujer con el hombre. Sobresale la creación, mediante ley de la República, de la Secretaría de la Mujer, con rango ministerial, destinada a promover la participación y el protagonismo de las paraguayas, así como a poner en práctica los lineamientos de la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación en Contra de la Mujer.
Esta apertura ha sido acompañada por la acción de las mujeres organizadas, lo que augura una aceleración en el proceso de cambio de las paraguayas, que, aunque pueda presentar ritmos diferentes entre las mujeres de la ciudad y del campo, tenderá a producir una mayor presencia a escala nacional.
El proyecto de investigación Mujeres Latinoamericanas en Cifras fue desarrollado en Paraguay por el Area Mujer del Centro de Documentación y Estudios, CDE. Contó con el aporte de una consultoría para CEPAL, sobre organizaciones de mujeres, realizada por el mismo equipo. Coordinó el proyecto Olga María Zarza y fue su investigadora principal, Susana Villagra. El equipo sufrió la dolorosa pérdida de Susana, fallecida en el transcurso de la recolección de información. Dedicamos este libro a su memoria y a su familia.
La presentación final de resultados, así como el análisis de la información, fueron realizados por la Coordinación Regional del proyecto, atendiendo a las necesidades de comparación y a la realidad del resto de los países de América Latina.