MUJERES EN NICARAGUA

Desde sus orígenes, el desarrollo de la sociedad nicaragüense ha contado con el aporte de las mujeres en sus diferentes ámbitos: económico, político, social, cultural. Sin embargo, esa contribución sólo se ha puesto de manifiesto en determinados momentos, quedando por lo regular considerablemente velada. La presencia de las mujeres siempre fue mucho mayor en la base del sistema social que en las cúspides políticas e institucionales.

Por otra parte, la condición de las mujeres ha sufrido modificaciones en relación con la accidentada historia de Nicaragua. Una historia marcada por dos claves interconectadas: la dificultad interna -referida a las diferencias sociales y la tendencia a la violencia- para establecer un sistema estable sobre bases democráticas y la serie de intervenciones extranjeras motivada por su posición estratégica en el istmo centroamericano, incluyendo la posibilidad existente durante mucho tiempo de construir en su territorio un canal interoceánico.

Tras el intento nacionalista impulsado por el General Sandino, la crisis nicaragüense provocó el establecimiento de una dictadura familiar (de los Somoza) que gobernó el país entre 1933 y 1979, año en que fue desalojada del poder por una revolución armada. Estos acontecimientos y los que les sucedieron han producido un fuerte impacto en la vida de las mujeres, modificando sensiblemente la visibilidad de su presencia en el acontecer nacional.

Su participación en la lucha por derrocar la dictadura de los Somoza y el aumento notable de su presencia durante el intenso proceso sociopolítico de los años ochenta, si bien no cambió por completo la tendencia histórica de su reducida presencia en los espacios de toma de decisión, significó un salto cualitativo respecto de la situación de las nicaragüenses hasta los años setenta.

Las mujeres, que representan sobre la mitad (52%) de la población total de Nicaragua, han modificado de manera moderada sus características demográficas en las últimas décadas. Ya son mayoritariamente urbanas, pero continúan mostrando una estructura por edad bastante joven y el promedio de hijos tenidos durante su vida fértil continúa siendo alto. Hay que señalar, sin embargo, que la caída del ritmo del crecimiento de la población nicaragüense, así como sus cambios de estructura, se han visto acelerados por las condiciones político-militares de los últimos quinquenios.

Uno de los cambios importantes que introdujo esa crisis fue la fuerte aceleración de la tendencia a una mayor participación económica femenina, especialmente en términos comparativos con el varón, dado que una alta proporción de los hombres jóvenes se incorporaron a las filas militares. Desde mediados de los años ochenta se registra que las mujeres son más de un tercio de la fuerza laboral del país. Aunque ese aumento de la participación femenina ha significado que las mujeres accedan a profesiones tradicionalmente consideradas como masculinas, todavía se concentran principalmente en los servicios personales o como empleadas de oficina, teniendo una baja participación en el sector productivo. El hecho de que el fin de la contienda militar no haya traído la esperada recuperación económica, ha implicado, como muestran los últimos datos, el estancamiento del aumento de la participación femenina en un mercado de trabajo que se estrecha justo cuando regresan al mismo los varones desmovilizados.

Las políticas educativas de los ochenta produjeron cambios importantes para la población en general, pero en particular para los sectores menos favorecidos hasta entonces, como la población de bajos ingresos, la población rural y la población femenina. Las mujeres han constituido en los últimos quinquenios más de la mitad de la matrícula primaria y secundaria, teniendo, en relación a los hombres, un mejor rendimiento y un menor abandono escolar. Se ha observado también un aumento de la matrícula femenina en la educación superior y nuevas orientaciones profesionales. A pesar de esto, el nivel de analfabetismo femenino continúa siendo relativamente alto, especialmente entre las mujeres mayores de cuarenta años.

La situación de salud de las mujeres nicaragüenses ha venido evolucionando lentamente con muchos altibajos, ligados a las condiciones del nivel de vida general de la población. El aumento de cobertura del Sistema Nacional de Salud durante los años ochenta se vio afectado fuertemente primero por la guerra y luego por la crisis económica que todavía vive el país. De esta forma, han reaparecido problemas que Nicaragua había conseguido superar hacia mediados de la década pasada.

La participación femenina en los niveles decisorios de los poderes del Estado ha crecido a un ritmo muy moderado. En el Poder Ejecutivo se destaca que, en 1990, fue elegida la primera mujer Presidenta de Nicaragua, aunque la participación femenina en el gabinete es aún muy baja. En la Asamblea Nacional parece existir un techo en la participación femenina (del 20%) que las mujeres no logran superar, entre otras razones, por la competencia masculina al interior de los partidos. En el Poder Judicial la presencia femenina es más importante y su incorporación fue la más temprana. No obstante, la participación femenina se halla muy estratificada, siendo su proporción muy baja en las Cortes de Apelaciones y Suprema.

Estos contrastes son denunciados por las mujeres, cuyas organizaciones se desarrollaron notablemente desde los años setenta. Durante los ochenta, la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinosa (AMNLAE) impulsó el mejoramiento de la situación de las mujeres en el contexto de cambios políticos. Desde principio de los años noventa su importancia relativa ha disminuido, al tiempo que el número de organizaciones ha crecido considerablemente.

El proyecto Mujeres Latinoamericanas en Cifras fue desarrollado en Nicaragua tomando en consideración los resultados de la investigación precedente "Mujeres Centroamericanas", realizada por Ana Isabel García y Enrique Gomáriz. También se ha utilizado el documento preparatorio para la VI Conferencia Regional de América Latina y el Caribe sobre la Mujer, preparado por el Instituto Nicaragüense de la Mujer (INIM).