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La situación educativa de las mujeres paraguayas ha mejorado en las últimas décadas, aunque presenta todavía problemas graves, especialmente en los sectores pobres y rurales, donde sus diferencias educacionales con los varonesson más agudas.
Un resumen de esta situación puede apreciarse observando la cantidad de estudios adquiridos de la población paraguaya. La imagen que ofrece este análisis es una de las pirámides socioeducativas más estratificadas de América Latina, constituida por una ancha base (los tres cuartos de la población de 15 y más años) que no ha superado la primaria, con problemas de analfabetismo apreciables (un quinto de esa población); un tronco débil de los que adquirieron enseñanza media (un 18%), y una reducida cúspide de los que llegaron a estudios superiores (un 5%).
La posición de las mujeres en este contexto es peor que la de los hombres, aunque varía apreciablemente según el nivel educativo. En la base del sistema, ellas sufren de problemas más graves: su tasa de analfabetismo es mayor (23,7%, frente al 18,6% de los varones) y todavía en 1982 el bloque de las que no habían superado la primaria era mayor que el de los hombres (75,5% y 72,5% respectivamente). En el tronco, aún presentaban una proporción menor de personas de 15 y más años que habían adquirido estudios secundarios (en 1982, 16,3% frente a 20,0%). Sin embargo, en la cúspide la proporción de mujeres que adquirieron estudios superiores es igual que la de los varones (5,6%), si bien una parte apreciable cursó formación docente, por lo que la cantidad de personas que adquirieron estudios universitarios es menor entre las mujeres que entre los hombres (2,5% y 3,6% respectivamente).
Ciertamente, la dinámica de este proceso se caracteriza por un mejoramiento progresivo de la condición educativa de las paraguayas respecto de sus compatriotas varones. Con el impulso del sistema educativo durante los años setenta y primeros ochenta, las mujeres aumentaron su participación en las matrículas de todos los niveles educativos. De esta forma, a fines de la pasada década eran el 48,3% de la matrícula primaria, habían superado a los varones en la secundaria (50,5%) y se habían aproximado notablemente a la participación masculina en los estudios universitarios (45,3%). Es bastante probable, por tanto, que durante los años noventa suceda en Paraguay lo que ya ocurrió en buena parte de los países latinoamericanos durante los años ochenta: la adquisición de parte de las mujeres de un nivel de estudios formales acabadamente similar al de los hombres.
De hecho, la situación actual en términos comparativos entre ambos géneros no es uniforme. Como ya se ha apuntado, todo indica que las diferencias educativas al interior de la propia población femenina son mayores que en la masculina: las mujeres de los sectores pobres y rurales presentan una situación claramente peor que los varones de esos sectores, mientras que las mujeres de los sectores medios y altos urbanos han adquirido ya una situación bastante paritaria respecto a los hombres de esos mismos grupos sociales.
En efecto, las paraguayas tienen todavía una tasa de escolarización primaria algo inferior a la de los varones, especialmente en el campo, algo que sólo sucede ya en países latinoamericanos que combinan alta ruralidad con serios problemas educativos (Guatemala, Bolivia, Honduras). De hecho, en países de amplia cobertura rural sucede ahora lo inverso: los niños presentan una tasa de escolarización algo menor que las niñas, principalmente porque abandonan la escuela primaria en mayor medida que ellas.
Un dato que podría contrastar con lo anterior es la reciente evolución del analfabetismo, por cuanto este problema ha aumentado entre los varones y disminuido entre las mujeres. Pero ello se refiere, en cuanto al aumento general del analfabetismo, a una forma de registro distinta en el Censo de 1982, y respecto a las diferencias por sexo, no tanto a la cobertura escolar para los niños paraguayos como al mayor abandono escolar masculino y a las deficiencias educativas que arrastra una cantidad importante de los inmigrantes varones que se dirigen a ampliar la frontera agrícola y a las obras de construcción de las centrales hidroeléctricas.
Ahora bien, en los sectores medios y altos urbanos, las mujeres alcanzaron a los varones desde principios de los ochenta en lo que a matrícula de enseñanza media se refiere, sobrepasándolos a fines de la década. Desde esta posición han incrementado fuertemente su participación en la enseñanza superior, universitaria y no universitaria, aunque todavía tienen mayor presencia en esta última. Esta fuerte participación en los estudios universitarios se corresponde con una presencia importante en carreras tradicionalmente masculinas. Las universitarias paraguayas son la mitad de la matrícula en ramas tales como derecho y ciencias sociales, medicina o economía y un tercio de la rama de ciencia y tecnología. Es decir, existe una segmentación importante a la hora de elegir carrera universitaria (las mujeres siguen siendo cerca de un 80% de los estudiantes de filosofía y letras), pero menor que la existente en otros países de mucho mejor situación educativa que Paraguay (un contraste semejante ocurre en otro país con serias deficiencias educativas, Honduras).
Sin embargo, ese crecimiento de la presencia femenina en los niveles medio y universitario todavía no se ha traducido en una participación importante de las mujeres como docentes universitarias, donde eran todavía en torno al 15% del total de profesores en 1987. Aunque no hay información disponible sobre personal docente desagregado por sexo en el resto de los niveles educativos, todo indica que en Paraguay se produce -incluso en forma más acentuada- lo que sucede en toda América Latina: las mujeres son claramente mayoritarias en la base del sistema (casi la totalidad de la enseñanza preprimaria y los tres cuartos de la primaria), paritarias en enseñanza media, y una minoría en la enseñanza universitaria.