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Las mujeres paraguayas, que constituyen la mitad de la población nacional (el 49,4% en 1990), han modificado de forma moderada sus rasgos demográficos en las últimas cuatro décadas. Continúan siendo mayoritariamente rurales, fundamentalmente jóvenes y tienen todavía más de cuatro hijos promedio por cada mujer. Así, puede afirmarse que su ciclo vital ha sufrido modificaciones desde mediados de siglo, pero no de la magnitud que en otros países de la región.
Desde 1950 la población de Paraguay se ha más que triplicado (3,17 veces), pasando de un millón trescientas mil personas ese año a cerca de cuatro millones trescientas mil en 1990. Durante ese período la composición por sexo ha variado leve pero apreciablemente: en 1950 las mujeres eran mayoritarias (50,5%), en 1970 ya eran paritarias (50,0%) y en 1990 eran ligeramente minoritarias (49,4%), como suele suceder en los países de alta ruralidad.
El hecho de que en 1950 hubiera en Paraguay más mujeres que hombres guarda relación con la accidentada historia demográfica del país. Con la guerra de la triple alianza (1864-1870) en la que Paraguay enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay, la población nacional quedó reducida a un tercio: se estima que antes del conflicto había en torno a 800 mil habitantes y al concluir éste unos 240 mil, en su gran mayoría mutilados, mujeres y niños. La recomposición por sexo se vio frenada también por la guerra con Bolivia (1932-1935) y en menor medida por la guerra civil de 1947.
Por el contrario, los procesos migratorios favorecieron el incremento relativo de varones: cuando fueron hacia el exterior participaron más las mujeres y cuando fueron de signo contrario participaron más los hombres. En efecto, entre 1950 y 1975 el país tuvo un saldo emigratorio de 139 mil hombres frente a 149 mil mujeres y entre 1975 y 1990 un saldo inmigratorio de 72 mil hombres y sólo 48 mil mujeres.
El crecimiento demográfico de Paraguay ha mantenido un ritmo elevado en estos últimos cuarenta años, muy próximo al 3% anual (superando esa cifra en determinadas coyunturas), por una razón combinada: cuando entre 1950 y 1975 el país expulsaba población ello era compensado con un ritmo de crecimiento natural (relación entre nacimientos y defunciones) notablemente alto, y cuando ese crecimiento biológico disminuyó -desde 1975- debido a una caída de la natalidad, el signo migratorio cambió, recibiendo Paraguay población extranjera que llegaba a buscar medios de vida en la colonización territorial y en torno a la construcción de las grandes obras hidroeléctricas. El resultado de ese proceso ha sido el mantenimiento de uno de los crecimientos poblacionales más altos de América Latina.
Paraguay se encuentra en los primeros tramos de su transición demográfica, la que en América Latina ha conducido a muchos países a pasar de tener una población joven y de alto crecimiento a otra principalmente madura y de crecimiento reducido, como lo es ya en Uruguay, Argentina y Cuba.
En este proceso transicional, Paraguay junto a los países centroamericanos (excepción hecha de Costa Rica) ha superado la fase en que el crecimiento poblacional sólo era moderado por una alta mortalidad, como todavía sucede en Haití y Bolivia. Pero aún no ha pasado a la fase inicial de gran caída de la fecundidad, como ocurre en los países que representan la situación intermedia latinoamericana: México, Colombia, Brasil, Costa Rica, etc.
Las variaciones en el movimiento poblacional han significado cambios importantes en la composición etaria del país: cuando el crecimiento natural era fuerte aumentó la proporción de los sectores jóvenes (en 1950 un 42,9% de los paraguayos tenía menos de 15 años y en 1970 esa cifra era del 46,5%) y cuando este crecimiento biológico disminuyó -además que los inmigrantes eran mayoritariamente adultos- esa juventud decreció en forma apreciable (en 1990 la proporción de menores de 15 años era del 40,4%).
Tal estructura etaria presenta diferencia entre ambos sexos, como sucede en toda Latinoamérica: el peso de los sectores más jóvenes es mayor en la población masculina y, al contrario, la proporción de personas mayores es más importante en la población femenina. Ello está relacionado con la norma demográfica de que nacen más hombres que mujeres pero también mueren antes que éstas.
Aunque en los últimos cuarenta años ha tenido lugar un movimiento migratorio interno hacia las ciudades, la población paraguaya continúa siendo mayoritariamente rural: en 1990 el 52,6% de los paraguayos vivía aún en zonas rurales. Ese movimiento migratorio es mucho menor que los sucedidos en otros países latinoamericanos, entre otras razones porque buena parte de las migraciones internas en Paraguay se dirigen hacia las zonas de colonización agrícola y las regiones donde se construyen las grandes centrales hidroeléctricas. Las mujeres residen más en las zonas urbanas que los hombres: en 1990 el 48,9% de la población femenina residía en las ciudades, mientras lo hacía el 46,0% de los hombres.
En Paraguay la raza blanca constituye una minoría. El resto de la población es mestiza e indígena. No obstante, la población que en Paraguay se considera propiamente indígena es también una reducida minoría: según el Censo Indígena de 1981 esa población era de 38.703 personas, es decir, en torno al 1,3% de la población nacional. Ahora bien, el hecho de que el uso de la lengua nativa, el guaraní, continúe siendo muy extendido (el 40% de los paraguayos habla sólo esa lengua, y el 50% es bilingüe), y el mantenimiento de la alta ruralidad en el país, son elementos que hacen pensar que buena parte de la población rural que habla guaraní sería tendencialmente indígena o al menos de un mestizaje donde el peso del factor indígena es muy considerable.
A pesar de que el Censo de 1982 publicó que sólo un 9,6% de la población vivía en hogares nucleares, diversos medios de encuesta señalan que la proporción de ese tipo de hogares es en Paraguay bastante más alta. La Encuesta de Demografía y Salud de 1990, no obstante no registra la tipología convencional, está indicando que la proporción de hogares nucleares no es inferior al 40%. La Encuesta de Hogares para el Area Metropolitana indica que los hogares nucleares eran en 1990 en torno al 55% en dicho área. (Sobre el análisis del Censo de 1982 ver el capítulo Observaciones Metodológicas). En torno al 18% de los hogares paraguayos está dirigido por una mujer, aunque se estima que esa cifra sería más elevada si no se produjeran problemas de registro y declaración de orden cultural, según los cuales la idea de jefatura se asocia con el género masculino.